Las vanguardias literarias europeas

Tomek+S%25C4%2599towski+%252B+Tutt%2527Art%2540+%252847%2529                                              Contexto histórico

Históricamente, la literatura de vanguardia se desarrolla a partir de 1918, aunque algún movimiento, como el futurismo o el cubismo, sea inmediatamente anterior. Durante unos diez años, en el viejo continente reina el optimismo, como suele ocurrir tras los grandes conflictos bélicos. Para olvidar los horrores pasados se practica una literatura de “evasión”. Estamos en el momento de lo que Ortega llamó “la deshumanización del arte”.
El clima es semejante en España, que había permanecido neutral en la contienda europea.

Esta situación dura, aproximadamente, hasta 1930: la depresión económica de Occidente coincide con una honda crisis espiritual en la que naufragan el bullicio optimista y los ideales que habían nutrido a la década anterior. La crisis afecta también a España, país cuya secular descomposición política no favorecía precisamente alegres evasiones. No es que haya división tajante; pero,  a partir de la citada fecha, la poesía, manteniendo algunas adquisiciones de los “años veinte”, perderá extremosidad y, a la vez, tomará otra trayectoria. (Vicente Gaos -adaptación-)

Las vanguardias son la consecuencia del agotamiento de los modelos artísticos de finales del XIX, por una parte, y del deseo de que el arte dé cuenta de un mundo distinto, renovado, vertiginoso y moderno, deportivo y tecnológico, que es el que se abre en 1900. Estos nuevos movimientos —o ismos, como se conocen por la terminación de sus respectivas denominaciones— certifican su nacimiento mediante manifiestos, declaración de intenciones de los artistas, escritores, etc., que participan en la corriente. Son por naturaleza efímeros, aunque alguno de ellos ha sido trascendental para la historia espiritual y artística del XX y hasta de la actualidad, como el surrealismo.

Ramón Gómez de la Serna (1888—1963) es un adelantado de las vanguardias en España. Su carácter único y singular le impidió crear escuela o que otros creadores se sumaran a sus hallazgos literarios, que ilustró sobradamente en la revista, por él creada, Prometeo. Con todo, influiría enormemente en escritores posteriores, especialmente en el tratamiento de las metáforas y las imágenes poéticas, así como en la libertad de su prosa, que no se ceñía a esquemas, géneros ni argumentos. De maneras y actitudes poco convencionales o excéntricas (como celebrar un banquete en un quirófano o dictar conferencias en un circo encima de un elefante), su obra literaria se basa en la ruptura con lo establecido, en las asociaciones delirantes de imágenes y, sobre todo, en la greguería, definida por el mismo Ramón como “Humorismo + Metáfora”. Las greguerías son un compendio de libertad creativa, y en ellas puede haber una mayor carga de humorismo o de lirismo según los ejemplos, y constituyen una nueva forma de ver el mundo, divertida, original y enormemente creativa. Gómez de la Serna se exilió en Buenos Aires tras la guerra civil, y su figura perdió relieve paulatinamente durante la posguerra para recobrarlo en la actualidad.  (ed@ad)

Entre los ismos que llegan a España procedentes de toda Europa figuran, por su trascendencia literaria, el futurismo, el cubismo, el dadaísmo, el ultraísmo, el creacionismo y el surrealismo —este último el de mayor calado y fecundidad en literatura y en el arte en general.

Tanto el futurismo como el ultraísmo —que recoge aspectos del cubismo— son movimientos que se producen entre 1910 y 1920. Ramón Gómez de la Serna  recogió en la revista Prometeo el manifiesto del primero, así como la exaltación del mundo tecnológico y maquinizado que se avecinaba, y se tomaron como material poético los aviones, los coches veloces, las masas de ciudadanos, y, en ocasiones, la violencia o el enfrentamiento bélico. Ninguno de estos ismos tuvo un eco especialmente importante en nuestro país, aún así fueron un caldo de cultivo imprescindible para posteriores generaciones poéticas, especialmente la del 27.

Futurismo

Filippo Tommaso Marinetti, fundador del movimiento cultural conocido como “futurismo”, mostró su decidida ruptura con la tradición  en el primer Manifiesto del futurismo (1909), publicado en el diario parisino Figaro.  En varios manifiestos exaltó una nueva civilización gobernada por las máquinas y la velocidad, defendió la violencia y la guerra, entendida como única posibilidad de afirmación individual, y concibió una nueva expresividad, propuesta a través de la destrucción de la sintaxis y de la abolición del adjetivo, del adverbio y de la puntuación, con la intención de reflejar las sensaciones inmediatas de la vida moderna y de captar con violencia la atención del lector.  (Biografías y vidas)

 

► Dadaísmo

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El dadaísmo fue creado por Tristán Tzara, y proclamaba la libertad absoluta del arte, reivindicaba lo incoherente, lo absurdo, y denunciaba, así, la irracionalidad de un mundo que, basado en el racionalismo y el cientifismo, había llevado a los hombres al desastre de la I Guerra Mundial. Influyó en el desarrollo del surrealismo.

 

 

 

 He aquí las indicaciones de Tzara para crear un poema dadaísta:

 

Tomad un periódico.
Tomad unas tijeras.
Elegid en el periódico un artículo que tenga la longitud que queráis dar a vuestro poema.
Recortad con todo cuidado cada palabra de las que forman tal artículo y ponedlas todas en un saquito.
Agitad dulcemente.
Sacad las palabras una detrás de otra colocándolas en el orden en que las habéis sacado.
Copiadlas concienzudamente.
El poema está hecho.
Ya os habéis convertido en un escritor infinitamente original y dotado de una sensibilidad encantadora, aunque, por supuesto, incomprendida por la gente vulgar.

►Surrealismo

magritteSin embargo, el protagonismo esencial del abundante movimiento vanguardista estaba reservado al surrealismo. El francés André Breton fue su máxima figura y creador, si bien debe mucho a otras vanguardias anteriores como el dadaísmo. Su gran aportación a la cultura y el arte del siglo XX consistió en aunar la corriente intelectual más poderosa de finales del XIX y principios del siglo pasado, el marxismo, con una de las técnicas más revolucionarias de conocimiento científico del hombre, el psicoanálisis. Y ello puesto al servicio de la creación literaria y artística en general, pues se trataba de liberar las fuerzas creadoras del hombre, de transformar la realidad a través, sobre todo, de la poesía, que se consideraba como la herramienta más adecuada para esta revolución lingüística y liberadora. Para ello se propusieron métodos como la escritura automática (dejar la mano correr por el papel sin pensar en lo que se escribe), la asociación libre de imágenes, metáforas y visiones oníricas, etc., todo con el fin de dejar aflorar la auténtica realidad (a esto responde fielmente la expresión francesa surréalisme, es decir, superrealismo), lo contenido en el subconsciente de la mente del hombre.  (ed@ad)

► Cubismo

El cubismo había nacido como escuela pictórica, hacia 1907; pero el llamado Cubismo literario arranca en 1913, gracias a Guillaume Apollinaire (1880-1918). Si, en pintura, suponía la descomposición de la realidad en líneas geométricas, en virtud de una captación intelectual -no sensorial- de los objetos, el Cubismo literario procede igualmente a deshacer la realidad, para recomponerla libremente, mezclando conceptos, imágenes, frases captadas al azar, etc. A ello se añaden (sobre todo tras los famosos Caligramas compuestos por Apollinaire entre 1913 y 1918) especiales disposiciones tipográficas de los versos, formando “imágenes visuales”. Este y otros artificios como el “collage”, serían aprovechados por posteriores movimientos de vanguardia. 

Le Pont Mirabeau (Guillaume Apollinaire)

Sous le pont Mirabeau coule la Seine
Et nos amours
Faut-il qu’il m’en souvienne
La joie venait toujours après la peine
Vienne la nuit sonne l’heure
Les jours s’en vont je demeure
Les mains dans les mains restons face à face
Tandis que sous
Le pont de nos bras passe
Des éternels regards l’onde si lasse
Vienne la nuit sonne l’heure
Les jours s’en vont je demeure
L’amour s’en va comme cette eau courante
L’amour s’en va
Comme la vie est lente
Et comme l’Espérance est violente
Vienne la nuit sonne l’heure
Les jours s’en vont je demeure
Passent les jours et passent les semaines
Ni temps passé
Ni les amours reviennent
Sous le pont Mirabeau coule la Seine
Vienne la nuit sonne l’heure
Les jours s’en vont je demeure

►El creacionismo

Lo inició en París el  poeta chileno Vicente Huidobro, y en 1918 es recibido con entusiasmo en España. “Los creacionistas – decía Huidobro- queremos hacer un arte que no imite ni traduzca la realidad”. De nuevo nos hallamos ante ese alejamiento de la realidad que, desde el Cubismo, conduce a la abstracción. El poema será un objeto autónomo, “creación” absoluta: “hacer un poema como la naturaleza hace un árbol” es la divisa de Huidobro. Así el poeta cultivará el “juego del azar de las palabras” y una imagen que no se basa en la comparación entre dos realidades: éstas se aproximan de modo gratuito o en virtud de una relación arbitraria que el poeta “crea” entre ellas.

 

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