SCHOPENHAUER Y GENERACIÓN DEL 98

geneLa reflexión intelectual sobre los grandes temas que preocupan al hombre – el paso del tiempo, el sentido de la vida, el misterio de la muerte, el valor de las creencias religiosas- conduce a la Generación del 98, directamente, a la filosofía. 

Sus miembros leían, no por pura curiosidad intelectual, sino con la esperanza de que en alguna parte, tropezarían con un pensador que los colocaría en el camino de las certidumbres. Desde este punto de vista, lo que la Genenarión de 1898 encontró en la filosofía fue desastrosamente negativo. El pensamiento católico ortodoxo, aun cuando los noventayochistas lo hubieran examinado con seriedad, estaba en plena decadencia; por otra parte, la tradición germánica les enfrentaba al pesimismo sistemático de Shopenhauer quien iba a convertirse en la más indicutible influencia filosófica de la generación.

“A los pocos días de frecuentar el hospital, Andrés se inclinaba a creer que el pesimismo de Schopenhauer era una verdad casi matemática” (El árbol de la ciencia, Pio Baroja)

En los años 90, al tumulto de influencias, se añaden Marx y los teóricos anarquistas, especialmente Kropotkin. Nietzsche, cuya influencia especialmente en Baroja, Azorín y Maeztu debe colocarse en segundo lugar, inmediatamente después de la de Shopenhauer, no fue conocido en España hasta comienzos del nuevo siglo, lo mismo que Bergson.

Lo que pronto descubrió el resto de la Generación fue que, del mismo modo que los escritores filosóficos de la Ilustración habían corroído las bases de la confianza religiosa en el siglo XVIII, la reciente filosofía crítica quebraba los cimientos del absoluto racional. Los logros de la ciencia parecían ofrecer alguna esperanza, que, sin embargo, quedaba matizada por el hecho de que ni los científicos ni los profetas de la mejora social eran capaces de aportar respuestas convincentes a las preguntas más fundamentales sobre el destino del hombre.

Su meta era práctica: hallar una base para la acción. Lo que buscaban era asegurarse de la existencia de un criterio universal de juicio, inmutable, de algún tipo de absoluto ético. Con esta finalidad, adoptaron una actitud hacia la literatura muy distinta de la de los modernistas. El escribir no tenía que ver ante todo con la creación o expresión de la belleza, sino que era un método de investigar la situación existencial del hombre, un medio de acceder a la verdad, con resultados potencialmente válidos. Los noventayochistas no intentaron tanto reflejar o embellecer la realidad, sino explorarla, con la esperanza de iluminar algún recodo que supusiera una respuesta a sus problemas.

(Fuente: Donald Shaw)

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