Preciso tiempo. Necesito ese tiempo

que otros dejan abandonado,

porque les sobra o ya no saben

que hacer con él.

 

Tiempo en blanco,

en rojo, en verde,

hasta en castaño oscuro,

no me importa el color.

 

Cándido tiempo

que yo pueda abrir

y cerrar como una puerta.

 

Tiempo para mirar un árbol, un farol,

para andar por el filo del descanso,

para pensar qué bien hoy es invierno,

para morir un poco y nacer enseguida,

y para darme cuenta,

y para darme cuerda.

 

Preciso tiempo el necesario para

chapotear unas horas en la vida,

y para investigar por qué estoy triste

y acostumbrarme a mi esqueleto antiguo.

 

Tiempo para esconderme

en el canto de un gallo

y para reaparecer

en un relincho,

y para estar al día,

para estar a la noche.

 

Tiempo sin recato y sin reloj,

vale decir preciso,

o sea necesito,

digamos me hace falta,

tiempo sin tiempo.

 

“Mai” Ánchel Conte

Mai, mira-me as mans,                  
las trayo buedas,
lasas d’amar…
Son dos alas
d’un biello pardal
que no puede
sisquiera bolar.

Mai, mira-me os güellos,
n’o zielo perdius
n’un fondo silenzio…
Son dos purnas
chitadas d’o fuego
que no alumbran
ni matan o chelo.

Mai, mira-me l’alma
aflamada de sete,
enxuta d’asperanza…
Ye un campo labrau
an no i crexen que allagas
que punchan a bida
dica que la matan.

Mai, mira-me á yo.
¿Me reconoxes, mai?
Fue o tuyo ninón…
Güei só un ombre
que no sé como só.
Mai, ¿me reconoxes?
¡¡MAI, ¿ni sisquiera tú?!!   

Madre, mírame las manos,
las traigo vacías,
faltas de amar…
Son dos alas
de un viejo gorrión
que no puede
ni siquiera volar.

Madre, mírame los ojos,
en el cielo perdidos
en un hondo silencio…
Son dos chispas
arrojadas del fuego
que no alumbran
ni matan el hielo.

Madre, mírame el alma
agostada de sed,
seca de esperanza…
Es un campo labrado
donde sólo crecen aliagas
que pinchan la vida
hasta matarla.

Madre, mírame a mí.
¿Me reconoces madre?
Fui tu niño…
Hoy soy un hombre
que no sé como soy.
Madre, ¿me reconoces?
¡¡MADRE, ¿ni siquiera tú?!!

Cuando paso por tu puerta, Miguel Hernández

Cuando paso por tu puerta,
la tarde que viene a herir
con su hermosura desierta
que no acaba de morir.

 

Tu puerta no tiene casa
ni calle: tiene un camino,
por donde la tarde pasa
como un agua sin destino.

 

Tu puerta tiene una llave
que para todos rechina.
En la tarde hermosa y grave,
ni una sola golondrina.

 

Hierbas en tu puerta crecen
de ser tan poco pisada.
Todas las cosas padecen
sobre la tarde abrasada.

 

La piel de tu puerta, ¿encierra
un lecho que compartir?
La tarde no encuentra tierra
donde ponerse a morir.

 

Lleno de un siglo de ocasos
de una tarde azul de abierta,
hundo en tu puerta mis pasos
y no sales a tu puerta.

 

En tu puerta no hay ventana
por donde poderte hablar.
Tarde, hermosura lejana
que nunca pude lograr.

 

Y la tarde azul corona
tu puerta gris de vacía.
Y la noche se amontona
sin esperanzas de día.

Milonga de los morenos, Jorge Luis Borges

Alta la voz y animosa
como si cantara flor,
hoy, caballeros, le canto
a la gente de color.

Marfil negro los llamaban
los ingleses y holandeses
que aquí los desembarcaron
al cabo de largos meses.

En el barrio de Retiro
hubo mercado de esclavos;
de buena disposición
y muchos salieron bravos.

De su tierra de leones
se olvidaron como niños
y aquí los aquerenciaron
la costumbre y los cariños.

Cuando la patria nació
una mañana de Mayo,
el gaucho sólo sabía
hacer la guerra a caballo.

Alguien pensó que los negros
no eran ni zurdos ni ajenos
y se formó el Regimiento
de Pardos y de Morenos.

El sufrido regimiento
que llevó el número seis
y del que dijo Ascasubi:
“Más bravo que gallo inglés”.

Y así fue que en la otra banda
esa morenada, al grito
de Soler, atropelló
en la carga del Cerrito.

Martín Fierro mató a un negro
y es casi como si hubiera
matado a todos. Sé de uno
que murió por la bandera.

De tarde en tarde en el Sur
me mira un rostro moreno,
trabajado por los años
y a la vez triste y sereno.

¿A qué cielo de tambores
y siestas largas se han ido?
Se los ha llevado el tiempo,
el tiempo, que es el olvido.