La literatura del barroco: LIM 3º ESO

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La mentalidad barroca: la derrota del ideal humanista

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El hombre del siglo XVII sufre un duro desengaño. La vitalidad y el optimismo que trajo consigo el Renacimiento se desvanecen. La guerra, el hambre, las enfermedades y la muerte se encargan de desmentir el sueño del humanismo. La realidad está dominada por la violencia y el cambio, y cubierta con un grueso manto de apariencias que disfrazan su auténtico carácter. El sentimiento que domina es la inquietud, que se proyecta en distintos aspectos:

  • La naturaleza deja de ser un hogar para el hombre, es un ámbito hostil, caótico, erizado de peligros, por eso es preciso construir una estructura artificial que nos ofrezca cobijo. Es la época de los grandes sistemas, no sólo en el campo científico (Newton, Kepler, Galileo), sino también en la sociedad (pasión por el ceremonial), en la política (auge del absolutismo) y en el arte (exuberancia de las fachadas en la arquitectura, triunfo de las preceptivas poéticas, desarrollo de la música como arte puramente formal, aritmético).
  • El ser humano inspira desconfianza, se ha dejado de creer en su bondad, se piensa más bien que “el hombre es un lobo para el hombre”, triunfa una visión escéptica y pesimista de la sociedad.
  • La vida se entiende como tránsito hacia la muerte, ya no es el ámbito donde el hombre se realiza a través de sus obras, es un sueño fugaz, irreal y vano. Lo que somos y lo que hacemos está condenado a la destrucción según la ley del tiempo, que devora al hombre, arrastrándolo “de la cuna a la sepultura” sin que pueda hacer nada para evitarlo. Ante este hecho cabe reaccionar con una actitud ascética, estoica (desprecio del mundo, aceptación serena del dolor y la muerte) o disfrutando del momento presente antes de que pase definitivamente (el tópico del carpe diem).
  • Dios y la religión se convierten en la única respuesta a la angustia de vivir. El hombre es el único ser de la creación que conoce el hecho cierto de su muerte, y una muerte conocida es una muerte adelantada. Vivir es “ir muriendo cada día”; desde este punto de vista, la trascendencia es el último refugio donde cabe encontrar amparo.
  • La libertad queda oscurecida, parece que la historia de los pueblos y el destino individual de las personas se deciden al margen de su voluntad. El mundo se asimila a una representación teatral, en la que Dios es el autor y los hombres los actores que representan el papel que les ha tocado en suerte. Sería ingenuo pensar que tienen algo que decir sobre su argumento o su desenlace. La única actitud sensata es adaptarse a las circunstancias, cumpliendo con la función que cada cual tiene encomendada, para ser recompensado después de abandonar el escenario.

En el fondo, el Barroco nace de la melancolía, de esa tristeza vaga e indefinida que domina a aquel que sabe que, haga lo que haga, tiene perdida la batalla antes de empezar a luchar. En estas condiciones, la ansiedad de disfrutar, de apurar las escasas alegrías que la vida nos ofrece, se mezcla con el hastío, el taedium vitae, que surge cuando se tiene la certeza de que esos goces no conducen a nada y se agotan en sí mismos.

Fuente Cide@ad