“Don Dinero” Arcipreste de Hita (musicado por Paco Ibáñez)

(del Libro del buen amor).

“Hace mucho el dinero, mucho se le ha de amar;
al torpe hace discreto, hombre de respetar,
hace correr al cojo al mudo le hace hablar;
el que no tiene manos bien lo quiere tomar.
“También al hombre necio y rudo labrador
dineros le convierten en hidalgo doctor;
Cuanto más rico es uno, más grande es su valor,
quien no tiene dinero no es de sí señor.
“Y si tienes dinero tendrás consolación,
placeres y alegrías y del Papa ración,
comprarás Paraíso, ganarás la salvación:
donde hay mucho dinero hay mucha bendición.
“Él crea los priores, los obispos, los abades,
arzobispos, doctores, patriarcas, potestades;
a los clérigos necios da muchas dignidades,
de verdad hace mentiras; de mentiras hace verdades.
“Él hace muchos clérigos y muchos ordenados,
muchos monjes y monjas, religiosos sagrados,
el dinero les da por bien examinados:
a los pobres les dicen que no son ilustrados.
“Yo he visto a muchos curas en sus predicaciones,
despreciar el dinero, también sus tentaciones,
pero, al fin, por dinero otorgan los perdones,
absuelven los ayunos y ofrecen oraciones.
“Dicen frailes y clérigos que aman a Dios servir,
más si huelen que el rico está para morir,
y oyen que su dinero empieza a retiñir,
por quién ha de cogerlo empiezan a reñir.

Juan Ruiz, Arcipreste de Hita (1283? – 1350?)

Jorge Manrique. Las “Coplas”. Análisis de la obra

1.- Copla de pie quebrado

La copla de pie quebrado es el nombre que se le da a cualquier tipo de estrofa compuesta por versos octosílabos combinados con versos tetrasílabos. La estrofa podía tener muchas variantes,pero el esquema suele ser así: 8a 8b 4c 8a 8b 4c

Los versos de pie quebrado se encuentran ya en el Libro de buen amor del Arcipreste de Hita. El momento de mayor apogeo de esta estrofa fue durante el siglo XV. La forma más conocida, entre muchas otras, es la que empleó Jorge Manrique en sus Coplas, por lo que a la copla de pie quebrado se la conoce también por el nombre de copla manriqueña.

2.- Género y métrica de las Coplas

Las coplas constituyen una elegía en la que se combinan diversos elementos tradicionales de una forma original.

(La elegía es un subgénero de la poesía lírica que designa por lo general a todo poema de lamento. La actitud elegíaca consiste en lamentar cualquier cosa que se pierde: la ilusión, la vida, el tiempo, un ser querido, un sentimiento. La elegía funeral -también llamada endecha o planto, en la Edad Media- adopta la forma de un poema de duelo por la muerte de un personaje público o un ser querido. )

La composición entera está presidida por una gran sobriedad: la sencillez predomina tanto en el lenguaje como en la forma métrica. La elegía está formada por cuarenta estrofas denominadas coplas de pie quebrado o  manriqueñas; cada estrofa se compone de dos sextillas que siguen este esquema:

 8a  8b4c 8a 8b 4c   –  8d 8e 4f 8d 8e 4f

Esta austeridad formal se corresponde con una sencillez expositiva que va de lo general (la muerte como tema universal) a lo particular (la muerte de don Rodrigo), y en la que no tienen cabida los adornos retóricos ni las complicadas visiones alegóricas.

3.- Estructura y temas de las Coplas . Tópicos literarios

El poema suele dividirse en tres partes. En la primera se habla en abstracto sobre la muerte; a continuación, el poeta se detiene en la evocación de personajes históricos; por último, se aborda el fallecimiento del maestre Rodrigo, escena que se presenta como un diálogo entre la muerte y el padre del poeta.

Lejos del patetismo de  las composiciones medievales, Jorge Manrique expresa con licidez analítica la fugacidad de la vida (“tempus fugit irreparabile”) y el poder irremisible de la muerte, que acecha a todos por igual.

Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en el mar, 
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar 
y consumir; 
allí, los ríos caudales,
allí,  los otros medianos 
y más chicos;
allegados, son iguales    
los que viven por sus manos 
y los ricos.  (III)

Inspirándose en un pasaje bíblico, Manrique equipara la vida  con un río que desemboca en el mar de la muerte. Identifica, además, a los hombres ricos con ríos de agua abundante y a los tranbajadores con corrientes de poco caudal, si bien advierte que la muerte deshace las distinciones económicas y sociales, pues iguala a todos los hombres en un destino común.

Pero, a diferencia de lo que era habitual en las Danzas de la muerte que se representaban en Castilla en la mismo época, lo hace sutilmente, sin convocar ante la vista en horror y la podredumbre de la destrucción.

Una versión moderna de Las danzas de la muerte

Esa mentalidad que se aleja de lo medieval se manifiesta también en el sentimiento de la fama que sirve de consuelo y favorece la aceptación serena de la muerte.

  “No se os haga tan amarga
la batalla temerosa   (la muerte)
que esperáis,
pues otra vida más larga
de la fama gloriosa
acá dejáis.

Aunque esta vida de honor
tampoco no es eternal
ni verdadera;
mas, con todo, es muy mejor
que la otra temporal,
perecedera.” (XXXV)

Manrique distingue tres tipos de vida: el paso de la persona por el mundo, que es muy breve; la fama que deja, más prolongada que su propia existencia; y la vida eterna en el más allá.

Para ejemplificar con referencias concretas la fugacidad e inestabilidad de los bienes mundanos recurre al tópico literario del ” Ubi sunt” (¿ Dónde están los que vinieron antes que nosotros?) que consiste en preguntar por el paradero de poderosos personajes del pasado inmediato.

¿Qué se hizo el rey don Juan?
Los infantes d’Aragón 
 ¿qué se hicieron?  (XVI)