[PDF] Relato de un náufrago, G. García Márquez : Propuesta de lectura EDU.365.CAT con actividades interactivas

relato de un naufrago                                 Clica sobre la imagen

  • Relato de un náufrago (1970) no fue concebido como un texto literario, sino como un reportaje periodístico sobre un hombre, Luis Alejandro Velasco, que sobrevivió a un naufragio y estuvo a la deriva durante diez días en el mar Caribe en una balsa salvavidas.
  • La publicación por entregas del reportaje en el periódico El Espectador, de Bogotá, en 1955, provocó un gran alboroto público, ya que evidenciaba por un lado la existencia de contrabando ilegal en un buque de la armada colombiana, y por otro que este tráfico ilegal fue la verdadera causa de la muerte de siete marineros y del naufragio de Velasco. El reportaje ocasionó problemas políticos a su autor, por los que tuvo que abandonar su país.

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G.G. Márquez ante la demanda judicial de Luis Alejandro Velasco

                 Quince años después de publicado el relato en El Espectador, la editorial Tusquets de Barcelona lo publicó en un libro de pastas doradas, que se vendió como si fuera para comer. Inspirado en un sentimiento de justicia y en mi admiración por el marino heroico, escribí al final del prólogo: «Hay libros que no son de quien los escribe sino de quien los sufre, y éste es uno de ellos. Los derechos de autor, en consecuencia, serán para quien los merece: el compatriota anónimo que debió padecer diez días sin comer ni beber en una balsa para que este libro fuera posible».

                   No fue una frase vana, pues los derechos del libro fueron pagados íntegros a Luis Alejandro Velasco por la editorial Tusquets, por instrucciones mías, durante catorce años. Hasta que el abogado Guillermo Zea Fernández, de Bogotá, lo convenció de que los derechos le pertenecían a él [por ley], a sabiendas de que no eran suyos, sino por una decisión mía en homenaje a su heroísmo, su talento de narrador y su amistad.

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             La demanda contra mí fue presentada en el Juzgado 22 Civil del Circuito de Bogotá. Mi abogado y amigo Alfonso Gómez Méndez dio entonces a la editorial Tusquets la orden de suprimir el párrafo final del prólogo en las ediciones sucesivas y no pagar a Luis Alejandro Velasco ni un céntimo más de los derechos hasta que la justicia decidiera. Así se hizo. Al cabo de un largo debate que incluyó pruebas documentales, testimoniales y técnicas, el juzgado decidió que el único autor de la obra era yo, y no accedió a las peticiones que el abogado de Velasco había pretendido. Por consiguiente, los pagos que se le hicieron hasta entonces por disposición mía no habían tenido como fundamento el reconocimiento del marino como coautor, sino la decisión voluntaria y libre de quien lo escribió. Los derechos de autor, también por disposición mía, fueron donados desde entonces a una fundación docente.

 (Gabriel García Márquez, Vivir para Contarla.)

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