Pedro Salinas: “el poeta del amor”

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Pedro Salinas (Madrid 1892-Boston, 1951)

Profesor universitario, ejerció la docencia en París, Sevilla, Murcia, Cambridge y Madrid. Realizó una gran labor de difusión cultural como secretario general de la Universidad de verano de Santander. Tras la guerra civil se exilió a los Estados Unidos donde murió. Sus primeros libros son Presagios (1923), Seguro Azar (1929) y Fábula y signo (1931) en la línea de la poesía pura a lo Juan Ramón Jiménez.

De su etapa en el exilio son sus libros El contemplado (1946) y Todo más claro (1949). Tras su muerte se publicó Confianza (1955), en cuyos poemas se observan las graves preocupaciones del hombre tras la segunda guerra mundial. Aparece en ellos una lucha entre su fe en la vida y los signos angustiosos que ve a su alrededor. De esta etapa, debe destacarse el poema Cero, suscitado por el horror de la bomba atómica.

“Poeta del amor”

Sus dos obras más famosas, La voz a ti debida (1933) y Razón de amor (1936), le consagran como poeta del amor, dando a este sentimiento una significación intelectual y profunda que es nueva en poesía contemporánea. Para Salinas el amor es, de un lado, fuente de conocimiento que enriquece a quien lo experimenta, y de otro, una fuerza misteriosa que da sentido a nuestra vida y al mundo que nos rodea.

Pocos le igualan en la sutileza con que supo ahondar en el sentimiento amoroso. Una vez más, trasciende la pura anécdota para encontrar la quintaesencia más gozosa de las relaciones amorosas. Su visión es decididamente “antirromántica”: la amada no es la “enemiga”; el amor no es desdenes, sufrimiento, frustración. En Salinas el amor es una prodigiosa fuerza que da plenitud a la vida y confiere sentido al mundo. Es enriquecimiento del propio ser y enriquecimiento de la persona amada. Sólo en el segundo libro, Razón de amor, aparece a veces un tono más grave: así, en ciertos poemas que hablan de los límites del amor o de su posible, acaso inevitable, final.

El alma tenías
tan clara y abierta,
que yo nunca pude
entrarme en tu alma.
Busqué los atajos
angostos, los pasos
altos y difíciles…
A tu alma se iba
por caminos anchos.
Preparé alta escala
—soñaba altos muros
guardándote el alma—
pero el alma tuya
estaba sin guarda
de tapial ni cerca.
Te busqué la puerta
estrecha del alma,
pero no tenía,
de franca que era,
entradas tu alma.
¿En dónde empezaba?
¿Acababa, en dónde?
Me quedé por siempre
sentado en las vagas
lindes de tu alma.

COMENTARIO DE TEXTO

Concepto de la poesía

Como una “aventura hacia lo absoluto” definió Salinas su poesía, añadiendo que estimaba en ella primero la autenticidad, después la belleza y, por último, el ingenio.

La autenticidad resulta en Salinas una prolongación de su  manera de ser y de su inteligencia penetrante y ordenada, es decir de sus valores humanos innegables. El ingenio, una cualidad necesariamente obligatoria en poesía, es heredado por Salinas de nuestros conceptistas barrocos (Gracián, Quevedo) pero teñido de una a alegría de vivir y un entusiasmo muy propio de los “felices años veinte”.

Formalmente, Salinas prefirió el verso corto y libre pero cuidadosamente elaborado, de andadura impecable, y no es difícil encontrar en él la huella de Garcilaso de la Vega, los poetas medievales y, naturalmente, Góngora.

Lorca llamaba a los poemas de Salinas “prosías” por su sencillez y su economía de imágenes. Sin embargo, esta sencillez es sólo aparente y encierra una gran dificultad al suprimir todo elemento verbal superfluo y ceñirse a los sentimientos.

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