GARCILASO DE LA VEGA (1501-1536). VIDA Y OBRA

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Garcilaso de la Vega nació en una de las más nobles familias españolas, en Toledo y probablemente en 1501. Creció en la Corte. Fue nombrado contino (miembro de la Corte) de Carlos V y la mayor parte del resto de su vida la pasó al servicio del Emperador. Participó en numerosas campañas militares. Se casó en 1925. En 1926 conoció a Isabel Freire, una dama de honor, portuguesa, de la nueva reina Isabel, quien había de ser la inspiradora de su más bella poesía amorosa.

Desterrado a Nápoles por el Emperador, entró en contacto con humanistas de la talla de Juan de Valés, Bernardo Tasso o Pietro Bembo.

No dejó muchos poemas; no cabe duda de que parte de su obra se perdió. La que sobrevivió comprende tres églogas, cinco canciones, dos elegías, una epístola en verso a Boscán, treinta y ocho sonetos y algunas composiciones en metros castellanos tradicionales.

La obra más importante de Garcilaso está compuesta en el nuevo estilo “italiano”. Tanto su estilo como su experiencia fueron enriqueciéndose gradualmente a medida que asimilaba la influencia de los grandes poetas latinos y de  italianos como Petrarca o  Sannazaro.

Las más notables son sus églogas. Se cree que la égloga II es la primera en orden cronológico, y fue empezada probablemente en 1533. Es un largo poema dialogado, de 1.885 versos, y que presenta varios problemas, entre los cuales el más árduo es tan sorprendente como esencial: ¿de qué trata? Aunque es una opinión que multiplica las preguntas en lugar de diminuirlas, Albanio, el pastor enamorado que enloquece de pena, se identifica todavía por algunos con el duque de Alba, amigo y protector de Garcilaso: lo que sería dificilmente aceptable ya que las humillaciones sufridas por Albanio no ofrecen un retrato halagador para un grande de España.

El poema trata de los infortunios del pastor Albanio que, habiendo amado a la pastora Camila desde la infancia, es abandonado por ella cuando él le declara su amor. Al encontrarla de nuevo, intenta retenerla por la fuerza y, cuando ella escapa, él pierde la razón a consecuencia de su excesivo dolor. Intenta suicidarse, pero es reducido y atado por sus compañeros Salicio y Nemoroso. Nemoroso habla a continuación de su propia experiencia del amor y cómo fue curado de un ataque parecido de “amor insano” por el sabio Severo, cuya visión del amor y hazañas guerreras del joven don Fernando de Toledo también relata.

El malestar de Albanio surge de un amor que Camila parece considerar como carnal. Pero el poema no condena el amor humano, sólo aquel que vence la razón, produce discordia e incluso violencia y termina en la infelicidad.

Una de las obras de mayor influencia en la época, Il cortegiano de Castiglione, que Garcilaso admiró y que fue traducida por Boscán a instancia suya, nos describe un ejemplo similar. En el libro IV  de este diálogo tan civilizado sobre el perfecto cortesano, uno de los interlocutores es Pietro Bembo, autor de un tratado neoplatónico sobre el amor, Gli Asolani, cuyas líneas principales sigue en Il cortegiano. Bembo contrasta la serenidad del “espiritual” enamorado platónico con los tormentos del amante sensual. Los hombres jóvenes son fácilmente arrastrados por los sentidos, pero la edad aporta sabiduría, y el sensato cortesano seguirá otra senda.

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En   el sistema neoplatónico el amor, que emana de Dios, une el universo entero. El   amor verdadero en los hombres es un deseo de poseer lo bello y, ya que la   belleza es espiritual por ser un reflejo de la mayor belleza de Dios, el   verdadero amor no se dirige a la unión carnal (o por lo menos no lo toma como   un fin en sí mismo) sino al goce de la belleza espiritual. El amor de un   hombre hacia una mujer es el primer paso en una escala que nos eleva a Dios.

Los rasgos de Albanio pueden ser reconocidos en todo esto. El vocabulario que emplea –“deseo, pena, sufrir, muerte, congoja, tormento” –  le relaciona al instante con el mundo cortés del siglo XV expresado en los cancioneros.

Nemoroso, en cambio, describe el amor como la fuerza generadora y unificadora de la naturaleza. La naturaleza es un espectáculo de amor y de armonía en el cual el amor humano, dirigido a su debido fin, puede encontrar su lugar.

Albanio encarna la psicología del amor cortés. En él Garcilaso parece rechazar no solo un tipo de personalidad sino las tradiciones literarias que lo expresaron.

Aproximadamente por los años 1534-1535 Garcilaso escribió la égloga I en medio del dolor que le produjo la muerte de Isabel Freire al dar a luz. Esta égloga tiene la resonancia de lo auténtico: su patetismo y vehemencia hacen de ella una de las obras más conmovedoras de Garcilaso.

En ella el pastor Silicio se lamenta de la inconstancia de Galatea que le ha abandonado por otro. Es seguido por Nemoroso que llora la muerte de Elisa. El poema empieza al amanecer y termina con la llegada de la noche: un día que marca un ciclo de vida marcado por la tranquilidad de la resignación. Sin duda el poeta expresaba el sentido de su propia vida mediante esa bella ficción poética.

También en su elegía I, compuesta alrededor de 1535 sobre  la muerte del hermano menor del duque de Alba, exhorta a refrenar el dolor. Garcilaso sigue la doctrina estoica de que el espíritu debe aprender a sufrir con fortaleza los accidentes de la fortuna que se encuentran fuera de nuestro dominio.

En 1536 Garcilaso escribió su égloga III, una compleja ficción que requiere de un considerable esfuerzo de imaginación por parte del lector. En ella se describen tres escenas mitológicas de innegable fuerza y belleza que, sin embargo, levan consigo un cierto distanciamiento. Por fin la muerte de Elisa es vista en perspectiva. Ella y el dolor que causa en Nemoroso pertenecen al pasado. Podemos leer el poema completo como una metáfora continuada del recuerdo de pasadas aflicciones que por último vuelven de nuevo bajo las aguas del olvido de donde vinieron.

En los sonetos de Garcilaso, entre los que figuran algunas obras maestras, el desarrollo poético queda claramente trazado. Desde la ligera inhabilidad de algunos de sus poemas primerizos a la madurez emocional y el equilibrio estilístico de sonetos como “En tanto que de rosa y d’azucena” (XXIII). Éste es una reelaboración del “carpe diem” clásico, tema que deriva de la Oda IV, de Horacio, y del “De rosis nascentibus” de Ausonio que contiene los famosos versos que empiezan “Collige, virgo, rosas…”.

En el soneto de Garcilaso el argumento está expuesto con apacible lógica, y cada etapa corresponde a una división del poema: una proposición en cada uno de los cuartetos, la conclusión en el primer terceto,la generalización justificadora en el último. El ritmo pausado no expresa urgencia; el poema es una invitación tranquila a disfrutar de la juventud y de la belleza mientras duran: el temor a la muerte expresada por Góngora en su soneto sobre el mismo tema “Mientras por competir con tu cabello”, está ausente aquí.

La nueva poesía de Garcilaso y Boscán fue aceptada rápidamente por su círculo en la corte y, después de su publicación, por el sector social más culto.  Durante años Boscán y Garcilaso fueron publicados juntos, pero hacia 1570 el deseo de reimprimir a Garcilaso por separado apareció como una necesidad. Había alcanzado ya la categoría de clásico como demuestra las  ediciones separadas de su obra del Brocense en 1574 y de Fernando en Herrera de 1580.

Fuente: adaptación R.O. Jones

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