Rebeldes, Susan E. Hinton

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Susan E. Hinton es una escritora estadounidense de literatura juvenil e infantil, que nació en Tucsa (Oklahoma) en 1950. Se inició en la escritura a una edad muy temprana. Le gustaba escribir sobre todo aquello que le rodeaba y atraía su atención.

Sus años adolescentes fueron ricos en vivencias y experiencias, que ella supo utilizar poniéndolas en boca de sus personajes, ya que, según ella misma afirma, escribía los libros que le hubiera gustado leer, pero que no encontraba en las librerías.

A la edad de diecisiete años envió uno de sus originales a una editorial y fue publicado. Se trataba de “Rebeldes” (Outsider, 1967), tuvo un gran éxito e inmediatamente se tradujo a varios idiomas; al año de su publicación fue seleccionado por el periódico New York Herald Tribune como “el mejor libro dirigido a jóvenes” de Estados Unidos. Ese año se vendieron más de nueve millones de ejemplares.

Tres años más tarde, ante la demanda del público juvenil y del éxito de su primer libro, Rebeldes, decidió escribir la continuación de la historia con el libro La Ley de la calle, que, al igual que el anterior, obtuvo un gran éxito de ventas.

Curiosidades sobre la autora:

  • El realismo que fluye de sus historias es profundo, auténtico y lleno de fuerza. Refleja la cruel realidad social juntamente con los graves conflictos que viven los jóvenes inmersos en problemas personales y familiares, y las formas en que estos les superan o desbordan por su magnitud.
  • Los recuerdos personales y las vivencias de sus años de estudiante le sirvieron a Susan E. Hinton para retratar en sus obras las historias, las situaciones, las diferencias de clases sociales, las riquezas mal repartidas, el desarraigo familiar, los personajes y los conflictos de la juventud de aquellos años y de aquel ambiente, pero a su vez tan cercanos y tan reales, como los que existen en la actualidad en los entornos de cualquier gran ciudad y de cualquier país.
  • De visita por tierras españolas,se dio un respiro como escritora y se quedó a vivir a un pueblo del sur de España, donde nació su hija. Años después regresa a su país. Ya en su tierra, decidió abandonar el realismo literario que había cultivado hasta entonces en sus obras e iniciarse como autora de una nueva tendencia literaria: el género fantástico, destinado al público infantil.    (M. Ángeles Bravo: EDU365.CAT)

REBELDES, SUSAN E. HINTON

PROPUESTA DE LECTURA

WEB DE LA ESCRITORA

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Donde aprenden a volar las gaviotas, Ana Alcolea (guía de lectura)

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Un verano,  un viaje, el inglés, la ausencia de padres,  una  edad  de confín:  estamos ante un libro  que cuenta  los avatares  de un rito  de paso.  Los padres  se proponen que  mejore  el inglés  de  su  hijo  Arturo,  adolescente «martirizado» por  su evocador   nombre   y   por   el  de  su  hermana Morgana. Humildes   expectativas para  un  chico de quince  años que  realiza  un viaje tan prometedor a un país de paisaje exótico  como  Noruega.  Arturo,   Erik  y Karin, espoleados  por  el descubrimiento accidental  de una caja metálica enterrada en el jardín, comienzan una investigación de resultados impredecibles.

 

Sumergidos  en la luz inextinguible del verano  boreal,  viajan a través de un paisaje motivo de continuas y emocionantes sorpresas: la grandiosidad de los fiordos; los viejos modos  de vida en las cabañas  de la montaña y en las de los viejos puertos pesqueros, dedicados  al bacalao; las carreteras interrumpidas y los transbordadores  de un paisaje donde  una naturaleza casi virgen  mantiene una presencia rotunda y hermosa.  (Anaya)

Entre tonos de gris, Ruta Sepetys (cuestionario de lectura)

stalinJunio de 1941, Kaunas, Lituania. Lina tiene quince años y está preparando su ingreso en una escuela de arte. Tiene por delante todo lo que el verano le puede ofrecer a una chica de su edad. Pero de repente, una noche, su plácida vida y la de su familia se hace añicos cuando la policía secreta soviética irrumpe en su casa llevándosela en camisón junto con su madre y su hermano. Su padre, un profesor universitario, desaparece a partir de ese día. A través de una voz narrativa sobria y poderosa, Lina relata el largo y arduo viaje que emprenden, junto a otros deportados lituanos, hasta los campos de trabajo de Siberia. Su única vía de escape es un cuaderno de dibujo donde plasma su experiencia, con la determinación de hacer llegar a su padre mensajes para que sepa que siguen vivos. También su amor por Andrius, un chico al que apenas conoce pero a quien, como muy pronto se dará cuenta, no quiere perder, le infunde esperanzas para seguir adelante. Este es tan solo el inicio de un largo viaje que Lina y su familia tendrán que superar valiéndose de su increíble fuerza y voluntad por mantener su dignidad. ¿Pero es suficiente la esperanza para mantenerlos vivos?

EL CONTEXTO HISTÓRICO

[…] El resultado de este régimen de terror fue un partido totalmente sumiso a la persona de Stalin, un Estado bajo su completo control personal y una población soviética paralizada por el miedo a manifestar cualquier discrepancia incluso ante sus allegados por miedo a ser delatados.

El instrumento esencial para el control fue el NKVD o Comisariado para los Asuntos Interiores, creado en 1934 como heredero de la Cheka y la OGPU, órganos que se habían formado tras la revolución para garantizar el control del orden revolucionario en todos los niveles de la sociedad soviética. El NKVD funcionaba como una auténtica policía secreta y sus servicios de información eran capaces de infiltrarse en cualquier ámbito. Sus cometidos eran, por tanto, la vigilancia política, la seguridad interna del país y el control de la inmensa red de campos de trabajo y de castigo establecidos por todo el territorio soviético.

El NKVD existió formalmente hasta que en 1946 fue integrado con otros organismos dentro de una estructura mayor, conocida como el KGB, que se fundó en 1954 y cuyos cometidos no solo abarcaban la seguridad interna en la URSS, sino también un servicio de inteligencia en el exterior que llevaba a cabo labores de espionaje en las potencias occidentales en medio de un clima de rivalidad característico de la guerra fría.

La política exterior de Stalin se rigió por criterios de pragmatismo en los que el dictador anteponía sus ambiciosos intereses expansionistas; ello le llevó a firmar con el régimen nazi de Hitler, teóricamente su adversario ideológico más encarnizado, el famoso Pacto Germano-Soviético firmado en Moscú en agosto de 1939 por Ribbentrop y Molotov, ministros de Asuntos Exteriores de ambos países respectivamente. En este acuerdo entre las dos dictaduras, ambos renunciaban formalmente a la agresión mutua, pero escondían unas terribles cláusulas secretas por las que los soviéticos permitían a los alemanes la conquista de la parte occidental de Polonia y los alemanes, a su vez, dejaban manos libres a Stalin para extenderse por la zona oriental de Polonia y la conquista de Finlandia, así como de  los Estados bálticos de Estonia, Letonia y Lituania.

Este fue el detonante del estallido de la Segunda Guerra Mundial. A las pocas semanas del acuerdo, los alemanes invadirían su parte acordada de Polonia y los soviéticos harían lo propio en su zona establecida.

La ocupación soviética de Lituania tuvo lugar el 14 de junio de 1940, y el 3 de agosto, este pequeño Estado del Báltico quedó formalmente integrado en la URSS.

Los soviéticos querían neutralizar cualquier resistencia a la ocupación y por ello se aseguraron de anular a colectivos que podían ser especialmente críticos con ella, como es el caso de los intelectuales lituanos, perfil al que pertenece la familia protagonista de la novela. Comenzó una deportación masiva de lituanos, finlandeses, letones  y polacos, entre otros grupos, que fueron arrancados violentamente de sus hogares y enviados a los confines más alejados e incomunicados del imperio soviético.

Cuando en el verano de 1941, Hitler llevó a cabo su ataque a la Unión Soviética, uno de los primeros territorios en ser invadido por las divisiones alemanas hacia el norte fue Lituania. Tampoco correría mejor suerte la población civil, ahora en manos del régimen nazi, que aplicó una política de masacre racial contra judíos lituanos.

Lituania estuvo ocupada por los alemanes hasta 1944, año en que fue reconquistada por los soviéticos que, aliados con las potencias occidentales, vencieron en la Segunda Guerra Mundial. Stalin se presentaba ahora ante el mundo como un «héroe» de la que la propaganda soviética denominó la «gran guerra patriótica contra el fascismo», pero pocas esperanzas de libertad les quedaban a todos los territorios que habían sido liberados por el Ejército Rojo, ya que las conferencias interaliadas que cerraron la guerra consagraron una situación en la que la zona oriental de Europa y los territorios del Báltico quedaban sometidos a la órbita soviética y, por tanto, a la órbita de Stalin. Por eso, la suerte de miles de lituanos deportados a los confines de Siberia nada cambió con la llegada de la paz.

El sistema de concentración soviético: el Gulag

El término «Gulag» es un acrónimo de las palabras rusas Glávnoie Upravleine Lagueréi, es decir, Dirección General de los Campos. Aunque este organismo fue creado formalmente en 1930 bajo el régimen de Stalin, ya desde los años veinte se fue tejiendo toda una red de campos y colonias penitenciarias que se extendía desde los confines más septentrionales de Europa hasta los de Asia. El sistema de campos se mantuvo, de hecho, hasta los años ochenta del siglo XX, aunque fue en tiempos de Stalin cuando adquirió sus más terribles dimensiones.

A partir de la invasión soviética de los territorios y durante la Segunda Guerra Mundial, los ciudadanos de los países bálticos, finlandeses y polacos fueron objeto de la deportación a la red de campos del Gulag. Su «delito» consistía simplemente en pertenecer a una nación sospechosa de antisocialismo y, por tanto, no es de extrañar que las deportaciones afectaran por igual a hombres, mujeres, ancianos y niños.

El NKVD, dirigido durante estos años por Laurentii Beria, burócrata allegado a Stalin y el segundo hombre más temido en la URSS durante este período, determinaba el número de personas que se debía detener e indicaba los grupos sociales o las minorías nacionales que debían ser depuradas.

Es cierto que el régimen del Gulag no tenía como fin inmediato el exterminio sistemático de todos estos grupos, en contraste con los campos de exterminio establecidos por los nazis en Polonia. En realidad, el sistema soviético necesitaba de toda esta gente como mano de obra esclava en tierras, minas, construcciones de asentamientos, obras faraónicas de ingeniería civil y militar, etcétera.

Pero las terribles condiciones a las que eran sometidos hacían muy difícil su supervivencia, tal y como se aprecia en la lectura de la novela. Entre las causas generales del alto índice de mortalidad en el «archipélago Gulag» (en palabras de A. Solzhenitsyn) figuraba la extrema dureza del clima ártico. En este sentido, fue conocida una norma establecida por el responsable de los campos de Kolymá, E.Berzin, de que solo se suspendería el trabajo en las minas a cielo abierto si el termómetro descendía de los cincuenta grados bajo cero.

También, sin duda, el régimen de alimentación cercano a la hambruna, figuraba como otra causa importante. Las raciones de los prisioneros dependían habitualmente del trabajo realizado, siendo enormemente escasas para el esfuerzo que conllevaba, pero en ocasiones su cantidad y calidad dependía de la voluntad arbitraria de los guardianes del NKVD, quienes castigaban caprichosamente a cualquier víctima por el motivo más nimio. No era, por tanto, extraña, la aparición de enfermedades derivadas de la subalimentación como el escorbuto o la disentería.

La falta de higiene y la ausencia de cualquier cuidado médico también provocaban la aparición de piojos, que podían ser portadores de enfermedades como el tifus, muy común en cualquier campo de concentración donde la población se hacinaba en condiciones infrahumanas.

Los agentes del NKVD y, por extensión, el sistema estalinista eran conscientes de estas condiciones y sabían muy bien que el mantenimiento de los presos en los límites de la subsistencia neutralizaba o al menos dificultaba mucho cualquier tentativa de resistencia y que, al despojarles de cualquier modo de vida medianamente digno, las víctimas entrarían no solo en la dinámica del trabajo esclavo, sino también en el sometimiento a los comportamientos corruptos de los guardianes.

                 De “Guía de lectura Maeva” elaborada por IÑAKI  MENDOZA  GURREA

 

CUESTIONARIO PRIMERA PARTE:  “LADRONES Y PROSTITUTAS”

Las visiones retrospectivas de Lina nos dan a conocer su inquietud por la obra de Munch y su visión desgarradora de la existencia, especialmente en su obra El grito, imagen que estará presente en la mente de Lina, cuyo talento artístico fue descubierto por su profesora.

Hijo de un médico de enfermos pobres, Munch vio morir de tisis a su madre y a su hermana mayor cuando tenía catorce años. “La enfermedad, la locura y la muerte eran los ángeles negros que vigilaban mi cuna”, escribió.

El pintor decía de sí mismo que, del mismo modo que Leonardo da Vinci había estudiado la anatomía humana y diseccionado cuerpos, él intentaba diseccionar almas.

“Iba por la calle con dos amigos cuando el sol se puso. De repente, el cielo se tornó rojo sangre y percibí un estremecimiento de tristeza. Un dolor desgarrador en el pecho. Me detuve; me apoyé en la barandilla, preso de una fatiga mortal. Lenguas de fuego como sangre cubrían el fiordo negro y azulado y la ciudad. Mis amigos siguieron andando y yo me quedé allí, temblando de miedo. Y oí que un grito interminable atravesaba la naturaleza.”

 

El grito refleja sus propios temores y tormentos. Su fuerza expresiva se debe en gran medida a las técnicas y efectos pictóricos empleados, la estridencia del colorido y la sinuosidad de las líneas.

Se expresa la soledad del ser humano y su pesimismo frente las adversidades. El grito de terror trae consigo la tensión y el pánico interior que destruyen la anatomía. Los rasgos de rostro desaparecen bajo el gesto. No hay nada de realismo, se representa el interior y no el exterior.

La figura del primer plano aprieta las manos contra la cara como signo de angustia y desesperación, mientras que en segundo plano aparecen otras personas frías y distantes como queriendo significar que el prójimo no nos ayuda en los momentos de desconsuelo.

El paisaje participa en ese malestar. El cielo encendido y los torbellinos parecen envolver amenazadoramente a la persona que grita. Los colores cálidos y fríos no están compensados, su efecto es agresivo, ofreciendo una imagen angustiada de la realidad y del mundo interior. (ArtEEspaña)

CUESTIONARIO DE LA SEGUNDA PARTE: “MAPAS Y SERPIENTES”

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UNA NACIÓN DE ESCLAVOS

[…] Entre 1929, cuando los campos de prisioneros por primera vez se volvieron un fenómeno masivo, y 1953, el año de la muerte de Stalin, cerca de 18 millones de personas pasaron por el sistema. Adicionalmente, unos 6 o 7 millones de personas fueron deportados a pueblos en el exilio. El número total de personas con alguna experiencia de encarcelamiento y trabajo forzado en la Unión Soviética estalinista pudo haber estado cerca de los 25 millones, o cerca del 15 por ciento de la población.

También sabemos dónde estaban los campos de concentración –concretamente, en todas partes. Aunque todos estamos familiarizados con la imagen del prisionero en una tormenta de nieve, excavando carbón con un pico, existieron campos de concentración en el centro de Moscú en los que los prisioneros construían bloques de apartamentos o diseñaban aviones, campos de concentración en Krasnoyarsk donde los prisioneros dirigían plantas de energía nuclear, campos de pesca en la costa Pacífica. De Aktyubinsk a Yakutsk, no había un solo centro de gran población que no tuviera uno o varios campos de concentración locales y no existió una sola industria que no empleara prisioneros. Por años, los prisioneros construyeron caminos, ferrocarriles, plantas de energía y fábricas químicas. Fabricaron armas, muebles, repuestos para máquinas e, incluso, juguetes para niños. Anne Applebaum, Gulag: a History.

“Los que sobrevivieron pasaron entre diez y quince años en Siberia. Cuando regresaron a sus casas, a mediados de la década de 1950, los lituanos se encontraron con que los soviéticos habían ocupado sus casas, estaban disfrutando de todas sus pertenencias y hasta habían adoptado sus nombres y apellidos. Lo perdieron todo. A los deportados que regresaron los trataron como a criminales. Se les obligó a vivir en áreas restringidas, bajo la vigilancia constante de la KGB, antes llamado el NKVD. Si hablaban de su experiencia, eran castigados con la cárcel o deportados de nuevo a Siberia, inmediatamente. De resultas de ello, tuvieron que callar los horrores que habían vivido, y esa experiencia se convirtió en un horrible secreto compartido por millones de personas.”  Ruta Sepetys, Entre tonos de gris.

CUESTIONARIO DE LA TERCERA PARTE: “HIELO Y CENIZAS”

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                                                     Edvard Munch – “Cenizas” (1894)

“El juego de Ripper”, la nueva novela de Isabel Allende

«Mi madre todavía está viva, pero la matarán el Viernes Santo a medianoche», le advirtió Amanda Martín al inspector jefe y éste no lo puso en duda, porque la chica había dado pruebas de saber más que él y todos sus colegas del Departamento de Homicidios. La mujer estaba cautiva en algún punto de los dieciocho mil kilómetros cuadrados de la bahía de San Francisco, tenían pocas horas para encontrarla con vida y él no sabía por dónde empezar a buscarla.”                

 

No perdamos el tiempo, Gloria Fuertes

Abrazo_Amoroso_de_Frida_Kahlo-1024x768-181076Si el mar es infinito y tiene redes,
si su música sale de la ola,
si el alba es roja y el ocaso verde,
si la selva es lujuria y la luna caricia,
si la rosa se abre y perfuma la casa,
si la niña se ríe y perfuma la vida,
si el amor va y me besa y me deja temblando 
¿Qué importancia tiene todo eso,
mientras haya en mi barrio una mesa sin patas,
un niño sin zapatos o un contable tosiendo,
un banquete de cáscaras,
un concierto de perros,
una ópera de sarna?
Debemos inquietarnos por curar las simientes,
por vendar corazones y escribir el poema
que a todos nos contagie.
Y crear esa frase que abrace todo el mundo;
los poetas debiéramos arrancar las espadas,
inventar más colores y escribir padrenuestros.
Ir dejando las risas en la boca del túnel
y no decir lo íntimo, sino cantar al corro;
no cantar a la luna, no cantar a la novia,
no escribir unas décimas, no fabricar sonetos.
Debemos, pues sabemos, gritar al poderoso,
gritar eso que digo, que hay bastantes viviendo
debajo de las latas con lo puesto y aullando
y madres que a sus hijos no peinan a diario, 
y padres que madrugan y no van al teatro. 
Adornar al humilde poniéndole en el hombro nuestro verso; 
cantar al que no canta y ayudarle es lo sano. 
Asediar usurcros y con rara paciencia convencerles sin asco. 
Trillar en la labranza, bajar a alguna mina; 
ser buzo una semana, visitar los asilos, 
las cárceles, las ruinas; jugar con los párvulos, 
danzar en las leproserías
Poetas, no perdamos el tiempo, trabajemos, 
que al corazón le llega poca sangre.

Palabras envenenadas, Maite Carranza (guía de lectura)

                      Clica sobre la imagen para ver la guía de lectura

Descripción:

¿Qué pasó con Bárbara Molina? Nunca se encontró su cuerpo ni se consiguieron pruebas para detener a ningún culpable. Una llamada a un móvil pone patas arriba el destino de muchas personas: el de un policía a punto de jubilarse, el de una madre que ha perdido la esperanza de encontrar a su hija desaparecida, el de una chica que traicionó a su mejor amiga. Palabras envenenadas es una crónica de un día trepidante, vivido a contrarreloj y protagonizado por tres personas cercanas a Bárbara Molina, desaparecida misteriosa y violentamente cuando tenía quince años. Un enigma que, después de cuatro años sin resolverse, va a verse sacudido por nuevas claves. A veces, la verdad permanece oculta en la oscuridad y sólo se ilumina al abrir una ventana. Una historia de mentiras, secretos, engaños y falsas apariencias que pone el dedo en la llaga sobre mitos incuestionables. Un relato escalofriante que disecciona la hipocresía de la sociedad española moderna. Una denuncia valiente de los abusos sexuales infantiles, sus devastadoras consecuencia y su invisibilidad en este mundo bienpensante nuestro. (Editorial edebé)

(Guía de lectura extraída de Editorial edebé)

“La ratonera”, de Agatha Christie: 60 años de representaciones ininterrumpidas

La obra tuvo una génesis muy curiosa, ya que partió de un encargo que la emisora BBC hizo a la autora en 1947  para celebrar el 80 cumpleaños de la reina María, esposa de Jorge V, que era una ferviente admiradora de Christie. Para ello, adaptó su cuento “Los tres ratones ciegos” en una pieza radiofónica de veinte minutos de duración que tuvo un gran éxito de audiencia. La obra se inspiró en un caso real que causó una gran conmoción pública en 1945, la muerte del niño Dennis O’Neill, que había sido dado en adopción a unos granjeros.

En 1951 la escritora abordaría de nuevo la reescritura de “Los tres ratones  ciegos”, esta vez para transformarlo en una pieza teatral en tres actos. Sin embargo, al descubrir que existía otra obra con el mismo título, Christie se vio obligada a cambiarlo y aceptó la sugerencia de su yerno Anthony Hicks, quien propuso el de La ratonera. Parece que el título definitic¡vo de la obra se lo inspiró a Hicks un episodio de Hamlet, de William Shakespeare. En el acto tercero de esta tragedia, el príncipe de Dinamarca desea averiguar si su tío fue el asesino de su padre, y con este propósito prepara una función teatral en la que se representa el envenenamiento del rey, en la confianza de que la reacción del tío ante la escena delate su culpabilidad; por eso Hamlet dice que la obra representada se titula La ratonera, dado que debe servir para atrapar al asesino.

Sea como fuere, el título de la obra de Christie resulta muy afortunado, porque consigue expresar la situación que van a vivir los huéspedes de la Casa Monkswell, convertida en una “ratonera” de la que es imposible escapar a causa de la copiosa nevada, una trampa mortal de la que puede ser víctima cualquiera de los personajes reunidos en escena, envueltos en un juego macabro donde, en apariencia, cada uno de ellos puede ser el cazador o la presa.

La obra goza todavía hoy de una salud envidiable. Sus representaciones son ya una institución en la capital británica, además de una atracción turística de primer orden. Cuando los espectadores entran en la sala del teatro, son recibidos por las notas de la cancioncilla popular titulada “Los tres ratones ciegos”, que adquieren una tonalidad siniestra a medida que se repiten a lo largo de la representación, como un ominoso anuncio de la tragedia que se cierne sobre la mansión Monkswell. (Fuente: La ratonera, Ed. Vicens Vives)

Three blind mice,
Three blind mice,
See how they run!
See how they run!
They all ran after the farmer’s wife,
Who cut off their tails with a carving knife;
Did ever you hear such a thing in your life?
As three blind mice.

Tres ratones ciegos,
Tres ratones ciegos,
Mira como corren,
Mira como corren,
Todos corren detrás de la mujer del granjero
Que cortó sus colas con una cuchilla de afeitar,
¿Habías oido algo igual en tu vida
Como tres ratones ciegos?

Una joven pareja ha heredado una mansión y deciden convertirla en una casa de huéspedes. En una fría noche de invierno, van llegando los inquietantes inquilinos que van a pasar el fin de semana: un joven excéntrico, una dama anciana de mal temperamento, un militar retirado, una mujer con aire masculino y un misterioso extranjero … Poco después, un joven sargento de la policía consigue llegar a través de la nieve para advertirles que un peligro les acecha, pues alguno de ellos puede tener relación con un crimen cometido en Londres. A partir de ese momento la casa se convierte en una ratonera. Las sospechas y recelos entre unos y otros se van sucediendo hasta llegar al inesperado final… (sinopsis de ARTES UNIVERSALES)