“El viaje definitivo”, Juan Ramón Jiménez. Comentario de texto

 

… Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
cantando;
y se quedará mi huerto, con su verde árbol,
y con su pozo blanco.

Todas las tardes, el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado,
mi espíritu errará nostáljico…

Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido…
Y se quedarán los pájaros cantando.

 

COMENTARIO DE TEXTO

Juan Ramón Jiménez: vida, obra y muerte de un Nobel de Literatura

Juan Ramón Jiménez (1881-1958) nació en Moguer (Huelva). En 1900 se trasladó a Madrid, donde entró en contacto con la nueva sensibilidad modernista, al tiempo que se acentuaba su carácter enfermizo y neurótico. La muerte de su padre le sumió en una profunda depresión, que le obligó a recluirse en un sanatorio largas temporadas para curar su salud mental. Aislado del mundillo literario, vive luego recluido en su casa, entregado obsesivamente a la creación poética, en una labor prolífica que le llevó  a escribir varios miles de poemas, reunidos en unas decenas de libros, que obsesivamente retocaba, en busca de la inalcanzable perfección poética.

Zenobia-y-Juan-Ramón-recién-casadosEl 1917 se casa en Nueva York con Zenobia Camprubí, mujer que le dio su aliento generoso en la organización de su vida cotidiana y en la elaboración de su poesía. El matrimonio regresó a Madrid, donde vivió hasta 1936, convirtiéndose Juan Ramón en el modelo de una nueva sensibilidad poética que cristalizaría en la Generación del 27.

Al comienzo de la guerra civil se exilió a América: pasó tres años en Cuba y más de una década en Estados Unidos, donde continuó su labor creadora e impartió cursos en diversas universidades. Los últimos años vivió en Puerto Rico, donde recibió el Premio Nobel, en 1956, año también de la muerte de su mujer, hecho que le sumió en una crisis de angustia y desvalimiento, hasta su muerte, en 1958.

La inmensa obra de Juan Ramón Jiménez, continuamente reelaborada o “revivida”, en una búsqueda obsesiva de la perfección poética como “expresión de lo inefable”, sigue un largo proceso de condensación que la lleva del romanticismo de inspiración becqueriana a la poesía pura. El propio Juan Ramón insinuó la existencia de tres fases en su trayectoria poética.

En la época sensitiva, hasta 1916, domina la sensualidad, la búsqueda de la belleza a través de su reflejo en el mundo sensible, en un intento de fundirse con la naturaleza. En esta fase se mezclan las influencias modernistas de Rubén Darío y de los simbolistas franceses con un tono intimista, de raíces becquerianas, en que domina la melancolía y la visión afectiva y sentimental de la naturaleza vestida de los ropajes de otoño o del crepúsculo, de un colorido nada estridente, que indica ya una clara preocupación por la pureza lírica, despojada de excesos ornamentales y rítmicos. De esta época son, entre otro libros, Arias Tristes (1903) y La Soledad sonora (1911).

Viene una esencia triste de jazmines con luna

y el llanto de una música romántica y lejana…

De las estrellas baja, dolientemente, una

brisa con los colores nuevos de la mañana…

Espectral, amarillo, doloroso y fragante,

por la niebla de la avenida voy perdido,

mustio de la armonía, roto de lo distante,

muerto entre los rosales pálidos del olvido…

Y aún la luna platea las frondas de la tibieza

cuando ya el día rosa viene por los jardines,

anegando en sus lumbres esta vaga tristeza

con música, con llanto, con brisa y con jazmines.

(En este poema, perteneciente al libro La soledad Sonora, se aúnan el mundo sensorial de inspiración modernista y una melancolía de tono intimista, de origen romántico.)

 La época intelectual o de la poesía pura, hasta 1936, en que la poesía se desnuda en busca de la forma rigurosa y exacta y de la realidad esencial, abstracta, sin anécdotas, en que los colores se difuminan y brilla intensamente la luz. Se trata de un afán obsesivo por crear una realidad a partir de la palabra: la expresión se adelgaza. Los recursos expresivos se estiliza, el lenguaje se reduce a la sencillez de la palabra justa que expresa la esencia de las cosas, con una sensación de plenitud en que se funden la naturaleza, la poesía y el afán de eternidad. Esta etapa arranca con Diario de un poeta reciencasado (1917), libro en el que canta de una manera alborozada su amor por Zenobia, su viaje de ida y vuelta a Nueva York y su descubrimiento de América, con una estética novedosa en que domina el verso blanco, la mezcla de verso y prosa, los tonos irracionales, etc. La poesía pura alcanza su plenitud en  libros como Eternidades (1918), La estación total (1936) dedicados a la “inmensa minoría”.

La época suficiente, a partir de 1936, la ocupa una poesía metafísica, en la que se produce la identificación entre la belleza como principio creador del mundo y el espíritu poético de Juan Ramón, que también, como un dios, recrea una realidad que es reflejo de la creación divina. Así se funden la poesía y la belleza en una conciencia única, que está la mismo tiempo dentro (dios deseante) y fuera del poeta (dios deseado), en una continua confrontación creadora. De esta época son Animal de fondo y Dios deseado y deseante. (Fuente:Octaedro)

juan-ramon-jimenezENLACES DE INTERÉS:

Comentario de algunos textos de Juan Ramón Jiménez:

http://elpuig.xeill.net/Members/fgallar3/poemas/Comentarios/juan-ramon-jimenez

 

Centro Virtual Cervantes:

http://cvc.cervantes.es/literatura/escritores/jrj/default.htm

 

Juan Ramón Jiménez: Rosas de cada día

      

 

 

        Rosas de cada día

Nacía, gris, la luna, y Beethoven lloraba,
bajo la mano blanca, en el piano de ella.
En la estancia sin luz, ella, mientras tocaba,
morena de la luna, parecía más bella.

Teníamos los dos desangradas las flores
del corazón, y acaso llorábamos sin vernos.
Cada nota encendía una herida de amores…
-el dulce piano intentaba comprendernos-.

Por el balcón abierto a brumas estrelladas
venía un viento triste de mundos invisibles.
Ella me preguntaba de cosas ignoradas
y yo le respondía de cosas imposibles.

                                           Juan Ramón Jiménez

WEB  de la Junta de Andalucíax1525gd

Poemas de Juan Ramón Jiménez cantados por Paco Damas.