Milonga de los morenos, Jorge Luis Borges

Alta la voz y animosa
como si cantara flor,
hoy, caballeros, le canto
a la gente de color.

Marfil negro los llamaban
los ingleses y holandeses
que aquí los desembarcaron
al cabo de largos meses.

En el barrio de Retiro
hubo mercado de esclavos;
de buena disposición
y muchos salieron bravos.

De su tierra de leones
se olvidaron como niños
y aquí los aquerenciaron
la costumbre y los cariños.

Cuando la patria nació
una mañana de Mayo,
el gaucho sólo sabía
hacer la guerra a caballo.

Alguien pensó que los negros
no eran ni zurdos ni ajenos
y se formó el Regimiento
de Pardos y de Morenos.

El sufrido regimiento
que llevó el número seis
y del que dijo Ascasubi:
“Más bravo que gallo inglés”.

Y así fue que en la otra banda
esa morenada, al grito
de Soler, atropelló
en la carga del Cerrito.

Martín Fierro mató a un negro
y es casi como si hubiera
matado a todos. Sé de uno
que murió por la bandera.

De tarde en tarde en el Sur
me mira un rostro moreno,
trabajado por los años
y a la vez triste y sereno.

¿A qué cielo de tambores
y siestas largas se han ido?
Se los ha llevado el tiempo,
el tiempo, que es el olvido.

Veles e vents han mos desigs complir, Ausiàs March

 

Veles e vents han mos desigs complir,
faent camins dubtosos per la mar.
Mestre i ponent contra d’ells veig armar;
xaloc, llevant, los deuen subvenir
ab llurs amics lo grec e lo migjorn,
fent humils precs al vent tramuntanal
que en son bufar los sia parcial
e que tots cinc complesquen mon retorn.

Bullirà el mar com la cassola en forn,
mudant color e l’estat natural,
e mostrarà voler tota res mal
que sobre si atur un punt al jorn.
Grans e pocs peixs a recors correran
e cercaran amagatalls secrets:
fugint al mar, on són nodrits e fets,
per gran remei en terra eixiran.

Amor de vós jo en sent més que no en sé,
de què la part pitjor me’n romandrà;
e de vós sap lo qui sens vós està.
A joc de daus vos acompararé.

Io tem la mort per no ser-vos absent,
perquè amor per mort és anul•lat:
mas jo no creu que mon voler sobrat
pusca esser per tal departiment.
Jo só gelós de vostre escàs voler,
que, jo morint, no meta mi en oblit.
Sol est pensar me tol del món delit,
car nós vivint, no creu se pusca fer:
aprés ma mort, d’amar perdau poder,
e sia tost en ira convertit.
E, jo forçat d’aquest món ser eixit,
tot lo meu mal serà vós no veer.

Amor, de vós jo en sent més que no en sé,
de què la part pitjor me’n romandrà,
e de vós sap lo qui sens vós està:
A joc de daus vos acompararé.

 

“Grillo constante”, Mario Benedetti

Mientras aquí en la noche sin percances
pienso en mis ruinas, bajo a mis infiernos,
inmóvil en su dulce anonimato
el grillo canta nuevas certidumbres.

 

Mientras hago balance de mis yugos
y una muerte cercana me involucra,
en algún mágico rincón de sombras
canta el grillo durable y clandestino.

 

Mientras distingo en sueños los amores
y los odios proclamo ya despierto,
implacable, rompiente, soberano,
el grillo canta en nombre de los grillos.

 

La ansiedad de saber o de ignorar
flamea en la penumbra y me concierne,
pero no importa, desde su centímetro
tenaz como un obrero canta el grillo.

 

Mario Benedetti

La “dama negra” de Shakespeare

 

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Apenas has gozado lo desprecias;
Primero, a la razón se lo prefiere
Y más que la razón es luego odiado,
Señuelo que arrastra a la locura.
Es locura el asedio y la conquista,
Los trabajos del antes y el durante,
Es júbilo deseado y triunfo amargo,
Alegría primero, después sueño.

Y sabiéndolo todos nadie sabe
Sortear el cielo que nos da ese infierno.

 

El historiador británico Aubrey Burl asegura haber resuelto uno de los grandes enigmas en torno a la figura de William Shakespeare: la identidad de la Dama Negra, que inspiró algunos de sus más célebres sonetos. Según Burl, miembro de la Sociedad de Anticuarios, la misteriosa dama sería Aline Florio, la esposa de un traductor italiano de la época, ha publicado el diario británico The Times.

Asegura el historiador, que durante años ha investigado la obra de Shakespeare, así como biografías y otros documentos, que creó una lista previa de mujeres que podían ser la dama negra: un ama, una cortesana, alguna bella espectadora de sus obras o la mujer de un fabricante de pelucas. Pero después centró su investigación basándose en pistas sugeridas en los propios textos de Shakespeare que le llevaron a pensar que esa dama estaba «casada, le gustaba la música, tenía hijos, era infiel, le gustaba el sexo y era egocéntrica y egoísta».

Esta «joya», dice Burl, tenía nombre: «la esposa de Florio, de soltera Aline Daniel, que probablemente conoció a Shakespeare en Titchfield, la casa del conde de Southampton. Volvieron a encontrarse en Londres en la casa de Florio en Shoe Lane, cerca de River Fleet». Añade el historiador que traicionaba al tiempo a su marido, a Shakespeare y al propio conde de Southampon. «Era una mujer pagada de sí misma, que amaba para su propia satisfacción y hería y perjudicaba al igual a poetas y condes».

Shakespeare dedicó sus sonetos 127 a 154 a la que se conoce como la dama negra (o dama oscura), y en ellos el dramaturgo habla de una amante bella y misteriosa con el cabello oscuro y ojos negros como cuervos.

ABC CULTURA Día 09/01/2013