Si eres campana ¿dónde está el badajo?, Quevedo. Notas para el comentario de textos

miriñaque

                                                                                                  

Si eres campana, ¿dónde está el badajo?;
si pirámide andante, vete a Egito
si peonza al revés, trae sobrescrito; 
si pan de azúcar, en Motril te encajo.

 

Si chapitel, ¿qué haces acá abajo?
Si de diciplinante mal contrito
eres el cucurucho y el delito,
llámente los cipreses arrendajo.

 

Si eres punzón, ¿por qué el estuche dejas?
Si cubilete, saca el testimonio;
si eres coroza, encájate en las viejas.

 

Si büida visión de San Antonio,
llámate doña Embudo con guedejas;
si mujer, da esas faldas al demonio.

Vocabulario:

1.-  peonza: juguete de madera con forma de triángulo invertido que se hace bailar.

2.- sobrescrito: lo que se escribía en el sobre o en la parte exterior de un pliego cerrado, para dar la dirección.

3.- pan de azúcar: azúcar congelado y unido en un molde redondo, que va subiendo en disminución hasta el remate. Motril tenía  fama por sus panes de azúcar..

4.- chapitel: remate de las torres o capitel de columna.

5.- diciplinante: persona que se disciplina públicamente en las procesiones de Semana Santa.

6.- contrito: arrepentido por haber ofendido a Dios.

7.- cucurucho : capirote cónico de penitentes y disciplinantes.

8.- arrendajo: imitación, copia imperfecta de algo.

9.- testimonio: prueba, justificación y comprobación de la verdad de una cosa.

10.- coroza: “cierto género de capirote o cucurucho que se pone en la cabeza por castigo”. Los jueces condenaban a las viejas alcahuetas a llevar “corozas” o por otro nombre “mitras”.  En Quevedo abundan las referencias a las viejas “encorozadas”.

11.- büida: aguzada, avivada.

12.- visión de San Antonio: probablemente se refiera a la visión que tuvo San Antonio del niño Jesús y que podría asociarse a la tríada Padre-Hijo-Espíritu Santo que se representa tradicionalmente con forma de triángulo.

13.- guedeja : mechón, porción de pelo.

Notas para el comentario:

Se trata de un poema satírico-burlesco, editado en  El Parnaso español (1648), en que Quevedo critica el uso del guardainfante, muy de moda entre las damas del siglo XVII .

Según el diccionario de  Autoridades, el guardainfante es  «Cierto artificio muy hueco, hecho de alambres con cintas, que se ponían las mujeres en la cintura, y sobre él se ponían la basquiña  (falda)»

El soneto de Quevedo retoma un tema en el que ya se había insistido mucho en periodos anteriores: el artificio en la belleza femenina. La idea de la bondad y hermosura de todo lo natural creado por Dios, así como el ideal platónico de belleza como reflejo de lo divino,  entra en clara contradicción con el uso de afeites y otros artificios a los que eran aficionadas muchas mujeres.

Baste recordar el conocido soneto de Bartolomé Leonardo de Argensola:

Yo os quiero confesar, don Juan, primero,
que aquel blanco y color de doña Elvira
no tiene de ella más, si bien se mira,
que el haberle costado su dinero.

 

Pero tras eso confesaros quiero
que es tanta la beldad de su mentira,
que en vano a competir con ella aspira
belleza igual de rostro verdadero.

 

Mas ¿qué mucho que yo perdido ande
por un engaño tal, pues que sabemos
que nos engaña así Naturaleza?

 

Porque ese cielo azul que todos vemos,
ni es cielo ni es azul. ¡Lástima grande
que no sea verdad tanta belleza!  
  

La virulencia con que Quevedo aborda el tema está en la línea de otros muchos poemas satíricos que dedicó a las mujeres.

Estructura

El soneto está compuesto por catorce versos endecasílabos de rima consonante ABBA, ABBA, CDE, DCE. Como es habitual, los versos se organizan en cuatro estrofas: dos cuartetos  y dos tercetos.

Todo el poema sigue una estructura paralelística:

Con la anáfora “Si”  se plantean una serie de  hipótesis en que se identifica a la mujer con objetos que tienen una forma parecida al guardainfante. Tras la proposición condicional, se formula una pregunta o  una frase imperativa.

Las metáforas insisten siempre en la forma acampanada, de la que surge el cuerpo de la mujer: campana, pirámide, peonza, pan de azúcar, capitel, cucurucho de disciplinante, punzón y estuche, cubilete, coroza, embudo. Sólo en el último verso aparecen los términos reales de todas las metáforas:  mujer y falda.

Hasta el último verso el poeta finge no saber lo que tiene ante los ojos. Su “falsa duda” parece reproducir la desconfianza barroca de la percepción de la realidad a través de los sentidos. Se trata, no obstante, de un puro juego conceptual, de una muestra de agudeza consistente,  en palabras de Gracián, “en exprimir la correspondencia que se halla entre las cosas”.

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