Rainer Maria Rilke: último poema (1926)

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La figura máxima de la lírica germánica moderna es Rainer Maria Rilke (1875-1926).  El 15 de diciembre de 1926 Rilke escribió una carta, a lápiz, con letra aún firme, a Rudolf Kassner en la que decía : “He caído enfermo de una manera miserable e infinitamente dolorosa. Una alteración poco conocida de las células de la sangre es la causa de los fenómenos más crueles, que se diseminan por todo el cuerpo. Y yo, que nunca fui capaz de mirarlo cara a cara, aprendo a vivir con un dolor inconmensurable, humildemente enfermo …”

También a mediados de mes, Rilke escribió su último poema. Lo hizo a mano, con letra clara, a lápiz, en el cuaderno que siempre llevaba consigo:

Ven, tú, el último, a quien reconozco,

dolor incurable que se adentra en la carne:

igual que yo ardía en el espíritu, mira:

ardo ahora en ti; la leña ha resistido

largamente la llama que encendías,

pero ahora te alimento, y en ti ardo.

Mi calma se hace furia en tu furia, se hace infierno,

subo a la confusa cima del dolor,

sabiendo que nada del futuro valdrá

para mi corazón. Que guardaré en silencio

todo lo que ha atesorado. ¿Soy yo aún

quien arde, ya irreconocible?

No puedo adentrarme en los recuerdos.

Oh vida, vida: tendría que estar fuera.

Pero estoy dentro, en llamas. Ya nadie me conoce.

Fuente: Antonio Pau, Vida de Rainer Maria Rilke, La belleza y el espanto (pág. 451), ed. Trotta.

La novela realista en Francia: Stendhal, Balzac y Flaubert

STENDHAL (1783-1842) . – Pseudónimo de Henry Beyle, la vida de Stehndhal en palabras de José María Valverde, podría ser la de un personaje suyo. Siguió a Napoleón en su campaña rusa, fascinado por esa figura que sirve de emblema a toda su obra. Sus protagonistas tienen mucho de jóvenes Napoleones soñando con el dominio del mundo desde la oscuridad del teniente en guarniciones de provincias. Un dominio que se pretende únicamente para después despreciarlo mejor. De estilo lacónico, exacto y despectivo, es famosa su afirmación de que leía todas las mañanas una página del Código Civil antes de ponerse al trabajo, para tener un modelo de claridad expresiva. No se trata sólo de una actitud estética, lo que busca Stendhal es la realidad sobria y sin ilusiones, ante todo en sí mismo [ “Trato de arrancar de mi alma por completo las falsas pasiones. Llamo falsas pasiones a las que nos prometen una felicidad que no encontramos cuando llegamos a ello”]. Sus dos novelas importantes son El rojo y el negro (1831) y La cartuja de Parma (1839). El “rojo” sería el símbolo de las armas a que se hubiera dedicado el joven plebeyo Julien Sorel si las circunstancias se lo permitieran: el “negro” es el de la sotana que debe disponerse a vestir como único camino de abrirse paso en la vida. El argumento de la novela, un suceso de gacetilla de periódico, se convierte en manos de Stendhal en la tragedia de la ambición del espíritu que ansía dominar a la sociedad que desprecia, sólo por el gusto de comprobar su superioridad. En La cartuja de Parma se suceden sin ligazón una serie de pasajes que tienen como hilo conductor a un ambicioso protagonista que sirve como símbolo narrativo del propio Stendhal.

BALZAC (1799-1850).- Trabajador infatigable, excesivo en todo, Balzac se propuso, según sus propias palabras “hacerle la competencia al registro civil” con la creación de más de 2.500 personajes en un proyecto inacabado que titularía La comedia humana y que debía comprender 137 novelas agrupadas en ciclos. De filiación napoleónica, en principio su posición era tradicionalista y jerárquica. Son bien conocidas sus relaciones con la burguesía y la aristocracia de la época y su matrimonio un mes antes de morir con la condesa Eveline Hanska con la cual había mantenido una larga relación. El resultado de sus narraciones es, no obstante, progresista, pues resalta las consecuencias del capitalismo mostrando simpatía por los rebeldes y desarraigados. La ambición de “expresar su siglo” se compagina en Balzac con una conciencia de sociólogo que le lleva a ser un infatigable explicador aficionado hasta el exceso a interpretarlo todo. Este afán explicativo produce, en opinión de José María Valverde, un grave problema de estilo: es frecuente ver fotografiada en los manuales históricos una galerada de imprenta de Balzac totalmente corregida y desmontada por las modificaciones del autor.

No debe olvidarse tampoco que Balzac escribía acuciado por las deudas y que era habitual que vendiera, cobrara y diera título a obras que ni siquiera había empezado a escribir. Stefan Zweig atribuye a esta circunstancia la mayor parte de los errores de estilo de Balzac en su magnífica biografía del autor. Del mismo modo lo vieron contemporáneos como Baudelaire quien dijo que el único defecto que podía atribuírsele al gran historiador Balzac era que su “mal método de trabajo” producía un estilo difuso y atropellado que daba un tono de borrador a su obra. Flaubert, desde su torre de marfil de corrector incansable, dejó caer sobre Balzac un juicio demoledor al considerarlo “un inmenso buen hombre de segunda fila”. La variedad de ambientes, tipos y planteamientos en las obras de Balzac es mucho mayor de lo acostumbrado en esa época, pero la novela típicamente balzaquiana es la novela psicológico-social, centrada en uno o dos caracteres, sobre un fondo absolutamente real. Así, por ejemplo, Grandeza y decadencia de César Birotteau, es una verdadera épica del tendero, que sale poco a poco de su quiebra, con ayuda del dependiente cojito enamorado de su hija, para terminar rehabilitándose y pagando sus deudas en la misma hora de su muerte. En Eugénie Grandet el conflicto sentimental, con el fracaso de la solterona, no es más que un fondo tras la figura del avaro construida con un gran realismo. Papá Goriot llega a alcanzar un tono trágico dentro de su ambiente realista al retratar a un viejo absorbido por el amor de sus hijas, que, elevadas en la sociedad, no le hacen caso, y al fin recurren a él sólo para sus trampas, dejándole morir abandonado.

madameFLAUBERT (1821-1880).- Gustave Flaubert introduce un cambio sutil pero profundo en la novelística francesa del siglo XIX: sus temas, en ocasiones, son los mismo que los de Balzac, pero su posición es fría, dirigiendo su crítica no tanto a las estructuras sociales cuanto al individuo mismo. Flaubert es un naturalista impasible, que describe sus mundos con la inexorable minuciosidad del arte por el arte. Esta posición estetizante a ultranza, que aparece en aquella época en Inglaterra y Francia, afirma no interesarse más que por la belleza de la imaginación y la exactitud de la expresión, manteniendo estricta neutralidad ante los motivos humanos que representa. Es fama que Flaubert escribía muy despacio, corrigiendo sin cesar; tanto más meticuloso cuanto más vulgar y corriente era el tema que tenía entre manos. Eso es lo que se observa en su más famosa novela: Madame Bovary (1857), trabajada durante seis años. A primera vista, se trata sólo de un “cuadro de costumbres”: en el fondo es una amarga sátira contra los sueños románticos. Emma Bovary es una provinciana con la cabeza llena de viento, que ha leído poco y mal, pero lo bastante para sentirse “incomprendida” y despreciar al buen burgués de su marido, terminando por caer en lamentables amoríos que ella se esfuerza por poetizar, pero que terminan por imponer su vulgaridad. Emma acabará envenenándose con arsénico y muriendo en una agonía tan minuciosa y exactamente descrita que el propio autor sintió en su propio cuerpo los síntomas mientras escribía. En opinión de José María Valverde, la protagonista aparece un tanto “vista desde fuera” sin la sumersión entusiástica de la que Balzac nos hace participar de la interioridad de sus personajes. A Flaubert le interesa como “caso”, no por su humanidad íntegra. Madame Bovary, a su aparición, había sido objeto de un proceso judicial por inmoralidad, en que, sin embargo, podemos sospechar que lo que había escandalizado a la sociedad no era la crudeza de alguna situación, sino el tono despectivo de la vivisección de la mente burguesa. Tras dedicar cinco años a Salammbô, historia de amor y de guerra en Cartago, Flaubert vuelve a su realidad circundante para trazar un agudo estudio psicológico en La educación sentimental (1869). Si bien Flaubert parece humanizarse más en alguna obra menor , su tendencia prevalente es siempre la de observar con impasibilidad secretamente satírica el esencial ridículo de la humanidad, acentuándolo con la misma fuerza de su estilo.

La novela realista: génesis y evolución

Hacia 1830 puede empezar a hablarse ya, en la Francia de Luís Felipe, de un modelo cultural realista, si bien en pugna con el que es todavía el modelo cultural dominante: el romántico. El realismo, como modelo cultural, surge a partir de una serie de condicionamientos tanto ideológicos como literarios.

 • Así, cabría hablar, de un lado, del cambio revolucionario experimentado por una sociedad en la que una clase social, la burguesía, ha arrancado el poder de manos de otra y se ha instalado en él, convirtiendo en dominante el modelo de producción capitalista.

 • Desde otro punto de vista, el modelo cultural realista se impone en íntima conexión con con la fatiga a la que ha conducido el largo proceso revolucionario y con el desencanto por sus resultados. Este poso de desengaño es ya patente en los autores románticos que lucharon a lo largo de este proceso, pero se acentúa mucho más en los autores realistas. El desengaño se convierte en una fuente de realismo y “las ilusiones perdidas” en leit-motiv de la literatura de la época.

• Desde un punto de vista estrictamente literario puede decirse que que la evolución interna del romanticismo conduce, en su última fase, al realismo. Novelas como Los miserables de Víctor Hugo o buena parte de las novelas históricas de Walter Scott coinciden, en último término, con muchos aspectos de “la novela social” o el cuadro de costumbres que se desarrollará posteriormente. El romanticismo pasa de la evasión del presente en el tiempo (Edad Media) o el espacio (culturas exóticas) a la autoexigencia de análisis de la propia historia y el propio presente.

Una vez impuesto como modelo cultural el realismo, en ningún otro género se manifiesta como en la novela. Románticos y realistas tienen en común esta sensación de que el mundo escapa a la voluntad del hombre y lo domina pero se diferenciaron por su modo de encararse a este problema. Los románticos se sustrajeron refugiándose en su interioridad y el recuerdo histórico mientras que los realistas comprendieron el enfrentamiento individuo-realidad pero lo encararon para conocer las causas. Así aparece ese anhelo de observación del cambio social y de los procesos psicológicos individuales y el profundo análisis de sus relaciones que los realistas llevan a cabo. De este anhelo de analizar, de llegar al por qué, surgirá el carácter cientifista del realismo. Para la novela realista todo obedece a un encadenamiento de causas y efectos ya sean circunstancias físicas y fisiológicas, procesos psíquicos o sociales.

 La comedia humana de Balzac es un ensayo de aplicación del modo de ser zoológico a la sociedad humana; la palabra favorita de Flaubert es “disecar” (en una caricatura de la época aparece en una mesa de disección teniendo en la mano izquierda, sujeto a un cuchillo de disección, el corazón sangrante de Emma Bovary y una lupa en la mano derecha) y Zola pretende hacer sociología. Si el enfrentamiento individuo-realidad estructura la novela del amplio periodo realista, la respuesta al conflicto variará con las distintas fases del movimiento.

• Para la generación de 1830, esto es, la primera generación realista, la respuesta es la necesaria integración del individuo en la sociedad, aún a costa de la renuncia a la satisfacción de sus más puros e íntimos objetivos. Esto es lo que hace posible, pese a su actitud crítica, la integración en el marco de la ideología burguesa de escritores como Balzac. En la suerte del protagonista de Piel de zapa encontramos la misma conclusión: aquel que se aleja de los modelos sociales de vivir, quien se independiza a sí mismo en pacto con extrañas fuerzas sobrenaturales -la piel de zapa no es sino el símbolo del satanismo romántico del yo- se condena a sí mismo al más atroz de los sufrimientos: la estéril soledad. De acuerdo con este planteamiento hay que situar la gran novela rusa del XIX, en especial a Tolstoi y Dostoyevski que encarnan en los protagonistas de novelas como Crimen y castigo, Los hermanos Karamazov, Guerra y paz o Anna Karenina la lucha del individuo problemático contra la realidad, y su final integración en ella, o bien su autodestrucción. Según este planteamiento la lucha no debe conducir a romper los vínculos sociales; más allá de éstos no existe sino la anarquía, la locura, el suicidio o el crimen. Tampoco, sin embargo la vida debe transcurrir como plena aceptación de una realidad esencialmente deteriorada y corrompida: entre el conformismo de Ivan Ilich y la rebeldía apasionada y ciega de Anna Karenina, Tolstoi busca el penoso equilibrio de Pierre Bersukhov en Guerra y Paz.

 

• A partir de 1848 los planteamientos en Francia varían produciéndose una progresiva desvinculación entre el realismo como método de expresión literaria y la burguesía, clase social de la que era expresión. La burguesía ya no puede permitirse el lujo de una autocrítica a fondo que ponga en la picota los valores fundamentales sobre los que se edifica la sociedad del capitalismo liberal. La denuncia de sus injusticias, sus egoísmos y sus contradicciones internas recae ahora en la conciencia de un enemigo cada vez más peligroso y organizado: el proletariado. En el giro que supone el paso del realismo al naturalismo confluyen una serie de circunstancias que tienen como nota común la ruptura de la identificación entre novela “realista” en sentido amplio y novela burguesa. Entre ellas cabe destacar la pérdida de función social del escritor moderno que, si bien en el periodo “ilustrado” y prerromántico había llegado a alcanzar una dignidad de sacerdote, una vez sujeto al modo de producción capitalista se ve cada vez más relegado por las clases dominantes a un papel de mero reproductor ideológico. El distanciamiento del realismo de la ideología burguesa es más visible en pintura que en literatura. Courbet, etiquetado como ”revolucionario peligroso” a partir de 1848, identifica verdad social y artística, arte y política, realismo y socialismo. Su Entierro en Ornans, provocó un gran escándalo en el Salón de 1850, por el feísmo y vulgaridad de sus personajes. Se aplica un formato grande, académico, a una representación de un tema cotidiano: un entierro de pueblo, en el que conviven burgueses y campesinos; el tratamiento es sobrio y sencillo. Su fuerte realismo, vinculado con las ideas socialistas, hacen de ella una pintura revolucionaria.

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Fuente: Juan de Oleza

Esperando a Godot, Samuel Beckett – Descarga pdf

Esperando a Godot (en francés: En attendant Godot), es una obra perteneciente al teatro del absurdo, escrita a finales de los años 40 por Samuel Beckett y publicada en 1952 .

La obra se divide en dos actos, y en ambos aparecen dos vagabundos llamados Vladimir y Estragon que esperan en vano junto a un camino a un tal Godot, con quien (quizás) tienen alguna cita. El público nunca llega a saber quién es Godot, o qué tipo de asunto han de tratar con él. En cada acto, aparecen el cruel Pozzo y su esclavo Lucky (en inglés, afortunado), seguidos de un muchacho que hace llegar el mensaje a Vladimir y Estragon de que Godot no vendrá hoy, “pero mañana seguro que sí”.

Esta trama, que intencionalmente no tiene ningún hecho relevante y es altamente repetitiva, simboliza el tedio y la carencia de significado de la vida humana, tema recurrente del existencialismo. Una interpretación extendida del misteriosamente ausente Godot es que representa a Dios (en inglés: God), aunque Beckett siempre negó esto  afirmando que derivaba de godillot, que en jerga francesa significa bota. El título podría entonces sugerir que los personajes están “esperando a la bota”.

 

   Becket, Samuel – Esperando a Godot

Bases del romanticismo europeo

“El romanticismo es una revolución artística tan grave y trascendental que sobrepuja al mismo renacimiento” ha dicho Julio Cejador en su Historia de la literatura y la lengua castellana. En efecto el romanticismo es no sólo una revolución artística,  sino también política, social  e  ideológica tan importante y duradera que todavía hoy se viven muchos de sus principios: la libertad, el individualismo, la democracia, el idealismo social, el nacionalismo, la sensibilidad particular de las emociones.

Como toda revolución, como todo movimiento vasto histórico, el romanticismo se presenta como un complejísimo fenómeno imposible de abarcar en una definición.

Hay, no obstante, una serie de acontecimientos decisivos a lo largo del siglo XVIII, sobre todo entre 1770 y 1800, que cambian radicalmente el signo de la sociedad y la cultura occidental. Cabría decir, acudiendo a un desgastado tópico, que entre esas fechas Europa se acostó absolutista y neoclásica y se levantó demócrata y romántica. El cambio se gestó principalmente en Alemania e Inglaterra, pero con aportaciones considerables de Estados Unidos y Francia. Hay que constatar que España, si se exceptúa quizá la especial contribución de Goya (1746-1828) , no ayudó en nada a la transformación en curso. Se limitó a aceptarla con más o menos entusiasmo.

En política cabe señalar tres grandes revoluciones que representan el origen de un nuevo orden social. Con ellas la Libertad reemplaza a la Tiranía, el Poder Absoluto se ve limitado por un cuerpo de derechos colectivos e individuales, la Democracia se erige en ideal de gobierno.

Al amparo de la monarquía constitucional inglesa, la revolución industrial (1760-1840) altera la relación de capital y producción, expande el comercio, favorece el auge de la burguesía y, en definitiva, sienta las bases del liberalismo.

En Estados Unidos, la revolución americana con su Declaración de Independencia(1776) hace de los derechos del hombre su eje cardinal y, al establecer como forma de estado una república demócrata, demuestra la capacidad gobernante del pueblo, fuente exclusiva del poder.

Frente al carácter pacífico y continuista de ambas, la revolución francesa (1789), sangrienta y demoledora, afirma la libertad, la igualdad y la fraternidad, vengando con la muerte de Luis XVI los abusos de los Borbones. Pero eso mismo revela el peligro del populacho, como entonces se llamó, y provoca una reacción conservadora que durante muchos años obligaría a la búsqueda de un equilibrio entre los excesos de los de abajo y de los de arriba, de un justo medio. Sin embargo, nada sería como antes.

Paralelamente en el orden cultural, un grupo de filósofos y de escritores minan el imperio absoluto de la Razón, de las Reglas, del Clasicismo, ampliando enormemente el abanico de la realidad.  El suizo Jean Jacques Rousseau (1712-1778),  con un puñado de obras  fundamentales como El contrato social o Las confesiones, aporta una nueva actitud ante la sociedad y el individuo, defiende la bondad de éste y la maldad de aquella, propugna el desarrollo de la potencialidad de cada personalidad, despliega un nuevo sentimiento ante el amor y la naturaleza, se atreve incluso a revelar los más íntimos secretos del yo. Su influencia fue enorme en la modelación de una nueva sensibilidad.

En Alemania, Immanuel Kant (1724-1804) acentúa el idealismo al hacer depender en su Crítica de la razón pura (1781) el conocimiento y la visión de la realidad de unas categorías mentales innatas. Al mismo tiempo en Crítica de la razón práctica (1788) abre la puerta al irracionalismo admitiendo fenómenos racionalmente indemostrables como la existencia de Dios.

Entre tanto, la literatura y la cultura en general habían entrado por un nuevo camino, especialmente en Alemania donde  se produce un movimiento llamado “Sturm und Drang” (tempestad y pasión) que propugna la creación literaria al margen de las reglas clásicas y revaloriza la expresión artística de vivencias y sentimientos.

Johann G. Herder (1744-1803), admirador de Homero, Shakespeare y la literatura folclórica, anticipó en diversas obras conceptos lingüísticos, históricos y literarios fundamentales para el romanticismo, muy repetidos posteriormente: la existencia de un espíritu nacional ligado al idioma cuyo desarrollo es la historia de cada país, la manifestación de ese espíritu en las creaciones del pueblo y los grandes poetas. Con ello se afirmaban decididamente el nacionalismo y el populismo.

Johann W. Goethe (1749-1832) se interesó en el pasado alemán gracias a su amistad con Herder. Su novela Werther (1774) representa la primera inmersión profunda en el “mal del siglo” con la historia de un infortunio amoroso que termina en suicidio. Fausto (1808) crea el paradigma de poema épico romántico, de índole filosófica, con un héroe a la busca de un sueño imposible.

 (Werther ópera en cuatro actos con música de Jules Massenet basado en la novela Los sufrimientos del joven Werther (Die Leiden des jungen Werthers) de Goethe.)

En Inglaterra, James MacPherson (1736-1796) atribuye sus obras a un supuesto bardo irlandés del siglo III llamado Ossian que dio origen a una larga moda ossiánica y Horace Walpole (1717-1797) sienta las bases de la novela de horror y aventuras en El castillo de Otranto (1765).

Cabe decir que en 1800 están firmemente establecidos en Inglaterra y Alemania los caracteres fundamentales del romanticismo. Después de esa fecha una generación más joven se encargará de desarrollarlos plenamente mientras se extienden por otros países con mayor o menor celeridad. Pasan primero a Francia y luego a Italia, Rusia, España, Portugal y el resto de Europa. Hacia 1830 no existe ya país que no siga las directrices de las dos grandes naciones modernas.

Dentro del espacio de tiempo que va de 1800 a 1830 cabe mencionar algunos nombres que marcaron decisivamente la corriente romántica. En Inglaterra Lord Byron (1788-1824), con su estilo de vida desenfadada y con su creación poética, imaginativa, fecunda, apasionada, dio pie a toda una actitud, el byronismo, en la que se mezclaba el orgullo satánico, la impiedad, el pesimismo y la melancolía, el escepticismo de la vida, la aventura, la sensualidad, la exaltación del yo, la persecución de ideales imposibles. Poemas como Childe Harold (1812) The Corsair (1814), Don Juan (1819) fueron imitados hasta la saciedad.

 (Remando al viento, película española del género drama/romántica, dirigida por Gonzalo Suárez en 1987. Sus protagonistas son Lord Byron, Mary Shelley y Percy B. Shelly. )

En Alemania los hermanos Schlegel propulsaron activamente el romanticismo desde su revista Ateneo (1798-1800). Ambos incorporaron al movimiento la Edad Media, el cristianismo y algunos aspectos de la cultura española, especialmente a Calderon de la Barca.

Heinrich Heine (1797-1856) y Ernst Hoffman (1776-1822) fueron las figuras más influyentes. Heine con su Libro de cantares (1827) elevó la canción popular a cimas insospechadas, haciéndola apta para la expresión de los más delicados y complejos sentimientos. Hoffman cultivó con éxito un tipo de cuento fantástico con temas de locura, de horror, grotescos y sobrenaturales.

Novalis supone la culminación del primer romanticismo. Su lirismo en Cantos espirituales y Cantos a la noche es expresión mística del sentido de la noche que engendra el misterio y la muerte como vida eterna.

En Francia el romanticismo adquiere un carácter marcadamente conflictivo, debido al inmenso prestigio y fuerza del clasicismo y del antiguo régimen. Chateaubriand es el primer romántico francés. Con El genio del cristianismo (1802) revela toda la belleza contenida en esta doctrina muy superior a la del paganismo clásico.

Poco después Mme.  de Stäel (1766-1817) publicó De L’Allemagne (1810), fruto de sus viajes por Alemania en compañía de August Schlegel. En el libro dio a conocer el movimiento cultural alemán y muchas de las ideas de Schlegel. Stäel anotaba la superioridad del país vecino en relación a Francia, lo que provocó las iras de Napoleón.

La aparición de un romanticismo liberal y agresivo habría de tardar todavía unos años. Victor Hugo en el prefacio de Cromwell (1827) ataca abiertamente la teoría clásica del teatro, defiende el romanticismo como la literatura de la verdad y admite como categoría estética lo feo. Entretanto, Alexandre Dumas (1802-1870) desafía en dramas históricos como Anthony (1831) la vigente estructura social.

 Dada la intensidad de la lucha entre fuerzas antagónicas dentro de la sociedad francesa, un punto que hubo de debatirse agriamente fue el papel de la religión. No es de extrañar consecuentemente que aparezcan intentos por eliminar del cristianismo su carácter fanático y conservador, haciéndolo menos político, más individual, mejor adaptado al espíritu del tiempo. Henri de Saint Simon (1760-1825) el El nuevo cristianismo (1825), junto a su propuesta de una organización social dirigida por los hombres de ciencia, propugna la hermandad cristiana, la compasión y la ayuda al pobre, la supresión de la propiedad.

El romanticismo afectó, por supuesto a todos los órdenes de la vida, no sólo a la política, la filosofía, la religión o la literatura. La pintura también, por ejemplo, fue influida: hay que recordar la aproximación a la naturaleza de paisajistas alemanes o ingleses como Friedrich (1774-1840) o Turner (1775-1851).

 En esta senda el gran renovador fue Francisco de Goya (1746-1828) con su mezcla de tragedia y sátira, su descenso a lo irracional y grotesco, su denuncia de los horrores de la guerra, su descubrimiento de un mundo de locura y degeneración.

 (Los Fantasmas de Goya, una película de Milos Forman, con Javier Bardem y Natalie Portman.)

En música Beethoven (1770-1827) abre los horizontes de la modernidad.

En la ópera se tendió a relajar, romper o mezclar entre sí, las formas establecidas en el barroco o el clasicismo. Este proceso alcanzó su apogeo con las óperas de Wagner, en las cuales las arias, coros, recitativos y piezas de conjunto, son difíciles de distinguir. Por el contrario, se busca un continuo fluir de la música.

También ocurrieron otros cambios. Los castrati desaparecieron y, por tanto, los tenores adquirieron roles más heroicos, y los coros se tornaron más importantes. A finales del período romántico, el verismo se popularizó en Italia, retratando en la ópera escenas realistas, más que históricas o mitológicas. En Francia la tendencia también se acogió, y quedaron ejemplos populares como Carmen de Bizet.  (Clica el enlace a Wikipedia  http://es.wikipedia.org/wiki/M%C3%BAsica_del_Romanticismo)

Texto adaptado de Ricardo Navas Ruiz, El romanticismo español, Ed. Cátedra