Poesía barroca: Conceptismo y culteranismo (siglo XVII)

dama de primavera_Vladimir Golub

En la poesía española de los siglos de Oro existe una clara continuidad, pero ciertas tendencias se acentuaron en el curso del tiempo hasta tal punto que gran parte de la poesía del siglo XVII sorprende por sus diferencias con la de Garcilaso y sus inmediatos sucesores. Dos movimientos, en especial, dan dan prueba de esto: el “culteranismo” y el culto a la agudeza, o, para usar un término moderno, el “conceptismo”.

Culteranismo

El culteranismo, un término que se acuñó a principios del siglo XVII, define un estilo de extrema artificiosidad que, en la práctica, equivale a:

  • Prevalencia de la forma sobre el contenido; lo importante no está en lo que se dice, sino en cómo se expresa; el tema es mínimo, lo que cuenta es la belleza formal.
  • Latinización de la sintaxis y del vocabulario. 
  • Los autores se dirigen a los sentidos, se presta especial atención al color, a la luz, al sonido, al tacto…
  • Los recursos expresivos más habituales son: cultismos, hipérboles, hipérbatos, metáforas, perífrasis y encabalgamientos abruptos.
  • Alusiones clásicas y mitológicas.
  • Una dicción poética lo más alejada posible del lenguaje diario.
  • Su principal representante es Góngora.

Los poetas cultos o culteranos del siglo XVII escribieron en un estilo de dificultad deliberada con el fin de excluir a la generalidad de los lectores. Góngora se enorgullecía de resultar oscuro a los no iniciados, tal como escribía en una carta a un corresponsal desconocido, en respuesta a un ataque a sus Soledades:

“Demás que honra me ha causado hacerme escuro (*oscuro) a los ignorantes, que esa es la distinción de los hombres doctos (*cultos), hablar de manera que a ellos les parezca griego…”.

El estilo culterano desarrollado por Góngora llegó a ser una fuerza dominante en la poesía del período, y Góngora mismo se convirtió en objetivo principal de sus detractores. Lope de Vega atacó  a Góngora y a sus imitadores (y Góngora, a su vez, critica mordazmente  su llaneza), pero, como otros, Lope sucumbió también a la irresistible moda culterana. Incluso Quevedo, el más ofensivo acusador de Góngora, no pudo evitar la contaminación del estilo de su enemigo.

Conceptismo

La agudeza -el uso de los conceptos- fue conscientemente cultivada por la mayoría de los escritores del siglo XVI y XVII tanto en prosa como en verso. Sin embargo, no es fácil llegar a una definición que distinga con claridad un concepto de las metáforas y símiles corrientes. Del concepto escribió Gracián que “es un acto que exprime la correspondencia (*relación) que se halla entre las cosas”.

Para la mente del siglo XVII, cuanto más extremados eran los términos relacionados, más satisfactorio era el resultado. Un concepto afirmaba al mismo tiempo una semejanza (mediante lo apropiado de la comparación) y la diferencia (mediante la distancia de las dos cosas o palabras comparadas).  El concepto podía llegar a ser un chiste de lo más banal o algo intencionadamente absurdo.

Detrás de la agudeza había una cosmovisión según la cual, en la Europa medieval y del Renacimiento, el universo era un “sistema de signos”, una especie de libro en el que podía leerse la grandeza de Dios. 

Para aquellos que pensaban de este modo, un concepto podía dar expresión a través de sus analogías a las ocultas afinidades que se extienden por el universo.

En la práctica, equivale a:

  • Prevalecería el contenido sobre la forma; lo importante está en lo que se dice y en poder expresar muchas ideas con pocas palabras, asociando con ingenio distintos conceptos.
  • Utiliza las palabras justas y con sumo rigor, se preocupa por encontrar el término exacto y cargarlo de intención.
  • Los autores se dirigen a la inteligencia, se presta especial atención al sentido de los términos y a la combinación de sus significados.
  • Los recursos expresivos más habituales son: antítesis, paralelismos, paradojas, elipsis, paronomasias, equívocos y juegos de palabras.
  • Sus principales representantes son Quevedo y Gracián.

dama de verano_Vladimir Golub

Generalidades

El contraste, el retorcimiento y la artificiosidad dominan en todos los órdenes. Si la lírica renacentista se caracterizó por la naturalidad y el equilibrio dentro de una actitud contemplativa, de admiración por aquello que amamos (el ideal femenino o el propio Dios), la barroca se distingue por lo contrario. Ya no existen formas ni vías prefijadas, el poeta se encuentra ante una realidad caótica y desarticulada, que exige un esfuerzo de interpretación para comprenderla racionalmente.

Temas y motivos literarios

La poesía barroca se orienta en dos direcciones. 1) Hacia lo exterior, hacia el disfrute de los goces terrenales (carpe diem), que conducen al idilio amoroso, erótico, al placer, a las formas exuberantes; sus motivos cubren un arco muy amplio, que va desde lo más sublime a lo más vulgar: la juventud, la fuerza, el amor, el deseo, el lujo, el capricho, el juego, el vino, la embriaguez, el carnaval, la fortuna, con una serie de símbolos recurrentes: el oro, las piedras preciosas como rubíes y zafiros, los tonos suaves, nacarados, el fuego de la pasión o el hielo de la indiferencia. 2) Hacia lo interior, denunciando la vanidad del mundo (“sic transit gloria mundi“) con formas doloridas, que se centran en el paso del tiempo, la finitud de la vida y la certeza de la muerte; sus motivos predilectos son la decadencia, el pecado, la vejez, la muerte, expresados mediante símbolos como el reloj, las ruinas, las flores, el arte, el sueño, el teatro o el viaje como itinerario del hombre hacia Dios o como exploración interior.

Formas y géneros

Se suelen distinguir hasta cuatro estilos distintos. 1) Una lírica culta basada en el endecasílabo (sonetos), o en su combinación con el heptasílabo (liras y silvas), para tratar temas elevados (amorosos, mitológicos, morales o filosóficos). 2) La poesía en verso castellano (octosílabo): redondillas, quintillas, décimas; muy adecuadas para los juegos conceptistas. 3) El Romancero Nuevo, que incorpora temas moriscos, pastoriles, mitológicos, morales. 4) Canciones de tipo tradicional y popular, letrillas, villancicos y seguidillas, con temas costumbristas, satíricos o religiosos.

Recursos expresivos

Se crea un lenguaje literario que se aparta del usual en todos los niveles. 1) Fónico: cultismos, sobre todo los esdrújulos por su sonoridad (púrpura, aéreo, émulo, cándido). 2) Morfosintáctico: sintaxis latinizante y de gran complicación (hipérbaton, perífrasis, encabalgamiento). 3) Léxico-semántico: vocabulario colorista y sensorial (oro, plata, nácar, cristal, lilio, rosas), neologismos, latinismos, helenismos, derivados sorprendentes (pretenmuela, no llega a pretendiente, archipobre, protomiseria), metáforas audaces, hipérboles, paradojas, antítesis (“ayer naciste y morirás mañana”). 4) Pragmático: citas de otras obras, alusiones mitológicas.

Bibliografía: R.O. Jones, Siglo de oro: prosa y poesía/Cide@d

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