ENTRE TONOS DE GRIS

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De “Guía de lectura Maeva” elaborada por IÑAKI  MENDOZA  GURREA

SINOPSIS

Junio de 1941, Kaunas, Lituania. Lina tiene quince años y está preparando su ingreso en una escuela de arte. Tiene por delante todo lo que el verano le puede ofrecer a una chica de su edad. Pero de repente, una noche, su plácida vida y la de su familia se hace añicos cuando la policía secreta soviética irrumpe en su casa llevándosela en camisón junto con su madre y su hermano. Su padre, un profesor universitario, desaparece a partir de ese día. A través de una voz narrativa sobria y poderosa, Lina relata el largo y arduo viaje que emprenden, junto a otros deportados lituanos, hasta los campos de trabajo de Siberia. Su única vía de escape es un cuaderno de dibujo donde plasma su experiencia, con la determinación de hacer llegar a su padre mensajes para que sepa que siguen vivos. También su amor por Andrius, un chico al que apenas conoce pero a quien, como muy pronto se dará cuenta, no quiere perder, le infunde esperanzas para seguir adelante. Este es tan solo el inicio de un largo viaje que Lina y su familia tendrán que superar valiéndose de su increíble fuerza y voluntad por mantener su dignidad. ¿Pero es suficiente la esperanza para mantenerlos vivos?

EL CONTEXTO HISTÓRICO

[…] El resultado de este régimen de terror fue un partido totalmente sumiso a la persona de Stalin, un Estado bajo su completo control personal y una población soviética paralizada por el miedo a manifestar cualquier discrepancia incluso ante sus allegados por miedo a ser delatados.

El instrumento esencial para el control fue el NKVD o Comisariado para los Asuntos Interiores, creado en 1934 como heredero de la Cheka y la OGPU, órganos que se habían formado tras la revolución para garantizar el control del orden revolucionario en todos los niveles de la sociedad soviética. El NKVD funcionaba como una auténtica policía secreta y sus servicios de información eran capaces de infiltrarse en cualquier ámbito. Sus cometidos eran, por tanto, la vigilancia política, la seguridad interna del país y el control de la inmensa red de campos de trabajo y de castigo establecidos por todo el territorio soviético.

El NKVD existió formalmente hasta que en 1946 fue integrado con otros organismos dentro de una estructura mayor, conocida como el KGB, que se fundó en 1954 y cuyos cometidos no solo abarcaban la seguridad interna en la URSS, sino también un servicio de inteligencia en el exterior que llevaba a cabo labores de espionaje en las potencias occidentales en medio de un clima de rivalidad característico de la guerra fría.

La política exterior de Stalin se rigió por criterios de pragmatismo en los que el dictador anteponía sus ambiciosos intereses expansionistas; ello le llevó a firmar con el régimen nazi de Hitler, teóricamente su adversario ideológico más encarnizado, el famoso Pacto Germano-Soviético firmado en Moscú en agosto de 1939 por Ribbentrop y Molotov, ministros de Asuntos Exteriores de ambos países respectivamente. En este acuerdo entre las dos dictaduras, ambos renunciaban formalmente a la agresión mutua, pero escondían unas terribles cláusulas secretas por las que los soviéticos permitían a los alemanes la conquista de la parte occidental de Polonia y los alemanes, a su vez, dejaban manos libres a Stalin para extenderse por la zona oriental de Polonia y la conquista de Finlandia, así como de  los Estados bálticos de Estonia, Letonia y Lituania.

Este fue el detonante del estallido de la Segunda Guerra Mundial. A las pocas semanas del acuerdo, los alemanes invadirían su parte acordada de Polonia y los soviéticos harían lo propio en su zona establecida.

La ocupación soviética de Lituania tuvo lugar el 14 de junio de 1940, y el 3 de agosto, este pequeño Estado del Báltico quedó formalmente integrado en la URSS.

Los soviéticos querían neutralizar cualquier resistencia a la ocupación y por ello se aseguraron de anular a colectivos que podían ser especialmente críticos con ella, como es el caso de los intelectuales lituanos, perfil al que pertenece la familia protagonista de la novela. Comenzó una deportación masiva de lituanos, finlandeses, letones  y polacos, entre otros grupos, que fueron arrancados violentamente de sus hogares y enviados a los confines más alejados e incomunicados del imperio soviético.

Cuando en el verano de 1941, Hitler llevó a cabo su ataque a la Unión Soviética, uno de los primeros territorios en ser invadido por las divisiones alemanas hacia el norte fue Lituania. Tampoco correría mejor suerte la población civil, ahora en manos del régimen nazi, que aplicó una política de masacre racial contra judíos lituanos.

Lituania estuvo ocupada por los alemanes hasta 1944, año en que fue reconquistada por los soviéticos que, aliados con las potencias occidentales, vencieron en la Segunda Guerra Mundial. Stalin se presentaba ahora ante el mundo como un «héroe» de la que la propaganda soviética denominó la «gran guerra patriótica contra el fascismo», pero pocas esperanzas de libertad les quedaban a todos los territorios que habían sido liberados por el Ejército Rojo, ya que las conferencias interaliadas que cerraron la guerra consagraron una situación en la que la zona oriental de Europa y los territorios del Báltico quedaban sometidos a la órbita soviética y, por tanto, a la órbita de Stalin. Por eso, la suerte de miles de lituanos deportados a los confines de Siberia nada cambió con la llegada de la paz.

El sistema de concentración soviético: el Gulag

El término «Gulag» es un acrónimo de las palabras rusas Glávnoie Upravleine Lagueréi, es decir, Dirección General de los Campos. Aunque este organismo fue creado formalmente en 1930 bajo el régimen de Stalin, ya desde los años veinte se fue tejiendo toda una red de campos y colonias penitenciarias que se extendía desde los confines más septentrionales de Europa hasta los de Asia. El sistema de campos se mantuvo, de hecho, hasta los años ochenta del siglo XX, aunque fue en tiempos de Stalin cuando adquirió sus más terribles dimensiones.

A partir de la invasión soviética de los territorios y durante la Segunda Guerra Mundial, los ciudadanos de los países bálticos, finlandeses y polacos fueron objeto de la deportación a la red de campos del Gulag. Su «delito» consistía simplemente en pertenecer a una nación sospechosa de antisocialismo y, por tanto, no es de extrañar que las deportaciones afectaran por igual a hombres, mujeres, ancianos y niños.

El NKVD, dirigido durante estos años por Laurentii Beria, burócrata allegado a Stalin y el segundo hombre más temido en la URSS durante este período, determinaba el número de personas que se debía detener e indicaba los grupos sociales o las minorías nacionales que debían ser depuradas.

Es cierto que el régimen del Gulag no tenía como fin inmediato el exterminio sistemático de todos estos grupos, en contraste con los campos de exterminio establecidos por los nazis en Polonia. En realidad, el sistema soviético necesitaba de toda esta gente como mano de obra esclava en tierras, minas, construcciones de asentamientos, obras faraónicas de ingeniería civil y militar, etcétera.

Pero las terribles condiciones a las que eran sometidos hacían muy difícil su supervivencia, tal y como se aprecia en la lectura de la novela. Entre las causas generales del alto índice de mortalidad en el «archipélago Gulag» (en palabras de A. Solzhenitsyn) figuraba la extrema dureza del clima ártico. En este sentido, fue conocida una norma establecida por el responsable de los campos de Kolymá, E.Berzin, de que solo se suspendería el trabajo en las minas a cielo abierto si el termómetro descendía de los cincuenta grados bajo cero.

También, sin duda, el régimen de alimentación cercano a la hambruna, figuraba como otra causa importante. Las raciones de los prisioneros dependían habitualmente del trabajo realizado, siendo enormemente escasas para el esfuerzo que conllevaba, pero en ocasiones su cantidad y calidad dependía de la voluntad arbitraria de los guardianes del NKVD, quienes castigaban caprichosamente a cualquier víctima por el motivo más nimio. No era, por tanto, extraña, la aparición de enfermedades derivadas de la subalimentación como el escorbuto o la disentería.

La falta de higiene y la ausencia de cualquier cuidado médico también provocaban la aparición de piojos, que podían ser portadores de enfermedades como el tifus, muy común en cualquier campo de concentración donde la población se hacinaba en condiciones infrahumanas.

Los agentes del NKVD y, por extensión, el sistema estalinista eran conscientes de estas condiciones y sabían muy bien que el mantenimiento de los presos en los límites de la subsistencia neutralizaba o al menos dificultaba mucho cualquier tentativa de resistencia y que, al despojarles de cualquier modo de vida medianamente digno, las víctimas entrarían no solo en la dinámica del trabajo esclavo, sino también en el sometimiento a los comportamientos corruptos de los guardianes.

                 

 

CUESTIONARIO PRIMERA PARTE:  “LADRONES Y PROSTITUTAS”

Las visiones retrospectivas de Lina nos dan a conocer su inquietud por la obra de Munch y su visión desgarradora de la existencia, especialmente en su obra El grito, imagen que estará presente en la mente de Lina, cuyo talento artístico fue descubierto por su profesora.

Hijo de un médico de enfermos pobres, Munch vio morir de tisis a su madre y a su hermana mayor cuando tenía catorce años. “La enfermedad, la locura y la muerte eran los ángeles negros que vigilaban mi cuna”, escribió.

El pintor decía de sí mismo que, del mismo modo que Leonardo da Vinci había estudiado la anatomía humana y diseccionado cuerpos, él intentaba diseccionar almas.

“Iba por la calle con dos amigos cuando el sol se puso. De repente, el cielo se tornó rojo sangre y percibí un estremecimiento de tristeza. Un dolor desgarrador en el pecho. Me detuve; me apoyé en la barandilla, preso de una fatiga mortal. Lenguas de fuego como sangre cubrían el fiordo negro y azulado y la ciudad. Mis amigos siguieron andando y yo me quedé allí, temblando de miedo. Y oí que un grito interminable atravesaba la naturaleza.”

El grito refleja sus propios temores y tormentos. Su fuerza expresiva se debe en gran medida a las técnicas y efectos pictóricos empleados, la estridencia del colorido y la sinuosidad de las líneas.

Se expresa la soledad del ser humano y su pesimismo frente las adversidades. El grito de terror trae consigo la tensión y el pánico interior que destruyen la anatomía. Los rasgos de rostro desaparecen bajo el gesto. No hay nada de realismo, se representa el interior y no el exterior.

La figura del primer plano aprieta las manos contra la cara como signo de angustia y desesperación, mientras que en segundo plano aparecen otras personas frías y distantes como queriendo significar que el prójimo no nos ayuda en los momentos de desconsuelo.

El paisaje participa en ese malestar. El cielo encendido y los torbellinos parecen envolver amenazadoramente a la persona que grita. Los colores cálidos y fríos no están compensados, su efecto es agresivo, ofreciendo una imagen angustiada de la realidad y del mundo interior. (ArtEEspaña)

CUESTIONARIO DE LA SEGUNDA PARTE: “MAPAS Y SERPIENTES”

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UNA NACIÓN DE ESCLAVOS

[…] Entre 1929, cuando los campos de prisioneros por primera vez se volvieron un fenómeno masivo, y 1953, el año de la muerte de Stalin, cerca de 18 millones de personas pasaron por el sistema. Adicionalmente, unos 6 o 7 millones de personas fueron deportados a pueblos en el exilio. El número total de personas con alguna experiencia de encarcelamiento y trabajo forzado en la Unión Soviética estalinista pudo haber estado cerca de los 25 millones, o cerca del 15 por ciento de la población.

También sabemos dónde estaban los campos de concentración –concretamente, en todas partes. Aunque todos estamos familiarizados con la imagen del prisionero en una tormenta de nieve, excavando carbón con un pico, existieron campos de concentración en el centro de Moscú en los que los prisioneros construían bloques de apartamentos o diseñaban aviones, campos de concentración en Krasnoyarsk donde los prisioneros dirigían plantas de energía nuclear, campos de pesca en la costa Pacífica. De Aktyubinsk a Yakutsk, no había un solo centro de gran población que no tuviera uno o varios campos de concentración locales y no existió una sola industria que no empleara prisioneros. Por años, los prisioneros construyeron caminos, ferrocarriles, plantas de energía y fábricas químicas. Fabricaron armas, muebles, repuestos para máquinas e, incluso, juguetes para niños. Anne Applebaum, Gulag: a History.

“Los que sobrevivieron pasaron entre diez y quince años en Siberia. Cuando regresaron a sus casas, a mediados de la década de 1950, los lituanos se encontraron con que los soviéticos habían ocupado sus casas, estaban disfrutando de todas sus pertenencias y hasta habían adoptado sus nombres y apellidos. Lo perdieron todo. A los deportados que regresaron los trataron como a criminales. Se les obligó a vivir en áreas restringidas, bajo la vigilancia constante de la KGB, antes llamado el NKVD. Si hablaban de su experiencia, eran castigados con la cárcel o deportados de nuevo a Siberia, inmediatamente. De resultas de ello, tuvieron que callar los horrores que habían vivido, y esa experiencia se convirtió en un horrible secreto compartido por millones de personas.”  Ruta Sepetys, Entre tonos de gris.

CUESTIONARIO DE LA TERCERA PARTE: “HIELO Y CENIZAS”

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                                                     Edvard Munch – “Cenizas” (1894)

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