NIETZSCHE Y GENERACIÓN DEL 98, Carlos Martínez Cava

Dentro del pensamiento y mitología de la Generación del 98 existe una Figura cuya importancia e influencia ha sido de notabilísima importancia, pues introdujo su savia en todas las plumas. Hablamos de Federico Nietzsche.

El genial pensador alemán pertrechó de nervio y de vida a los intelectuales de aquel momento, frente a la laxitud y desidia del pueblo ante uno de los eternos problemas patrios: la corrupción.
Esa corrupción administrativa que parece perseguir la historia de España fue muy acentuada en los finales del pasado siglo; ello produjo en la Generación del 98 un inequívoco desdén hacia la clase política que Azorín, en “La Voluntad”, expuso brillantemente:

“No hay cosa más abyecta que un político: un político es un hombre que se mueve mecánicamente, que pronuncia inconscientemente discursos, que hace promesas sin saber que las hace, que estrecha manos a personas a quienes no conoce, que sonríe siempre con una estúpida sonrisa automática…”

Este desdén por la Política, que con frecuencia se extendía al mismo sistema democrático, es en realidad un rechazo al ambiente de ramplonería y penuria espiritual que ven a su alrededor, traducido frecuentemente en un “cambio de valores” que nos recuerda el postulado nietzscheano de la “transmutación de los valores.”

Nietzsche es, con su filosofía, la más profunda inspiración de la Generación del 98. De él heredaron algunos de los temas que van a constituir referencias constantes y reiteradas de su producción literaria:
— El Eterno Retorno.
— Su actitud religiosa ante el Cristianismo.
— La valoración de la Vida y de la Voluntad frente a la Razón y la Ciencia.
— Sus criterios estéticos y sociales.
— Su Moral de la Fuerza.
— Su defensa y exaltación de la Guerra.
— La predilección por el Super-Hombre, ya sea bajo la figura ganivetiana de Pío Cid, el Cristo-Quijote de Unamuno, el “Caballero de la Hispanidad” de Maeztu, o el César Moncada de Baroja.
Pero será en Pío Baroja donde el pensamiento y la concepción del mundo del pensador alemán arraigue con más fuerza. En 1901 le conoció personalmente, y de sus conversaciones con él, en el Monasterio de El Paular, surgió la novela “Camino de perfección”.

De la obra de Baroja surge un torrente de Fuerza y de Vida que exalta el ánimo del lector que queda inmerso en la luz nórdica que emanan sus pensamientos:

“En el fondo no hay más que un remedio, y un remedio individual: la acción. La acción es todo, la vida, el placer. Convertir la vida estática en vida dinámica; éste es el problema. La lucha siempre, hasta el último momento.”

Es en “César o Nada” donde resume su idea de regeneración patria:

“Este brío español que en sus dos impulsos, espiritual y material, dio nuestro país a la Iglesia —institución no sólo extraña, sino contraria a nosotros—, debía intentar España hoy en beneficio de sí misma. La obra de España debería ser el organizar el individualismo extrarreligioso.
Somos individualistas; por eso, más que una organización democrática, federalista, necesitamos una disciplina férrea de militares.

Planteada esa disciplina, debíamos propagarla por los países afines, sobre todo por Africa. La democracia, la República, el Socialismo, en el fondo no tienen raíz en nuestra tierra. Familias, pueblos, clases se pueden reunir con un pacto; hombres aislados, como somos nosotros, no se reúnen más que por la disciplina.

Además, nosotros no reconocemos prestigios, ni aceptamos con gusto ni rey, ni gran sacerdote, ni gran mago.Lo único que nos convendría es tener un Jefe…para tener el gusto de devorarlo.”

Baroja vió la Cultura como una GUERRA contra la decadencia y la debilidad burguesa. En sus “Divagaciones sobre la cultura” (1920) llega a escribir:

“Los españoles hemos sido grandes en otra época, amamantados por la guerra, por el peligro y por la acción; hoy no lo somos. Mientras no tengamos más ideal que el de una pobre tranquilidad burguesa, seremos insignificantes y mezquinos.

Hay que atraer el rayo, si el rayo purifica; hay que atraer la guerra, el peligro, la acción, y llevarlos a la cultura y a la vida moderna.”

El carácter nietzscheano de Baroja se dibuja con claridad en “Paradox, Rey”:

“La moralidad no es más que la máscara con que se disfraza la debilidad de los instintos. Hombres y pueblos son inmorales cuando son fuertes.”

Otro autor del 98 marcadamente influido por el pensador alemán es Azorín, que desde posturas anarco-libertarias abogó por la desaparición del capitalismo. De ahí evolucionaría a un individualismo favorable a las soluciones políticas de fortaleza histórica.

La corrupción y la decadencia españolas aumentaron esa influencia de Nietzsche, y provocaron, como ha estudiado González Sobejano (6), alegaciones de Fe:

“Fe en la autoridad enérgica y unificadora, contrapuesta al caciquismo y a los desordenes del sistema parlamentario; Fe antigua en Azorín y aumentada al contacto con Nietzsche, en cuyas ideas, con mayor o menor margen de error, hubieran de ver muchos españoles un incentivo para su ideal político.”

Otro español del 98 profundamente influido por Nietzsche es Ramiro de Maeztu. Pero, en general, en todos ellos, hay que señalar la significativa evolución que experimentaron sus pensamientos políticos. La mayoría apuestan de inicio, por el socialismo o por el anarquismo, en su peculiar versión ibérica. Y van evolucionando hacia caminos de fuerte individualismo, aumentando su Fe en soluciones enérgicas, pero sin olvidarse, en ningún momento, de la preocupación social.

(Fuente: http://carlosmartinez-cava.com/)

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