La voz a ti debida, Pedro Salinas

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LA VOZ A TI DEBIDA

Versos 1266 a 1289

Los cielos son iguales. 
Azules, grises, negros, 
se repiten encima 
del naranjo o la piedra: 
nos acerca mirarlos. 
Las estrellas suprimen, 
de lejanas que son, 
las distancias del mundo. 
Si queremos juntarnos, 
nunca mires delante: 
todo lleno de abismos, 
de fechas y de leguas. 
Déjate bien flotar 
sobre el mar o la hierba, 
inmóvil, cara al cielo. 
Te sentirás hundir 
despacio, hacia lo alto, 
en la vida del aire. 
Y nos encontraremos 
sobre las diferencias 
invencibles, arenas, 
rocas, años, ya solos, 
nadadores celestes, 
náufragos de los cielos.

 

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Pedro Salinas: “el poeta del amor”

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Pedro Salinas (Madrid 1892-Boston, 1951)

Profesor universitario, ejerció la docencia en París, Sevilla, Murcia, Cambridge y Madrid. Realizó una gran labor de difusión cultural como secretario general de la Universidad de verano de Santander. Tras la guerra civil se exilió a los Estados Unidos donde murió. Sus primeros libros son Presagios (1923), Seguro Azar (1929) y Fábula y signo (1931) en la línea de la poesía pura a lo Juan Ramón Jiménez.

De su etapa en el exilio son sus libros El contemplado (1946) y Todo más claro (1949). Tras su muerte se publicó Confianza (1955), en cuyos poemas se observan las graves preocupaciones del hombre tras la segunda guerra mundial. Aparece en ellos una lucha entre su fe en la vida y los signos angustiosos que ve a su alrededor. De esta etapa, debe destacarse el poema Cero, suscitado por el horror de la bomba atómica.

“Poeta del amor”

Sus dos obras más famosas, La voz a ti debida (1933) y Razón de amor (1936), le consagran como poeta del amor, dando a este sentimiento una significación intelectual y profunda que es nueva en poesía contemporánea. Para Salinas el amor es, de un lado, fuente de conocimiento que enriquece a quien lo experimenta, y de otro, una fuerza misteriosa que da sentido a nuestra vida y al mundo que nos rodea.

Pocos le igualan en la sutileza con que supo ahondar en el sentimiento amoroso. Una vez más, trasciende la pura anécdota para encontrar la quintaesencia más gozosa de las relaciones amorosas. Su visión es decididamente “antirromántica”: la amada no es la “enemiga”; el amor no es desdenes, sufrimiento, frustración. En Salinas el amor es una prodigiosa fuerza que da plenitud a la vida y confiere sentido al mundo. Es enriquecimiento del propio ser y enriquecimiento de la persona amada. Sólo en el segundo libro, Razón de amor, aparece a veces un tono más grave: así, en ciertos poemas que hablan de los límites del amor o de su posible, acaso inevitable, final.

El alma tenías
tan clara y abierta,
que yo nunca pude
entrarme en tu alma.
Busqué los atajos
angostos, los pasos
altos y difíciles…
A tu alma se iba
por caminos anchos.
Preparé alta escala
—soñaba altos muros
guardándote el alma—
pero el alma tuya
estaba sin guarda
de tapial ni cerca.
Te busqué la puerta
estrecha del alma,
pero no tenía,
de franca que era,
entradas tu alma.
¿En dónde empezaba?
¿Acababa, en dónde?
Me quedé por siempre
sentado en las vagas
lindes de tu alma.

COMENTARIO DE TEXTO

Concepto de la poesía

Como una “aventura hacia lo absoluto” definió Salinas su poesía, añadiendo que estimaba en ella primero la autenticidad, después la belleza y, por último, el ingenio.

La autenticidad resulta en Salinas una prolongación de su  manera de ser y de su inteligencia penetrante y ordenada, es decir de sus valores humanos innegables. El ingenio, una cualidad necesariamente obligatoria en poesía, es heredado por Salinas de nuestros conceptistas barrocos (Gracián, Quevedo) pero teñido de una a alegría de vivir y un entusiasmo muy propio de los “felices años veinte”.

Formalmente, Salinas prefirió el verso corto y libre pero cuidadosamente elaborado, de andadura impecable, y no es difícil encontrar en él la huella de Garcilaso de la Vega, los poetas medievales y, naturalmente, Góngora.

Lorca llamaba a los poemas de Salinas “prosías” por su sencillez y su economía de imágenes. Sin embargo, esta sencillez es sólo aparente y encierra una gran dificultad al suprimir todo elemento verbal superfluo y ceñirse a los sentimientos.

Si me llamaras, Pedro Salinas y el empleo de la “enumeración caótica”

Salinas maneja con  gran  eficacia la llamada por  Leo  Spitzer “enumeración caótica”: los elementos de la enumeración no guardan relación lógica entre sí; antes por el contrario, parecen estar generados tal y como se van presentando en la mente del poeta, siguiendo impulsos primarios, y sin pasar por el tamiz de la razón. El propio Spitzer pone como ejemplo estos versos de Pedro Salinas:

LA VOZ A TI DEBIDA
Versos 102 a 126

¡Si me llamaras, sí;
si me llamaras!
Lo dejaría todo,
todo lo tiraría:
los precios, los catálogos,
el azul del océano en los mapas,
los días y sus noches,
los telegramas viejos
y un amor.
Tú, que no eres mi amor,
¡si me llamaras!
Y aún espero tu voz:
telescopios abajo,
desde la estrella,
por espejos, por túneles,
por los años bisiestos
puede venir. No sé por dónde.
Desde el prodigio, siempre.
Porque si tú me llamas
«¡si me llamaras, sí, si me llamaras!»
será desde un milagro,
incógnito, sin verlo.
Nunca desde los labios que te beso,
nunca
desde la voz que dice: “No te vayas” ».

 

“La voz a ti debida”, Pedro Salinas o la expresión del sentimiento amoroso. Comentario de texto.

… la voz a ti debida.

(Garcilaso, Égloga III)Clica sobre la imagen para el estudio de “Para vivir no quiero” realizado por  Vicente Morales Ayllón, Catedrático de literatura del I.E.S. Juan Gris de Móstoles (Madrid).

 

Para vivir no quiero
islas, palacios, torres.
¡Qué alegría más alta:
vivir en los pronombres!

Quítate ya los trajes,
las señas, los retratos;
yo no te quiero así,
disfrazada de otra,
hija siempre de algo.
Te quiero pura, libre,
irreductible: tú.
Sé que cuando te llame
entre todas las gentes
del mundo,
sólo tú serás tú.
Y cuando me preguntes quién es el que te llama,
el que te quiere suya,
enterraré los nombres,
los rótulos, la historia.
Iré rompiendo todo
lo que encima me echaron
desde antes de nacer.
Y vuelto ya al anónimo
eterno del desnudo,
de la piedra, del mundo,
te diré:
«Yo te quiero, soy yo».

Salinas y la expresión del sentimiento amoroso

Afirma Pedro Salinas que “La poesía es una aventura hacia lo absoluto. Se llega más o menos cerca, se recorre más o menos camino; eso es todo.” Quiere esto decir que la poesía es para él una forma de conocimiento de realidades profundas, una manera de acceder al verdadero significado de las cosas, más allá de sus simples apariencias.

La obra poética de su etapa de plenitud (1933-1939) está formada por la trilogía inspirada en su amor por una estudiante estadounidense que conoció en España: La voz a ti debida, cuyo título está tomado de un verso de la Égloga tercera de Garcilasode la Vega, Razón de amor y Largo lamento, cuyo título está tomado de un verso de Gustavo Adolfo Bécquer. 

La voz a ti debida (1933) presenta la historia de una pasión amorosa, desde su nacimiento hasta el final.

Razón de amor (1936) examina lo que queda del amor cuando éste acaba. La pasión y el dolor de la separación son, por lo tanto, los temas centrales del libro.

Largo lamento (1939) continúa la línea marcada en las obras anteriores.

 Subyace en el poema una idea del amor como sintonía de dos personas en lo que tienen de más auténtico o de esencial, por debajo de lo superficial o accesorio.

El poeta propone a la amada, y se propone a sí mismo, un renunciar a lo que se ha sido, un despojarse de lo accesorio o lo convencional, un liberarse de ataduras o raíces, como condición necesaria para una libre y plena entrega mutua.

(Fuente CVC)