¿Qué tengo yo que mi amistad procuras? Lope de Vega

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?

¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,

que a mi puerta cubierto de rocío

pasas las noches del invierno oscuras?

¡Oh cuánto fueron mis entrañas duras

pues no te abría! ¡Qué extraño desvarío

si de mi ingratitud el hielo frío

secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el Angel me decía:

“Alma, asómate agora a la ventana,

verás con cuánto amor llamar porfía!”

¡Y cuántas, hermosura soberana,

“Mañana le abriremos”, respondía,

para lo mismo responder mañana!

Soneto del libro “Rimas Sacras” (Madrid  1614) . El libro, publicado a raíz de la ordenación del poeta, se compone de cien sonetos y un conjunto de poemas de diversa índole y calidad.

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ACTIVIDAD DE COMPRENSIÓN

“Mira, Zaide, que te aviso”, Lope de Vega versus Elena Osorio

Los primeros días de 1588 (Lope de Vega tiene 25 años recién cumplidos) los pasa nuestro escritor en la cárcel. Había sido detenido el 29 de diciembre anterior, en el Corral de la Cruz, durante una representación. Y lo había sido a petición del director de teatro Jerónimo Velázquez, quien le acusaba de ser autor de una serie de libelos en los que se difamaba al propio Velázquez y a sus deudos. ¿Quién era este Velázquez y en qué relación estaba con Lope de Vega?

En los últimos años del siglo XVI vivía en Madrid, a la entrada de la calle de Lavapiés, este Jerónimo Velázquez, famoso actor, con su familia: su mujer, Inés Osorio, y sus hijos, Damián y Elena. Damián era abogado, de cierta nombradía, y desempeñó cargos en las Indias. Elena se había casado en 1576 con otro comediante, Cristóbal Calderón. Parece que, al regreso de la expedición a las Azores, Lope se enamoró rendidamente de Elena Osorio. No es probable que sea éste el primer amor, pero la pasión de Lope por Elena fue intensa, vehemente. Lope no escatimó los elogios ni los poemas, que podrían constituir un verdadero Cancionero amoroso. Elena es siempre designada bajo el nombre de Filis. La pasión debió ser tumultuosa y repentina, a juzgar por las palabras de La Dorotea  -1632- (donde en sustancia se cuenta este episodio): «No sé qué estrella propicia a los amantes reinaba entonces que apenas nos vimos y hablamos cuando quedamos rendidos el uno al otro». […]

Al lado de sus prendas corporales de gran belleza, las cualidades espirituales parece que no iban retrasadas. Lope elogia las dotes de Elena cumplidamente. En La Dorotea, a una pregunta sobre la hermosura de la dama, dice:
FELIPE.- En fin, vistes esa Dorotea. ¿Es muy hermosa?
FERNANDO.- Eso quisiera que me preguntáredes, porque parece que la naturaleza destiló todas las flores, todas las yerbas aromáticas, todos los rubíes, corales, perlas, jacintos y diamantes, para confeccionar esta bebida de los ojos y este veneno de los oídos.
FERNANDO.- Esto, en cuanto al paramento visible; que el talle, el brío, la limpieza, la habla, la voz, el ingenio, el danzar, el cantar, el tañer diversos instrumentos, me   cuesta dos mil versos. Y es tan amiga de todo género de habilidades que me  permitía apartar de su lado para tomar lección de danzar, de esgrimir y de las matemáticas, y otras curiosas ciencias; que en entrambos era virtud,  estando tan ciegos.
Los amores de Lope y Elena no debieron ser obstaculizados por el marido de ella. Cristóbal Calderón estaba siempre ausente, y ni siquiera figura en el proceso que los familiares de Elena provocaron contra las difamaciones del despechado Lope. El amorío tuvo, como es natural, sus altibajos y sus diversas facetas. Unas veces, Lope se soñaba marido de Elena, otras reaccionaba con evidente furia celosa. De todos modos, el apasionado vivir de los amantes se quebró (aunque, si hemos de creer el relato de La Dorotea, tan exacto en otros extremos, Lope siguió disfrutando de los favores de Elena, entregada a un nuevo dueño «oficial», durante algún tiempo, por lo menos). Quizá la causa de la ruptura estuvo en la demasiada popularidad que sus amores alcanzaban, ya que absolutamente todo cuanto entre la pareja ocurría era de inmediato convertido en poema por Lope.
[De Jose Manuel Blecua en su edición a la Lírica de Lope de Vega, Editorial Castalia, pág. 12) : “Y como Lope era incapaz de guardar la menor discreción, todo el mundo sabía sus preocupaciones amorosas, plasmadas en bellísimos romances y sonetos. Fueron precisamente los romances de Belardo y Filis y, sobre todo los de Zaide y Zaida los que divulgaron por el canto todos los incidentes amorosos, tanto que alguno, como el que comienza “Mira Zaide que te aviso”, han llegado hasta nuestros días en la tradición oral. Los amantes se habían convertido, como dice el propio Lope, en “fábula de la corte …]

                                                 “Mira, Zaide,  que te aviso”

           9  [Segundo qvaderno de varios romances los mas modernos que hasta hoy se han cantado […] impreso en Valencia en casa de los herederos de Ioan Nauarro, junto al molino de la Rouella. Año 1593]

(1)En la Dorotea dice Fernando: “Díjome un día con resolución que se acababa nuestra amistad, porque su madre y deudos la afrentaban, y que los dos éramos ya fábula de la corte, teniendo yo no poca culpa, que con mis versos publicaba lo que sin ellos no lo fuera tanto” Ac IV, esc. I

La familia de Elena  parece que había tolerado las relaciones mientras Lope componía comedias para Jerónimo Velázquez, y en tanto que no impidiese que Elena tuviera otros amantes de más guarnecida bolsa, como el indiano don Bela, de La Dorotea, realmente don Francisco Perrenot de Granvela, sobrino del cardenal de este nombre. Como fuere, a fines de 1587, corrieron por Madrid unos poemas (uno en castellano y otro en latín macarrónico) altamente ofensivos para la familia Velázquez. Ésta incoó el proceso y Lope, como hemos dicho al comenzar, fue encarcelado.

“Una dama se vende a quien la quiera.

En almoneda está. ¿Quieren compralla?

Su padre es quien la vende, que aunque calla,

Su madre la sirvió de pregonera.”

(Joaquín de Entrambasaguas, “Los famosos libelos contra unos cómicos de Lope de Vega”, en Estudios sobre Lope de Vega, III , Madid, 1958, pág. 71)

Durante la marcha del proceso, Lope de Vega negó tranquilamente ser el autor de tales libelos, disculpándose o atribuyéndoselos a otros, como, por ejemplo, el poema latino al licenciado Ordóñez, antiguo compañero en los estudios de la Compañía, ya muerto por esa fecha. Y tal vez continuaba, desde la cárcel, escribiendo injuriosas líneas para todos los Velázquez y Osorios. Los ultrajados volvieron a quejarse, y los jueces intervinieron. La celda de Lope, la noche del 7 al 8 de febrero de 1588, fue registrada y recogidos sus papeles: «Yo quiero bien a Elena Osorio -dijo al ministro de la Justicia encargado de hacer el registro- y le di las comedias que hice a su padre, y ganó con ellas de comer, y por cierta pesadumbre que tuve, todas las que he hecho después se las he dado a Porres, y por esto me sigue; que si yo le diera mis comedias no se querellara de mí».

Oídos los testigos, el Tribunal condenó a Lope a «cuatro años de destierro de esta Corte, y cinco leguas (no le quebrante, so pena de serle doblado) y en dos años de destierro del reino, y no le quebrante, so pena de muerte». Después de la segunda denuncia de Jerónimo Velázquez, alusiva a que Lope sigue ofendiéndolos desde la cárcel, los alcaldes dan nuevo fallo: «Confirman la sentencia de vista en grado de revista con que los cuatro años de destierro de esta corte y cinco leguas sean ocho demás de los dos del reino, y los salga a cumplir desde la cárcel los ocho de la corte y cinco leguas, y los del reino dentro de los quince días; no los quebrante, so pena de muerte los del reino y los demás, de servirlos en galeras al remo y sin sueldo, con costas…».

El amor con Elena Osorio ha muerto. Perdida la cabeza, se empeña en afrentar por todos los procedimientos a lo que más ha querido. Solamente reaparecerá, muchos años después, en la maravilla de La Dorotea, donde la nostalgia se entrecruza con la realidad y la fantasía, para dar ese libro excepcional, el único sobre el que Lope ha vuelto descansadamente y a distancia, sopesando cada vibración en él contenida. Y con el amor de Elena Osorio ha desaparecido una de sus grandes pasiones, la juvenil, impetuosa, arrolladora, en tantos extremos parecida a las sucesivas de Micaela de Luján o de Marta de Nevares, como ya veremos. Con esta última, las analogías son enormes, especialmente en la manera de ver a la mujer amada. De entre ellas, ha salido el tipo femenino retratado en La Dorotea, suma y recuerdo cariñoso de todos los amores, en el que se insinúa un tipo femenino de universal valía, cercano a la Laura del Petrarca, o a la Beatriz de Dante, si bien no llegue a plasmar dentro de la concreta rigidez en que éstas se refleja.

La mañana siguiente a la noche del registro en su celda, sale Lope a cumplir su condena. Sale de la cárcel y sale de Madrid. Acompañado, al parecer, del empresario Gaspar de Porres, y por algún amigo y colega de hazañas juveniles: Claudio Conde. Podríamos suponernos a Lope escarmentado, cansado de declaraciones judiciales y de enredos amorosos, dispuesto a marchar a su destierro y a conllevarlo de la forma más sosegada y plácida posible. Y vamos a tropezarle, por el contrario, en plena locura desbordada. Los azares se suceden violentamente, con todos los rasgos de una de sus comedias de capa y espada o de intriga. El Lope que va a cuestas con su condena, campo de Castilla abajo, con las amenazadoras conclusiones: el destierro, «no lo quebrante, so pena de muerte», aparece de inmediato quebrantándolo, y para raptar a una mujer, esta vez una mujer principal, como entonces se decía: doña Isabel de Urbina Alderete y Cortinas, hermana de don Diego de Ampuero y Urbina, que había sido regidor de Madrid y rey de armas de Felipe II (y Felipe III). Es probable que estuvieran en relaciones desde algo antes, quizá al sobrevenir la ruptura con Elena Osorio, y, en tal caso, Lope habría comprendido que la distinguida y linajuda familia Urbina no vería con buenos ojos el matrimonio, ni las relaciones siquiera, con un joven de sus cualidades y fama, y lograría persuadir a Isabel para que se dejase raptar, como solución oportuna. El proceso por el rapto se ha perdido, pero queda su registro en el Inventario de las causas criminales: «Lope de Vega, Ana de Atienza y Juan Chaves, alguacil, por el rapto de doña Isabel de Alderete». La familia denunció a Lope, como medida de urgencia, pero después debe de haber mediado un perdón, ya que en vez de seguir adelante el proceso nos encontramos con un matrimonio por poder, verificado en Madrid, en la parroquia de San Ginés, el día 10 de mayo de 1588. Es, pues, muy de suponer que Lope no se hubiese alejado mucho de Madrid, escasamente la distancia impuesta por la condena, y desde luego resulta evidente que violó la prohibición de regresar a la ciudad: que había quebrantado el destierro está comprobado documentalmente.

Fuente: Lope  de Vega, su vida y su obra, Alonso Zamora Vicente.

Los amores de Lope de Vega (CVC)

 

En junio de 1583 Lope de Vega zarpó de Lisboa tras alistarse en la escuadra que, al mando del marqués de Santa Cruz, tenía como objetivo reducir la resistencia que en la isla Terceira (Azores) oponía el prior de Crato a la autoridad de Felipe II. A su vuelta  conoció a la primera de las numerosas mujeres que amó: Elena Osorio, Filis, hija del empresario teatral Jerónimo Velásquez, separada de su marido. En 1587, al saber que un importante personaje, Francisco Perrenot Granvela, lo desplazaba del amor de Elena, hizo circular contra ella y su familia unos poemas insultantes, por lo que fue condenado a cuatro años de destierro de Madrid y a dos del reino de Castilla. Pero el 10 de mayo de 1588 contrae matrimonio por poderes con Isabel de Alderete (Belisa) o de Urbina, hija del famoso pintor.

Tras cumplir los dos años de destierro del reino, Lope se trasladó a Toledo y allí sirvió a don Francisco de Ribera Barroso, más tarde segundo marqués de Malpica, y entró al servicio del quinto duque de Alba, don Antonio de Toledo y Beamonte. Como gentilhombre de cámara se incorporó a la corte ducal de Alba de Tormes, donde vivió entre 1592 y 1595. Allí murieron Isabel de Urbina (en otoño de 1594), al dar a luz a Teodora, y las hijas habidas en el matrimonio. Escribió por entonces su novela pastoril La Arcadia.

En diciembre de 1595 le llega el anhelado perdón y regresa a Madrid, donde es acogido calurosamente. Una nueva pasión le aguarda: Micaela Luján, Celia o Camila Lucinda en sus versos, mujer bella e inculta, también casada, con la que mantiene relaciones hasta 1608, y de la que tendrá cinco hijos, entre ellos dos de sus predilectos: Marcela (1606) y Lope Félix (1607).

A partir de 1608 se pierde el rastro literario y biográfico de Micaela de Luján. Lucinda es la única de las amantes mayores del Fénix cuya separación no dejó huella en su obra. Pero en 1598 había contraído segundas nupcias, tal vez por dinero, con Juana de Guardo, hija de un rico abastecedor de carnes, vulgar y poco agraciada. Sólo en los poemas dedicados a su amado hijo Carlos Félix (el matrimonio tuvo, además, tres hijas) asoma la figura borrosa de la esposa. Durante bastantes años Lope se dividió entre los dos hogares.

En septiembre de 1610 Lope se traslada definitivamente a Madrid y compra la casa de la calle Francos (hoy de Cervantes), en la que vivirá el resto de sus días. En 1609 había ingresado en la Congregación de Esclavos del Santísimo Sacramento en el oratorio de Caballero de Gracia y al año siguiente se adscribió al oratorio de la calle del Olivar.

Pero no duró mucho esta experiencia plácida y sin contratiempos. Doña Juana sufre frecuentes enfermedades y en 1612 Carlos Félix, al que había dedicado poco antes Los pastores de Belén, muere de unas calenturas. El poeta escribirá una de las más bellas elegías de nuestra lengua («Éste de mis entrañas dulce fruto…»), pero poco intensa, porque Lope era demasiado vital. El 13 de agosto del año siguiente Juana de Guardo muere también, al dar a luz a Feliciana. El 24 de mayo de 1614 decide ordenarse de sacerdote. La huella literaria de esta crisis y sus arrepentimientos irá a parar a las Rimas sacras, publicadas en 1614, que contienen sin disputa los más bellos sonetos sacros del Barroco. La emoción poética, tan patente, procede de la angustia de sentirse preso en un pasado y vislumbrar al mismo tiempo otros gozos espirituales. Todo lo que fue entrañable y apasionada poesía amorosa se convierte ahora en poesía a lo divino, por decirlo así.

Poco duró la castidad del nuevo sacerdote. Además de la relación con una comedianta («La loca») durante su viaje a Valencia de 1616, Lope tiene el último gran amor de su vida en otra mujer casada, Marta de Nevares, a la que en los textos literarios llamará Amarilis y Marcia Leonarda. Cuando se conocieron, la muchacha tenía veintiséis años y el poeta rondaba los cincuenta y cuatro. Estos amores sacrílegos se divulgaron muy pronto por Madrid y no tardaron en aparecer críticas mordaces y sangrientas. Marta, que apenas alcanzaba los treinta años cuando enviudó, gozaba, a juzgar por el retrato que nos dejó Lope, de una singular belleza. Lo espiritual no iba por detrás de lo físico. Amarilis tenía verdadera afición al arte y animó a Lope a proseguir su carrera literaria e incluso a experimentar nuevos géneros que hasta entonces no había cultivado. Así nacieron las cuatro novelas italianas que, dedicadas a la señora Marcia Leonarda, aparecieron en La Filomena (1621) y La Circe (1624).

En 1621 Marcela, la hija de Lucinda, ingresó en el cercano convento de las trinitarias. Por las mismas fechas, quizá algo antes, Marta de Nevares pierde la vista, lo que será el prólogo de otra serie de desgracias familiares que acometerán al viejo poeta. En tanto, Lope trata de acercarse a los nuevos gobernantes. Desde 1621 reinaba Felipe IV y gobernaba don Gaspar de Guzmán, conde-duque de Olivares. A éste y a su hija dedica alguna obra, pero no consigue el favor buscado. El desaire de los poderosos irá engendrando un sentimiento de desengaño y frustración que impregnará sus obras de vejez.

Parece que en 1628 Marta sufrió ataques de locura. A pesar de todo, el Fénix sigue publicando: el Laurel de Apolo (1629), El castigo sin venganza (1631), La Dorotea (1632). En este último año, el 7 de abril, muere, con poco más de 40 años, Marta de Nevares.

Con la muerte de Amarilis no terminaron las desdichas y las inquietudes de Lope, porque en 1634 moría su hijo Lope Félix, y su hija Antonia Clara, la que tuvo con Marta de Nevares, se fugaba de casa con Cristóbal Tenorio, lo que lamentará bellísimamente Lope en la égloga «Filis».

Lope no dejó de escribir hasta cuatro días antes de su muerte. El 25 de agosto de 1635 sufrió un desmayo que le obligó a guardar cama. Dos días después, el lunes 27, moría en su casa de la calle de Francos cuando contaba setenta y tres años. El martes lo enterraron solemnemente en la iglesia de San Sebastián. Las honras fúnebres las costeó el duque de Sessa y se convirtieron en un homenaje multitudinario. El funeral acordado por el ayuntamiento de Madrid fue prohibido por el Consejo de Castilla; la vida irregular que había llevado el poeta le persiguió aun después de muerto.

Filis /Zaida= Elena Osorio

Belisa = Isabel de Alderete o Urbina

Celia /Camila Lucinda =  Micaela Luján

Amarilis /Marcia Leonarda  = Marta de Nevares

(Fuente: Apuntes biográficos de Lope de Vega en CVC)

“Un soneto me manda hacer Violante”, Lope de Vega

Un soneto me manda hacer Violante
que en mi vida me he visto en tanto aprieto;
catorce versos dicen que es soneto;
burla burlando van los tres delante.

Yo pensé que no hallara consonante,
y estoy a la mitad de otro cuarteto;
mas si me veo en el primer terceto,
no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Por el primer terceto voy entrando,
y parece que entré con pie derecho,
pues fin con este verso le voy dando.

Ya estoy en el segundo, y aun sospecho
que voy los trece versos acabando;
contad si son catorce, y está hecho.

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Grabación sonora del Instituto Cervantes:

http://www.cervantesvirtual.com/obra/un-soneto-me-manda-hacer-violante-soneto–0/

Soneto incluido en  La niña de plata, comedia de intriga amorosa, llena de humor y  tensión dramática, datada en 1607.

La acción transcurre en Sevilla, donde el infante don Enrique, hijo del rey don Pedro, llega de visita. Allí conoce a la humilde Dorotea, llamada por los sevillanos “la niña de plata”. El infante, enamorado al instante de ella, hará todo lo posible por conseguirla, no dudando en comprar a aquellos que la rodean. Dorotea debe hacer frente a los deseos del infante con su inteligencia, y calmar así los celos de su verdadero amor, don Juan.

Este tipo de composiciones recibe el nombre de “metapoemas”, ya que el tema es la propia realización del poema: un soneto del soneto. Se trata de un ejercicio metapoético en el que se va descubriendo la composición del poema paso a paso.

Diego Hurtado de Mendoza  (1503-1575)  fue el primero en cultivar el burlesco tema del “soneto del soneto”.

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“Que el soneto nos tome por sorpresa” (Jorge Drexler), de la película “Lope”

‘Que el soneto nos tome por sorpresa’ es el título de la canción compuesta por el cantautor uruguayo Jorge Drexler como tema principal para ‘Lope’, película centrada en la figura del conocido poeta y dramaturgo español Lope de Vega que ha dirigido Andrucha Waddington.

http://www.elseptimoarte.net/-que-el-soneto-nos-tome-por-sorpresa–de-jorge-drexler-tema-central-de–lope–8868.html

Entrar en este verso como el viento,
que mueve sin propósito la arena,
como quien baila que se mueve apenas,
por el mero placer del movimiento.

Sin pretensiones, sin predicamento,
como un eco que sin querer resuena,
dejar que cada sílaba en la oncena
encuentre su lugar y su momento.

Que el soneto nos tome por sorpresa,
como si fuera un hecho consumado,
como nos toman los rompecabezas,

que sin saberlo, nacen ensamblados.
Así el amor, igual que un verso empieza,
sin entender desde donde ha llegado.

Que el soneto nos tome por sorpresa,
como si fuera un hecho consumado,
como nos toman los rompecabezas,

que sin saberlo, nacen ensamblados.
Así el amor, igual que un verso empieza,
sin entender desde donde ha llegado.