“Canción del pirata”, José de Espronceda (DARK MOOR). Comentarios en la red

La luna en el mar riela,

en la lona gime el viento

y alza en blando movimiento

olas de plata y azul;

y ve el capitán pirata,

cantando alegre en la popa,

Asia a un lado, al otro Europa,

Y allá a su frente Estambul:

 

 

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“El viaje definitivo”, Juan Ramón Jiménez. Comentario de texto

 

… Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
cantando;
y se quedará mi huerto, con su verde árbol,
y con su pozo blanco.

Todas las tardes, el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado,
mi espíritu errará nostáljico…

Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido…
Y se quedarán los pájaros cantando.

 

COMENTARIO DE TEXTO

Pedro Salinas: “el poeta del amor”

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Pedro Salinas (Madrid 1892-Boston, 1951)

Profesor universitario, ejerció la docencia en París, Sevilla, Murcia, Cambridge y Madrid. Realizó una gran labor de difusión cultural como secretario general de la Universidad de verano de Santander. Tras la guerra civil se exilió a los Estados Unidos donde murió. Sus primeros libros son Presagios (1923), Seguro Azar (1929) y Fábula y signo (1931) en la línea de la poesía pura a lo Juan Ramón Jiménez.

De su etapa en el exilio son sus libros El contemplado (1946) y Todo más claro (1949). Tras su muerte se publicó Confianza (1955), en cuyos poemas se observan las graves preocupaciones del hombre tras la segunda guerra mundial. Aparece en ellos una lucha entre su fe en la vida y los signos angustiosos que ve a su alrededor. De esta etapa, debe destacarse el poema Cero, suscitado por el horror de la bomba atómica.

“Poeta del amor”

Sus dos obras más famosas, La voz a ti debida (1933) y Razón de amor (1936), le consagran como poeta del amor, dando a este sentimiento una significación intelectual y profunda que es nueva en poesía contemporánea. Para Salinas el amor es, de un lado, fuente de conocimiento que enriquece a quien lo experimenta, y de otro, una fuerza misteriosa que da sentido a nuestra vida y al mundo que nos rodea.

Pocos le igualan en la sutileza con que supo ahondar en el sentimiento amoroso. Una vez más, trasciende la pura anécdota para encontrar la quintaesencia más gozosa de las relaciones amorosas. Su visión es decididamente “antirromántica”: la amada no es la “enemiga”; el amor no es desdenes, sufrimiento, frustración. En Salinas el amor es una prodigiosa fuerza que da plenitud a la vida y confiere sentido al mundo. Es enriquecimiento del propio ser y enriquecimiento de la persona amada. Sólo en el segundo libro, Razón de amor, aparece a veces un tono más grave: así, en ciertos poemas que hablan de los límites del amor o de su posible, acaso inevitable, final.

El alma tenías
tan clara y abierta,
que yo nunca pude
entrarme en tu alma.
Busqué los atajos
angostos, los pasos
altos y difíciles…
A tu alma se iba
por caminos anchos.
Preparé alta escala
—soñaba altos muros
guardándote el alma—
pero el alma tuya
estaba sin guarda
de tapial ni cerca.
Te busqué la puerta
estrecha del alma,
pero no tenía,
de franca que era,
entradas tu alma.
¿En dónde empezaba?
¿Acababa, en dónde?
Me quedé por siempre
sentado en las vagas
lindes de tu alma.

COMENTARIO DE TEXTO

Concepto de la poesía

Como una “aventura hacia lo absoluto” definió Salinas su poesía, añadiendo que estimaba en ella primero la autenticidad, después la belleza y, por último, el ingenio.

La autenticidad resulta en Salinas una prolongación de su  manera de ser y de su inteligencia penetrante y ordenada, es decir de sus valores humanos innegables. El ingenio, una cualidad necesariamente obligatoria en poesía, es heredado por Salinas de nuestros conceptistas barrocos (Gracián, Quevedo) pero teñido de una a alegría de vivir y un entusiasmo muy propio de los “felices años veinte”.

Formalmente, Salinas prefirió el verso corto y libre pero cuidadosamente elaborado, de andadura impecable, y no es difícil encontrar en él la huella de Garcilaso de la Vega, los poetas medievales y, naturalmente, Góngora.

Lorca llamaba a los poemas de Salinas “prosías” por su sencillez y su economía de imágenes. Sin embargo, esta sencillez es sólo aparente y encierra una gran dificultad al suprimir todo elemento verbal superfluo y ceñirse a los sentimientos.

Juan Ramón Jiménez: vida, obra y muerte de un Nobel de Literatura

Juan Ramón Jiménez (1881-1958) nació en Moguer (Huelva). En 1900 se trasladó a Madrid, donde entró en contacto con la nueva sensibilidad modernista, al tiempo que se acentuaba su carácter enfermizo y neurótico. La muerte de su padre le sumió en una profunda depresión, que le obligó a recluirse en un sanatorio largas temporadas para curar su salud mental. Aislado del mundillo literario, vive luego recluido en su casa, entregado obsesivamente a la creación poética, en una labor prolífica que le llevó  a escribir varios miles de poemas, reunidos en unas decenas de libros, que obsesivamente retocaba, en busca de la inalcanzable perfección poética.

Zenobia-y-Juan-Ramón-recién-casadosEl 1917 se casa en Nueva York con Zenobia Camprubí, mujer que le dio su aliento generoso en la organización de su vida cotidiana y en la elaboración de su poesía. El matrimonio regresó a Madrid, donde vivió hasta 1936, convirtiéndose Juan Ramón en el modelo de una nueva sensibilidad poética que cristalizaría en la Generación del 27.

Al comienzo de la guerra civil se exilió a América: pasó tres años en Cuba y más de una década en Estados Unidos, donde continuó su labor creadora e impartió cursos en diversas universidades. Los últimos años vivió en Puerto Rico, donde recibió el Premio Nobel, en 1956, año también de la muerte de su mujer, hecho que le sumió en una crisis de angustia y desvalimiento, hasta su muerte, en 1958.

La inmensa obra de Juan Ramón Jiménez, continuamente reelaborada o “revivida”, en una búsqueda obsesiva de la perfección poética como “expresión de lo inefable”, sigue un largo proceso de condensación que la lleva del romanticismo de inspiración becqueriana a la poesía pura. El propio Juan Ramón insinuó la existencia de tres fases en su trayectoria poética.

En la época sensitiva, hasta 1916, domina la sensualidad, la búsqueda de la belleza a través de su reflejo en el mundo sensible, en un intento de fundirse con la naturaleza. En esta fase se mezclan las influencias modernistas de Rubén Darío y de los simbolistas franceses con un tono intimista, de raíces becquerianas, en que domina la melancolía y la visión afectiva y sentimental de la naturaleza vestida de los ropajes de otoño o del crepúsculo, de un colorido nada estridente, que indica ya una clara preocupación por la pureza lírica, despojada de excesos ornamentales y rítmicos. De esta época son, entre otro libros, Arias Tristes (1903) y La Soledad sonora (1911).

Viene una esencia triste de jazmines con luna

y el llanto de una música romántica y lejana…

De las estrellas baja, dolientemente, una

brisa con los colores nuevos de la mañana…

Espectral, amarillo, doloroso y fragante,

por la niebla de la avenida voy perdido,

mustio de la armonía, roto de lo distante,

muerto entre los rosales pálidos del olvido…

Y aún la luna platea las frondas de la tibieza

cuando ya el día rosa viene por los jardines,

anegando en sus lumbres esta vaga tristeza

con música, con llanto, con brisa y con jazmines.

(En este poema, perteneciente al libro La soledad Sonora, se aúnan el mundo sensorial de inspiración modernista y una melancolía de tono intimista, de origen romántico.)

 La época intelectual o de la poesía pura, hasta 1936, en que la poesía se desnuda en busca de la forma rigurosa y exacta y de la realidad esencial, abstracta, sin anécdotas, en que los colores se difuminan y brilla intensamente la luz. Se trata de un afán obsesivo por crear una realidad a partir de la palabra: la expresión se adelgaza. Los recursos expresivos se estiliza, el lenguaje se reduce a la sencillez de la palabra justa que expresa la esencia de las cosas, con una sensación de plenitud en que se funden la naturaleza, la poesía y el afán de eternidad. Esta etapa arranca con Diario de un poeta reciencasado (1917), libro en el que canta de una manera alborozada su amor por Zenobia, su viaje de ida y vuelta a Nueva York y su descubrimiento de América, con una estética novedosa en que domina el verso blanco, la mezcla de verso y prosa, los tonos irracionales, etc. La poesía pura alcanza su plenitud en  libros como Eternidades (1918), La estación total (1936) dedicados a la “inmensa minoría”.

La época suficiente, a partir de 1936, la ocupa una poesía metafísica, en la que se produce la identificación entre la belleza como principio creador del mundo y el espíritu poético de Juan Ramón, que también, como un dios, recrea una realidad que es reflejo de la creación divina. Así se funden la poesía y la belleza en una conciencia única, que está la mismo tiempo dentro (dios deseante) y fuera del poeta (dios deseado), en una continua confrontación creadora. De esta época son Animal de fondo y Dios deseado y deseante. (Fuente:Octaedro)

juan-ramon-jimenezENLACES DE INTERÉS:

Comentario de algunos textos de Juan Ramón Jiménez:

http://elpuig.xeill.net/Members/fgallar3/poemas/Comentarios/juan-ramon-jimenez

 

Centro Virtual Cervantes:

http://cvc.cervantes.es/literatura/escritores/jrj/default.htm

 

Si eres campana ¿dónde está el badajo?, Quevedo. Notas para el comentario de textos

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Si eres campana, ¿dónde está el badajo?;
si pirámide andante, vete a Egito
si peonza al revés, trae sobrescrito; 
si pan de azúcar, en Motril te encajo.

 

Si chapitel, ¿qué haces acá abajo?
Si de diciplinante mal contrito
eres el cucurucho y el delito,
llámente los cipreses arrendajo.

 

Si eres punzón, ¿por qué el estuche dejas?
Si cubilete, saca el testimonio;
si eres coroza, encájate en las viejas.

 

Si büida visión de San Antonio,
llámate doña Embudo con guedejas;
si mujer, da esas faldas al demonio.

Vocabulario:

1.-  peonza: juguete de madera con forma de triángulo invertido que se hace bailar.

2.- sobrescrito: lo que se escribía en el sobre o en la parte exterior de un pliego cerrado, para dar la dirección.

3.- pan de azúcar: azúcar congelado y unido en un molde redondo, que va subiendo en disminución hasta el remate. Motril tenía  fama por sus panes de azúcar..

4.- chapitel: remate de las torres o capitel de columna.

5.- diciplinante: persona que se disciplina públicamente en las procesiones de Semana Santa.

6.- contrito: arrepentido por haber ofendido a Dios.

7.- cucurucho : capirote cónico de penitentes y disciplinantes.

8.- arrendajo: imitación, copia imperfecta de algo.

9.- testimonio: prueba, justificación y comprobación de la verdad de una cosa.

10.- coroza: “cierto género de capirote o cucurucho que se pone en la cabeza por castigo”. Los jueces condenaban a las viejas alcahuetas a llevar “corozas” o por otro nombre “mitras”.  En Quevedo abundan las referencias a las viejas “encorozadas”.

11.- büida: aguzada, avivada.

12.- visión de San Antonio: probablemente se refiera a la visión que tuvo San Antonio del niño Jesús y que podría asociarse a la tríada Padre-Hijo-Espíritu Santo que se representa tradicionalmente con forma de triángulo.

13.- guedeja : mechón, porción de pelo.

Notas para el comentario:

Se trata de un poema satírico-burlesco, editado en  El Parnaso español (1648), en que Quevedo critica el uso del guardainfante, muy de moda entre las damas del siglo XVII .

Según el diccionario de  Autoridades, el guardainfante es  «Cierto artificio muy hueco, hecho de alambres con cintas, que se ponían las mujeres en la cintura, y sobre él se ponían la basquiña  (falda)»

El soneto de Quevedo retoma un tema en el que ya se había insistido mucho en periodos anteriores: el artificio en la belleza femenina. La idea de la bondad y hermosura de todo lo natural creado por Dios, así como el ideal platónico de belleza como reflejo de lo divino,  entra en clara contradicción con el uso de afeites y otros artificios a los que eran aficionadas muchas mujeres.

Baste recordar el conocido soneto de Bartolomé Leonardo de Argensola:

Yo os quiero confesar, don Juan, primero,
que aquel blanco y color de doña Elvira
no tiene de ella más, si bien se mira,
que el haberle costado su dinero.

 

Pero tras eso confesaros quiero
que es tanta la beldad de su mentira,
que en vano a competir con ella aspira
belleza igual de rostro verdadero.

 

Mas ¿qué mucho que yo perdido ande
por un engaño tal, pues que sabemos
que nos engaña así Naturaleza?

 

Porque ese cielo azul que todos vemos,
ni es cielo ni es azul. ¡Lástima grande
que no sea verdad tanta belleza!  
  

La virulencia con que Quevedo aborda el tema está en la línea de otros muchos poemas satíricos que dedicó a las mujeres.

Estructura

El soneto está compuesto por catorce versos endecasílabos de rima consonante ABBA, ABBA, CDE, DCE. Como es habitual, los versos se organizan en cuatro estrofas: dos cuartetos  y dos tercetos.

Todo el poema sigue una estructura paralelística:

Con la anáfora “Si”  se plantean una serie de  hipótesis en que se identifica a la mujer con objetos que tienen una forma parecida al guardainfante. Tras la proposición condicional, se formula una pregunta o  una frase imperativa.

Las metáforas insisten siempre en la forma acampanada, de la que surge el cuerpo de la mujer: campana, pirámide, peonza, pan de azúcar, capitel, cucurucho de disciplinante, punzón y estuche, cubilete, coroza, embudo. Sólo en el último verso aparecen los términos reales de todas las metáforas:  mujer y falda.

Hasta el último verso el poeta finge no saber lo que tiene ante los ojos. Su “falsa duda” parece reproducir la desconfianza barroca de la percepción de la realidad a través de los sentidos. Se trata, no obstante, de un puro juego conceptual, de una muestra de agudeza consistente,  en palabras de Gracián, “en exprimir la correspondencia que se halla entre las cosas”.

“Prisión del nácar era articulado”, Luis de Góngora. Notas para el comentario de texto

De una dama que, quitándose una sortija,
se picó con un alfiler   (1620) , Luis de Góngora y Argote

Prisión del nácar era articulado    (un diamante, imitador de la firmeza de mi amor,
de mi firmeza un émulo luciente             aprisionado en oro, sirve de prisión al dedo
un dïamante, ingenïosamente                   de Clori)
en oro también él aprisionado.

Clori, pues, que su dedo apremïado
de metal, aun precioso, no consiente,
gallarda un día, sobre impacïente,
lo redimió del vínculo dorado.

Mas, ay, que insidïoso latón breve
en los cristales de su bella mano
sacrílego divina sangre bebe:

púrpura ilustró menos indïano             (el color púrpurra coloreó
marfil; invidïosa, sobre nieve                   menos el marfil de la India)
claveles deshojó la Aurora en vano.

1 nácar articulado: el dedo. Violento hipérbaton;  un diamante,(émulo luciente de mi firmeza), era la prisión del dedo, siendo él mismo aprisionado en oro.

5-6  El dedo aprisionado sólo como un término de comparación con el temperamento de Cloris.

8 redimió: latinismo: rescató.

9 latón breve: un alfiler.

insidioso: Se dice de algo dañino que tiene apariencia inofensiva.

10 los cristales: para subrayar su blancura.

11 ilustró: coloreó.

CONTEXTUALIZACIÓN

En palabras de Birute Ciplijaukaité resulta difícil calificar los sonetos amorosos de Góngora como tales. “Sí corresponden al tema, pero son completamente impersonales, fríos, puramente descriptivos, inspirados en modelos petrarquistas. No logramos imaginar detrás de ellos al poeta; sospechamos que sigue los topicos del día; sabemos, según su primer biógrafo, que “escribió muchos versos amorosos a contemplaciones ajenas: no se le prohijen a su intento” […] Son sonetos de perfecta hechura arquitectónica  que se apoya en contrastes de colores y pone de relieve la sonoridad de las palabras. Teniendo esto en cuenta se comprenden las acusaciones de “superficialidad” y “juego puro” que se le han hecho. Hay demasiada estilización, y si tuviéramos que juzgar por los sonetos, nos inclinaríamos a afirmar que el poeta nunca estuvo enamorado.”

También Jammes hace notar que el soneto  seguramente fue escrito en nombre de algún galán, ya que en este año  (1620) Góngora mismo tendría pocas ganas de galanteo, con sus 59 años, sus deudas, y el sentimiento de desengaño cada vez más fuerte.

TEMA

Una anécdota insignificante, enunciada al principio del soneto (De una dama que, quitándose una sortija, se picó con un alfiler) da pie a Góngora para crear una composición poética de gran complejidad formal. La dificultad de la composición destaca sobre el contenido de la misma.

Clori es nombre poético,  algunas veces identificado con Catalina de la Cerda, otras, con Brianda de la Cerda, hija del marqués de Ayamonte.

ESTRUCTURA EXTERNA

Soneto de 1620. Dos cuartetos y dos tercetos de rima consonate. ABBA, ABBA, CDE, DCE.

ESTRUCTURA INTERNA

El poema conserva la división tradicional de entre los cuartetos expositivos y los tercetos conclusivos.

En el primer cuarteto un diamante, símbolo de la firmeza del amor del poeta, aprisiona el dedo de la dama.

En el segundo cuarteto explica cómo Clori, sintiéndose oprimida por el anillo, se lo quita impaciente.

El alfiler hiere la mano de Clori en el primer terceto.

El segundo terceto desarrolla la comparación entre la blancura de la piel de la dama (marfil de la India) envidiada  incluso por la diosa Aurora.

ESTILO

Tanto el léxico, con abundancia de cultismos, como los hipérbatos y metáforas de difícil interpretación, como el uso insólito de la diéresis hasta en siete ocasiones,  convierten este soneto en una de las composiciones típicamente culteranas de Góngora.

En el plano fónico, las aliteraciones en “r”  del primer verso y de “i” en todo el poema marcan el ritmo del poema.

Muchos críticos han considerado que la abundancia de diéresis en la ï , así como las íes acentuadas, dan un valor fónico estridente al poema, como un grito de dolor (que produciría el pinchazo)  y que también aparece de forma explícita en el noveno verso.

Destaca el hipérbaton forzado del primer cuarteto y las ingeniosas metáforas y metonimias: un diamante, ingeniosmente aprisionado en oro también él , un “émulo” luciente (imitador brillante) de mi firmeza (de su amor fiel), “era prisión del articulado nácar” ( rodea el dedo blanco y brillante como el nácar). El cuarteto se inicia con la palabra “prisión” y acaba con “aprisionado” cerrando el círculo del contenido temático en esta figura de derivación.

[Prisión/aprisionado: Derivación: Se produce esta figura cuando aparecen palabras que mantienen la misma raíz etimológica.]

En el primer terceto encontramos  una audaz personificación cuando el alfiler  bebe su sangre en los cristales (la blancura) de su mano.

En el último terceto tenemos una comparación (el color púrpura colorea menos el marfil de la India que la sangre en la mano de Clori) en hipérbaton abrupto y una hipérbole en que la diosa Aurora , envidiosa, vierte claveles rojos sobre la nieve blanca para compitiendo vanamente con la dama.

Todo el soneto se apoya en el contraste de los colores: el blanco (nácar, diamante,cristales, marfil, nieve), el dorado (oro, metal,dorado), el rojo (púrpura, sangre, claveles).

También en el léxico que alude al compromiso no deseado: prisión, aprisionado, apremiado,impaciente,  no consiente, vínculo.

[En la mitología romana, Aurora es la deidad que personifica el amanecer. Es una mujer encantadora que vuela a través del cielo para anunciar la llegada del sol. Sus hermanos son el Sol y la Luna.]

“Tras de un amoroso lance”, San Juan de la Cruz. Comentario de texto

Tras de un amoroso lance
y no de esperanza falto
volé tan alto tan alto
que le di a la caza alcance.

Para que yo alcance diese
a aqueste lance divino
tanto volar me convino
que de vista me perdiese
y con todo en este trance
en el vuelo quedé falto
mas el amor fue tan alto
que le di a la caza alcance.

Cuanto más alto llegaba
de este lance tan subido
tanto más bajo y rendido
y abatido me hallaba
dije: “No habrá quien alcance”.
Abatíme tanto tanto
que fui tan alto tan alto
que le di a la caza alcance.

Por una extraña manera
mil vuelos pasé de un vuelo
porque esperanza del cielo
tanto alcanza cuanto espera
esperé solo este lance
y en esperar no fui falto
pues fui tan alto tan alto,
que le di a la caza alcance.

COMENTARIO DE TEXTO