Biografía de Oscar Wilde (Canal Enciclopedia)

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De Profundis: carta de Oscar Wilde a Bosie (parte III)

DE PROFUNDIS: EPISTOLA IN CARCERE ET VINCULIS

El 3 de abril , al comenzar el primer juicio, Queensberry disponía de pruebas más que suficientes para demostrar que Wilde había mantenido relaciones sexuales con unos cuantos muchachos. Algunos amigos recomendaron a Wilde que lo dejara correr y retirara la denuncia, pero Douglas, empeñado en combatir a su padre, le animaba. Este primer juicio acabó con la absolución de Queensberry y dio un giro radical a la situación, ya que en el segundo y en el tercero fue Wilde quien se sentó en el banco de los acusados, junto a Alfred Taylor, que regentaba un prostíbulo masculino. En el segundo juicio el jurado fue incapaz de llegar a un veredicto, y se hizo un tercero, que acabó con una sentencia de dos años de prisión, la máxima pena prevista por la Criminal Amendment Act, una ley de 1885 que criminalizaba la homosexualidad masculina.

Fueron dos años de miserias físicas y de toda clase, incluyendo la bancarrota, la muerte de su madre y la cesión de la custodia de sus hijos, a quienes no vería más. En medio de la desgracia, el nombramiento de J.O. Nelson como director de la prisión de Reading le permitió tener pluma y papel de forma permanente. Por eso, entre enero y marzo de 1897, pudo escribir De Profundis, que es una carta dirigida a Bosie y motivada por el silencio de éste ante la negativa de Wilde de dejarse dedicar un libro de poemas.

En esta carta, que es el único documento autobiográfico, Wilde disecciona su amistad con Douglas y explica el viaje hacia el fondo de sí mismo al que le empujó el descubrimiento del dolor.

” Querido Bosie:

Después de una espera larga e infructuosa he decidido escribirte yo, por tu bien y el mío, ya que no desearía pensar que pasé dos largos años en la prisión sin haber recibido ni una sola línea tuya, …”

Traducción del catalán y resumen del Prólogo de Jordi Larios a Oscar Wilde, De Profundis

De Profundis: carta de Oscar Wilde a Bosie (parte II)

DE PROFUNDIS: EPISTOLA IN CARCERE ET VINCULIS

El 1 de abril de 1894, cuando Wilde y Bosie acababan de regresar a Londres, el marqués de Queensberry, al corriente de los rumores que corrían sobre el asunto, los vio comiendo en el Café Royal. Al llegar a casa escribió a su hijo pidiéndole que pusiera fin a aquella amistad. Bosie, que detestaba a su padre, le replicó con un telegrama impertinente. Era la primera escaramuza de una guerra familiar que, aunque al principio nada tenía que ver con Wilde, lo arruinó en todos los aspectos. A finales de mayo ya creyó prudente consultar con el abogado C.O. Humphreys sobre la actitud del marqués, que había amenazado a su hijo con organizar un escándalo público si no rompía con su compañero.  De hecho, el 30 de junio Wilde recibió una visita inesperada y muy poco cordial de Queensberry, visita que después describiría en De Profundis y que tenía como finalidad alejarlo de Bosie. Pero no se dejó intimidar y la visita fue inútil, de manera que padre e hijo continuaron intercambiando amenazas y provocaciones, hasta el punto de que Douglas llevaba una pistola para defenderse de una posible agresión del marqués.

A Wilde todavía se le presentó otra oportunidad de escapar de la locura de los Douglas. Fue después un episodio lamentable ocurrido en octubre de 1894, en Brighton. Douglas cayó enfermo en un hotel de la ciudad y Wilde lo veló con el afecto que se desprende de lo que explica en De Profundis. Cuando se recuperó fue Wilde quien cayó enfermo, y Douglas no solo se desentendió sino que lo trató con una brutalidad inexplicable. Pero cuando Wilde llegó a Londres y se disponía a comunicar a Queensberry, a través de un abogado, que había tomado la decisión de no volver a ver jamás a su hijo, le llegó la noticia de la muerte de Francis, el hermano de Bosie, en circunstancias más bien oscuras.

Francis era secretario de Lord Rosebery, por aquel entonces Ministro de Asuntos Exteriores, y es probable que se suicidara por miedo a un posible escándalo a causa de su íntima relación con el Ministro. Queensberry lo sospechaba y se acabó de convencer de la necesidad de separar a Bosie de Wilde. Pero la muerte de Francis hizo que Wilde volviera a perdonar a Douglas.

Lo que puso en marcha la serie de tres juicios que determinaron la caída de Wilde fue una tarjeta que Queensberry le dejó en el Albermale Club acusándolo de ser homosexual, o, más exactamente, de hacerlo ver. Mal aconsejado por Douglas, que manifestó que su familia estaría dispuesta a hacerse cargo de los gastos legales, el 1 de marzo de 1895 denunció al marqués por difamación, y  Queensberry fue  arrestado.

De Profundis: carta de Oscar Wilde a Bosie (parte I)

DE PROFUNDIS: EPISTOLA IN CARCERE ET VINCULIS

Con la publicación de El retrato de Dorian Gray, Wilde obtiene el reconocimiento como escritor, pero es un reconocimiento teñido por el escándalo. En este sentido , no es de extrañar que la crítica se haya referido a su publicación como el primer paso de una trayectoria que habría de culminar en la ignominia de los juicios y la condena de 1895. Y es precisamente en  medio de la polvareda levantada por la publicación de El retrato de Dorian Gray cuando aparece en la vida de Wilde un joven, Lord Alfred Douglas (Bosie), que le acompañará en esta trayectoria y será uno de los agentes indiscutibles de la ignominia final.

Wilde regaló un ejemplar de la novela al poeta Lionel Johnson, que formaba parte del círculo de sus amistades, y éste la dejó a Douglas, que era primo suyo. Douglas quedó fascinado por la historia de Dorian, y Lionel Johnson le presentó al autor.

Alfred Douglas – o Bosie, como le llamaban familiarmente – era el tercer hijo del noveno marqués de Queensberry, un aristócrata rico, amante de la caza y el boxeo (inventó las reglas que rigen este deporte), que menospreciaba a su hijo pequeño y practicaba el energunismo de manera más o menos sistemática,  tanto en público como en privado.

Cuando Wilde le conoció, Bosie tenía veintidós años y estudiaba lenguas clásicas en el Magdalen College. Su relación, al principio superficial, se intensificó en la primavera de 1892, al perdirle Douglas que lo ayudara a resolver un chantaje de que era víctima a causa de una carta comprometedora. Wilde se desplazó a Oxford y dejó el asunto en manos de su abogado, que recuperó la carta pagando. Se enamoró de Douglas y en octubre de ese mismo año conoció a Lady Queensberry, la madre de Bosie, quien le advirtió que su hijo era una persona muy vanidosa y que tenía las manos agujereadas. Wilde, que también era vaniodoso y nunca había hilado muy fino con el dinero, de momento no hizo caso, a pesar de que no tardó en darse cuenta de hasta que  punto Lady Queensberry tenía razón. Douglas, que era muy caro de mantener, se empeñó en depender económicamente de Wilde y lo consiguió. Por otro lado, a Wilde tampoco le costó mucho comprobar que, además de ser una carga desde el punto de vista económico, su amante tenía un genio feroz y una tendencia sorprendente a organizar escenas violentas con cualquier pretexto.

Parece que el sexo fue un factor más bien secundario en su relación, pero lo que sí fue importante para Wilde es que Douglas lo introdujera en el mundo de la prostitución masculina.. Tal como señala Auden, hasta el momento todas las aventuras de Wilde se habían producido con gente de su propia clase social, es decir, muy poco peligrosos. Pero frecuentando chicos que se prostituían por dinero se exponía a que lo chantajearan, que es lo que en 1893 le pasó con Alfred Wood, un tipo al que Douglas le había regalado ropa que le sobraba sin advertir que había unas cartas de Wilde en los bolsillos.  Wilde pudo recuperar todas estas cartas menos una, que más tarde iría a parar a manos de Queensberry.

Wilde sabía que la amistad con Douglas no le hacía ningún bien e intentó romperla en varias ocasiones. A petición de su mujer, en marzo de 1894, Wilde le envió un telegrama desde París asegurándole que pasaría meses sin verlo ni escribirle. Al recibirlo, Douglas se fue a París donde le esperaba una carta de Wilde confirmando que no quería verlo. Douglas respondió con un larguísimo telegrama en que daba a entender que si no cambiaba de parecer se suicidaría. Ante esto, Wilde, que no ignoraba que en la familia de Douglas ya se había producido algún suicidio, cedió, y se produjo la reconciliación.