Cantares, Antonio Machado

Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre el mar.

Nunca persequí la gloria,
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles,
como pompas de jabón.

Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse…

Nunca perseguí la gloria.

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.

Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino
sino estelas en la mar…

Hace algún tiempo en ese lugar
donde hoy los bosques se visten de espinos
se oyó la voz de un poeta gritar
“Caminante no hay camino,
se hace camino al andar…”

Golpe a golpe, verso a verso…

Murió el poeta lejos del hogar.
Le cubre el polvo de un país vecino.
Al alejarse le vieron llorar.
“Caminante no hay camino,
se hace camino al andar…”

Golpe a golpe, verso a verso…

Cuando el jilguero no puede cantar.
Cuando el poeta es un peregrino,
cuando de nada nos sirve rezar.
“Caminante no hay camino,
se hace camino al andar…”

Golpe a golpe, verso a verso.

“Guiomar” (Pilar de Valderrama) fue el amor secreto de Antonio Machado

Pilar de Valderrama (Madrid 1892-1979). En noviembre de 1981 salió a la luz  Sí, soy Guiomar. Memorias de mi vida, obra póstuma de Pilar de Valderrama, más conocida por ser la musa y el amor oculto, durante años, del gran poeta Antonio Machado. Además de desvelar importantes datos personales de su biografía —su encuentro con Machado en Segovia, en 1928— Valderrama recoge en sus memorias algunos de los principales acontecimientos culturales de las cuatro primeras décadas del siglo xx en España, entre los que destaca su activa participación en la creación del teatro de cámara Fantasio. La obra cuenta con la valiosa inclusión de 36 cartas dirigidas a Valderrama por Antonio Machado, elegidas por la poeta, de entre las muchas recibidas durante los ocho años que ambos mantuvieron correspondencia.

Nacida en Madrid en 1892, Pilar de Valderrama tuvo una esmerada educación, que incluyó la música, la literatura francesa e italiana y numerosos viajes por Europa, todo lo cual incidió en su temperamento poético y melancólico —más vulnerable al sufrimiento— asegura ella en sus memorias. En 1923 publica La piedras de Horeb, su primer libro de poesía, al que siguen Huerto cerrado (1928), Esencias (1930), Holocausto (1939) y una antología recopilatoria: Obra poética (1959). Fue, precisamente en 1928, en un período en el que Pilar pasaba por una profunda depresión tras haberle confesado su esposo —el intelectual y empresario teatral Rafael Martínez Romarete— sus continuas infidelidades, cuando conoce a Antonio Machado y se inicia entre ellos una fructífera y romántica amistad. Pilar confiesa que se citaban en Madrid un par de veces por semana, y declara:

En estas entrevistas apenas me hablaba de su afecto por mí; una especie de timidez o temor se lo impedía. Fue en sus cartas, llenas de ternura, donde su alma se vertía por entero. Él me las enviaba semanalmente a casa de María de Estremera donde yo las recogía. Algunas —pocas— las mandó a  otra amiga, Hortensia, de mi mayor confianza. Las mías iban unas veces a Segovia y otras a Madrid, a la calle General Arrando, 4.

 Así quedó sellada un amistad singular —en palabras de la autora— pues ella no podía ofrecerle otra cosa «por fidelidad a mis creencias, a mis hijos y a mí misma». Lo cierto es que Machado, a pesar de la tortura que le suponía este amor frustrado, compartió algunos de sus proyectos teatrales y poéticos con Pilar y ella, a su vez, contó con el poeta para la publicación  de sus poemarios  y la instalación, en su propia casa, del teatro de cámara Fantasio, uno de los más conocidos de la escena madrileña en 1930. Se inauguró con la obra infantil de Jacinto Benavente El príncipe que todo lo aprendió en los libros y contó con el apoyo de la intelectualidad madrileña de estos años. Con la llegada de la República la familia se instala en Portugal, aunque Pilar regresa en 1937 para quedarse en su finca de Palencia. Aquí supo por la radio, de la muerte de Antonio Machado en Colliure: «Qué inmenso dolor, qué profunda amargura me invadió, qué hondo desaliento… Lloré silenciosamente experimentando un tremendo desamparo». La guerra marcó definitivamente la vida de esta mujer que pasó sus últimos años en Madrid, rodeada de su familia y amigos, escribiendo poesía y releyendo las amorosas cartas del poeta. Cuando en 1975 Pilar de Valderrama daba fin a sus memorias, señalaba explícitamente su deseo de dejar constancia con sus propias palabras de que ella era la auténtica Guiomar, musa y amor oculto de Antonio Machado.

 Por Concepción Bados Ciria

(http://cvc.cervantes.es/el_rinconete/anteriores/abril_09/17042009_02.asp)

El crimen fue en Granada (Antonio Machado, 1937)

Publicado  en 1937, en la revista Ayuda, sobre el fusilamiento de Federico García Lorca
            I  EL CRIMEN
Se le vio, caminando entre fusiles,
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estrellas, de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos no osó mirarle la cara.
Todos cerraron los ojos;
rezaron: ¡ni Dios te salva!
Muerto cayó Federico
-sangre en la frente y plomo en las entrañas-.
...Que fue en Granada el crimen
sabed -¡pobre Granada-, en su Granada...

            II EL POETA Y LA MUERTE
Se le vio caminar sólo con Ella,
sin miedo a su guadaña.
-Ya el sol en torre y torre; los martillos
en yunque y yunque de las fraguas.
Hablaba Federico,
requebrando a la muerte. Ella escuchaba.
"Porque ayer en mi verso, compañera,
sonaba el golpe de tus secas palmas,
y diste el hielo a mi cantar,
y el filo a mi tragedia de tu hoz de plata,
te cantaré la carne que no tienes,
los ojos que te faltan,
tus cabellos que el viento sacudía,
los rojos labios donde te besaban...
Hoy como ayer, gitana, muerte mía,
qué bien contigo a solas,
por estos aires de Granada, ¡mi Granada!"

            III
Se le vio caminar...
            Labrad amigos,
de piedra y sueño, en la Alhambra,
un túmulo al poeta,
sobre una fuente donde llore el agua,
y eternamente diga:
el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!