Curiosidades sobre Rubén Darío

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“El viaje definitivo”, Juan Ramón Jiménez. Comentario de texto

 

… Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
cantando;
y se quedará mi huerto, con su verde árbol,
y con su pozo blanco.

Todas las tardes, el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado,
mi espíritu errará nostáljico…

Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido…
Y se quedarán los pájaros cantando.

 

COMENTARIO DE TEXTO

SCHOPENHAUER Y GENERACIÓN DEL 98

geneLa reflexión intelectual sobre los grandes temas que preocupan al hombre – el paso del tiempo, el sentido de la vida, el misterio de la muerte, el valor de las creencias religiosas- conduce a la Generación del 98, directamente, a la filosofía. 

Sus miembros leían, no por pura curiosidad intelectual, sino con la esperanza de que en alguna parte, tropezarían con un pensador que los colocaría en el camino de las certidumbres. Desde este punto de vista, lo que la Genenarión de 1898 encontró en la filosofía fue desastrosamente negativo. El pensamiento católico ortodoxo, aun cuando los noventayochistas lo hubieran examinado con seriedad, estaba en plena decadencia; por otra parte, la tradición germánica les enfrentaba al pesimismo sistemático de Shopenhauer quien iba a convertirse en la más indicutible influencia filosófica de la generación.

“A los pocos días de frecuentar el hospital, Andrés se inclinaba a creer que el pesimismo de Schopenhauer era una verdad casi matemática” (El árbol de la ciencia, Pio Baroja)

En los años 90, al tumulto de influencias, se añaden Marx y los teóricos anarquistas, especialmente Kropotkin. Nietzsche, cuya influencia especialmente en Baroja, Azorín y Maeztu debe colocarse en segundo lugar, inmediatamente después de la de Shopenhauer, no fue conocido en España hasta comienzos del nuevo siglo, lo mismo que Bergson.

Lo que pronto descubrió el resto de la Generación fue que, del mismo modo que los escritores filosóficos de la Ilustración habían corroído las bases de la confianza religiosa en el siglo XVIII, la reciente filosofía crítica quebraba los cimientos del absoluto racional. Los logros de la ciencia parecían ofrecer alguna esperanza, que, sin embargo, quedaba matizada por el hecho de que ni los científicos ni los profetas de la mejora social eran capaces de aportar respuestas convincentes a las preguntas más fundamentales sobre el destino del hombre.

Su meta era práctica: hallar una base para la acción. Lo que buscaban era asegurarse de la existencia de un criterio universal de juicio, inmutable, de algún tipo de absoluto ético. Con esta finalidad, adoptaron una actitud hacia la literatura muy distinta de la de los modernistas. El escribir no tenía que ver ante todo con la creación o expresión de la belleza, sino que era un método de investigar la situación existencial del hombre, un medio de acceder a la verdad, con resultados potencialmente válidos. Los noventayochistas no intentaron tanto reflejar o embellecer la realidad, sino explorarla, con la esperanza de iluminar algún recodo que supusiera una respuesta a sus problemas.

(Fuente: Donald Shaw)

NIETZSCHE Y GENERACIÓN DEL 98, Carlos Martínez Cava

Dentro del pensamiento y mitología de la Generación del 98 existe una Figura cuya importancia e influencia ha sido de notabilísima importancia, pues introdujo su savia en todas las plumas. Hablamos de Federico Nietzsche.

El genial pensador alemán pertrechó de nervio y de vida a los intelectuales de aquel momento, frente a la laxitud y desidia del pueblo ante uno de los eternos problemas patrios: la corrupción.
Esa corrupción administrativa que parece perseguir la historia de España fue muy acentuada en los finales del pasado siglo; ello produjo en la Generación del 98 un inequívoco desdén hacia la clase política que Azorín, en “La Voluntad”, expuso brillantemente:

“No hay cosa más abyecta que un político: un político es un hombre que se mueve mecánicamente, que pronuncia inconscientemente discursos, que hace promesas sin saber que las hace, que estrecha manos a personas a quienes no conoce, que sonríe siempre con una estúpida sonrisa automática…”

Este desdén por la Política, que con frecuencia se extendía al mismo sistema democrático, es en realidad un rechazo al ambiente de ramplonería y penuria espiritual que ven a su alrededor, traducido frecuentemente en un “cambio de valores” que nos recuerda el postulado nietzscheano de la “transmutación de los valores.”

Nietzsche es, con su filosofía, la más profunda inspiración de la Generación del 98. De él heredaron algunos de los temas que van a constituir referencias constantes y reiteradas de su producción literaria:
— El Eterno Retorno.
— Su actitud religiosa ante el Cristianismo.
— La valoración de la Vida y de la Voluntad frente a la Razón y la Ciencia.
— Sus criterios estéticos y sociales.
— Su Moral de la Fuerza.
— Su defensa y exaltación de la Guerra.
— La predilección por el Super-Hombre, ya sea bajo la figura ganivetiana de Pío Cid, el Cristo-Quijote de Unamuno, el “Caballero de la Hispanidad” de Maeztu, o el César Moncada de Baroja.
Pero será en Pío Baroja donde el pensamiento y la concepción del mundo del pensador alemán arraigue con más fuerza. En 1901 le conoció personalmente, y de sus conversaciones con él, en el Monasterio de El Paular, surgió la novela “Camino de perfección”.

De la obra de Baroja surge un torrente de Fuerza y de Vida que exalta el ánimo del lector que queda inmerso en la luz nórdica que emanan sus pensamientos:

“En el fondo no hay más que un remedio, y un remedio individual: la acción. La acción es todo, la vida, el placer. Convertir la vida estática en vida dinámica; éste es el problema. La lucha siempre, hasta el último momento.”

Es en “César o Nada” donde resume su idea de regeneración patria:

“Este brío español que en sus dos impulsos, espiritual y material, dio nuestro país a la Iglesia —institución no sólo extraña, sino contraria a nosotros—, debía intentar España hoy en beneficio de sí misma. La obra de España debería ser el organizar el individualismo extrarreligioso.
Somos individualistas; por eso, más que una organización democrática, federalista, necesitamos una disciplina férrea de militares.

Planteada esa disciplina, debíamos propagarla por los países afines, sobre todo por Africa. La democracia, la República, el Socialismo, en el fondo no tienen raíz en nuestra tierra. Familias, pueblos, clases se pueden reunir con un pacto; hombres aislados, como somos nosotros, no se reúnen más que por la disciplina.

Además, nosotros no reconocemos prestigios, ni aceptamos con gusto ni rey, ni gran sacerdote, ni gran mago.Lo único que nos convendría es tener un Jefe…para tener el gusto de devorarlo.”

Baroja vió la Cultura como una GUERRA contra la decadencia y la debilidad burguesa. En sus “Divagaciones sobre la cultura” (1920) llega a escribir:

“Los españoles hemos sido grandes en otra época, amamantados por la guerra, por el peligro y por la acción; hoy no lo somos. Mientras no tengamos más ideal que el de una pobre tranquilidad burguesa, seremos insignificantes y mezquinos.

Hay que atraer el rayo, si el rayo purifica; hay que atraer la guerra, el peligro, la acción, y llevarlos a la cultura y a la vida moderna.”

El carácter nietzscheano de Baroja se dibuja con claridad en “Paradox, Rey”:

“La moralidad no es más que la máscara con que se disfraza la debilidad de los instintos. Hombres y pueblos son inmorales cuando son fuertes.”

Otro autor del 98 marcadamente influido por el pensador alemán es Azorín, que desde posturas anarco-libertarias abogó por la desaparición del capitalismo. De ahí evolucionaría a un individualismo favorable a las soluciones políticas de fortaleza histórica.

La corrupción y la decadencia españolas aumentaron esa influencia de Nietzsche, y provocaron, como ha estudiado González Sobejano (6), alegaciones de Fe:

“Fe en la autoridad enérgica y unificadora, contrapuesta al caciquismo y a los desordenes del sistema parlamentario; Fe antigua en Azorín y aumentada al contacto con Nietzsche, en cuyas ideas, con mayor o menor margen de error, hubieran de ver muchos españoles un incentivo para su ideal político.”

Otro español del 98 profundamente influido por Nietzsche es Ramiro de Maeztu. Pero, en general, en todos ellos, hay que señalar la significativa evolución que experimentaron sus pensamientos políticos. La mayoría apuestan de inicio, por el socialismo o por el anarquismo, en su peculiar versión ibérica. Y van evolucionando hacia caminos de fuerte individualismo, aumentando su Fe en soluciones enérgicas, pero sin olvidarse, en ningún momento, de la preocupación social.

(Fuente: http://carlosmartinez-cava.com/)

Juan Ramón Jiménez: vida, obra y muerte de un Nobel de Literatura

Juan Ramón Jiménez (1881-1958) nació en Moguer (Huelva). En 1900 se trasladó a Madrid, donde entró en contacto con la nueva sensibilidad modernista, al tiempo que se acentuaba su carácter enfermizo y neurótico. La muerte de su padre le sumió en una profunda depresión, que le obligó a recluirse en un sanatorio largas temporadas para curar su salud mental. Aislado del mundillo literario, vive luego recluido en su casa, entregado obsesivamente a la creación poética, en una labor prolífica que le llevó  a escribir varios miles de poemas, reunidos en unas decenas de libros, que obsesivamente retocaba, en busca de la inalcanzable perfección poética.

Zenobia-y-Juan-Ramón-recién-casadosEl 1917 se casa en Nueva York con Zenobia Camprubí, mujer que le dio su aliento generoso en la organización de su vida cotidiana y en la elaboración de su poesía. El matrimonio regresó a Madrid, donde vivió hasta 1936, convirtiéndose Juan Ramón en el modelo de una nueva sensibilidad poética que cristalizaría en la Generación del 27.

Al comienzo de la guerra civil se exilió a América: pasó tres años en Cuba y más de una década en Estados Unidos, donde continuó su labor creadora e impartió cursos en diversas universidades. Los últimos años vivió en Puerto Rico, donde recibió el Premio Nobel, en 1956, año también de la muerte de su mujer, hecho que le sumió en una crisis de angustia y desvalimiento, hasta su muerte, en 1958.

La inmensa obra de Juan Ramón Jiménez, continuamente reelaborada o “revivida”, en una búsqueda obsesiva de la perfección poética como “expresión de lo inefable”, sigue un largo proceso de condensación que la lleva del romanticismo de inspiración becqueriana a la poesía pura. El propio Juan Ramón insinuó la existencia de tres fases en su trayectoria poética.

En la época sensitiva, hasta 1916, domina la sensualidad, la búsqueda de la belleza a través de su reflejo en el mundo sensible, en un intento de fundirse con la naturaleza. En esta fase se mezclan las influencias modernistas de Rubén Darío y de los simbolistas franceses con un tono intimista, de raíces becquerianas, en que domina la melancolía y la visión afectiva y sentimental de la naturaleza vestida de los ropajes de otoño o del crepúsculo, de un colorido nada estridente, que indica ya una clara preocupación por la pureza lírica, despojada de excesos ornamentales y rítmicos. De esta época son, entre otro libros, Arias Tristes (1903) y La Soledad sonora (1911).

Viene una esencia triste de jazmines con luna

y el llanto de una música romántica y lejana…

De las estrellas baja, dolientemente, una

brisa con los colores nuevos de la mañana…

Espectral, amarillo, doloroso y fragante,

por la niebla de la avenida voy perdido,

mustio de la armonía, roto de lo distante,

muerto entre los rosales pálidos del olvido…

Y aún la luna platea las frondas de la tibieza

cuando ya el día rosa viene por los jardines,

anegando en sus lumbres esta vaga tristeza

con música, con llanto, con brisa y con jazmines.

(En este poema, perteneciente al libro La soledad Sonora, se aúnan el mundo sensorial de inspiración modernista y una melancolía de tono intimista, de origen romántico.)

 La época intelectual o de la poesía pura, hasta 1936, en que la poesía se desnuda en busca de la forma rigurosa y exacta y de la realidad esencial, abstracta, sin anécdotas, en que los colores se difuminan y brilla intensamente la luz. Se trata de un afán obsesivo por crear una realidad a partir de la palabra: la expresión se adelgaza. Los recursos expresivos se estiliza, el lenguaje se reduce a la sencillez de la palabra justa que expresa la esencia de las cosas, con una sensación de plenitud en que se funden la naturaleza, la poesía y el afán de eternidad. Esta etapa arranca con Diario de un poeta reciencasado (1917), libro en el que canta de una manera alborozada su amor por Zenobia, su viaje de ida y vuelta a Nueva York y su descubrimiento de América, con una estética novedosa en que domina el verso blanco, la mezcla de verso y prosa, los tonos irracionales, etc. La poesía pura alcanza su plenitud en  libros como Eternidades (1918), La estación total (1936) dedicados a la “inmensa minoría”.

La época suficiente, a partir de 1936, la ocupa una poesía metafísica, en la que se produce la identificación entre la belleza como principio creador del mundo y el espíritu poético de Juan Ramón, que también, como un dios, recrea una realidad que es reflejo de la creación divina. Así se funden la poesía y la belleza en una conciencia única, que está la mismo tiempo dentro (dios deseante) y fuera del poeta (dios deseado), en una continua confrontación creadora. De esta época son Animal de fondo y Dios deseado y deseante. (Fuente:Octaedro)

juan-ramon-jimenezENLACES DE INTERÉS:

Comentario de algunos textos de Juan Ramón Jiménez:

http://elpuig.xeill.net/Members/fgallar3/poemas/Comentarios/juan-ramon-jimenez

 

Centro Virtual Cervantes:

http://cvc.cervantes.es/literatura/escritores/jrj/default.htm