Los personajes en “Luces de bohemia”, de Ramón María del Valle-Inclán

separador florEn una entrevista concedida por Valle-Inclán en 1928 declaraba que “hay tres modos de ver el mundo artística o estéticamente: de rodillas, en pie o levantado en el aire“. Sintetizando, diremos que, cuando el autor mira desde abajo, la realidad aparece enaltecida y los personajes se ven como héroes superiores (así en la epopeya o en la tragedia clásicas). Si se mira al mismo nivel, los personajes son como “nuestros hermanos” (así, en Shakespeare). Por último, si los miramos desde arriba, resultarán como muñecos o peleles: “Los dioses se convierten en personajes de sainete” (esta manera, muy española, es la que reconoce, por ejemplo, en Quevedo). Y concluye: “Esta consideración es la que me movió a dar un cambio en mi literatura y a escribir los esperpentos”.

El dramaturgo Buero Vallejo ha propuesto oportunas matizaciones a tales afirmaciones. Para él, el esperpento de Valle “no es absoluto”. En efecto, “las máscaras deformadoras caen a menudo y descubren rostros de hermanos nuestros que lloran”. En medio de lo esperpéntico puede aparecer una “mirada súbitamente fraterna” que viene a ser el “contrapunto trágico que proporciona densidad a sus grotescas sátiras”.


esperpentoPersonajes y fantoches

Un denso mundillo humano puebla la obra: más de 50 personajes. Algunos de ellos -aparte del protagonista- se inspiran en seres reales (1), pero lo que importa es la función que tales figuras desempeñan en la obra.

De los personajes de Luces de Bohemia dijo Valle: “Son enanos o patizambos que juegan una tragedia.” Para la mayoría de ellos la expresión es justa, y corresponde a aquella mirada “desde arriba”. Sin embargo, hay que recordar las precisiones de Buero: algunos de estos personajes escapan a la condición de papeles y cobran un considerable talla humana. Así, ante todo, Max Estrella; pero también el obrero catalán o la madre del niño muerto.

MAX ESTRELLA es un personaje complejo y espléndido. Dista de ser un personaje noble, pero alcanza momentos de indudable grandeza. En él se mezclan el humor y la queja, la dignidad y la indignidad. Junto a su orgullo, tiene amarga conciencia de su mediocridad. Su resentimiento de fracaso es, a veces, ridículo, a veces, de singular profundidad. Destaca su creciente furia contra la sociedad. Y, al mismo tiempo, su sentimiento de fraternidad hacia los oprimidos o la ternura que muestra ante la muchachita prostituta. Sin duda, es un personaje en quien Valle volcó muchos rasgos de su propia personalidad.

Para la creación de su personaje Max, Valle se inspiró en la figura y en la muerte del novelista Alejandro Sawa. Sawa nació en Sevilla en 1962. Vivió mucho tiempo en París, donde trabajó para la Editorial Garnier. Allí conoció a Victor Hugo y a Verlaine; allí llevó una vida bohemia y allí se casó con una francesa, de la que tuvo una hija (detalles todos que pasan a la obra de Valle). Ya en España, se le vio en los círculos modernistas y fue amigo de Rubén y de Valle-Inclán. Murió miserable, ciego y loco en 1909.

Pero, a partir de esa figura real, Luces de bohemia cobra unas dimensiones que trascienden ampliamente la anécdota de la  muerte y el fracaso de un escritor, en suma, mediocre. La obra va a convertirse en una parábola trágica y grotesca de la imposibilidad de vivir en una España deforme, injusta, opresiva, absurda; una España donde, según él, no encuentran sitio la pureza, la honestidad o el arte noble.

La peregrinación de Max Estrella es un “viaje al fondo de la noche”. Max desciende a los abismos de la ignominia, de la injusticia, de las miserias de toda índole. Y no sabemos si lo mata el frío, el hambre, el alcohol, o su corazón cansado, o si es el dolor por el espectáculo que tiene en torno.

DON LATINO, en cambio, es un gran fantoche. Ese “perro” que acompaña a Max es una caricatura de la bohemia y, a la vez un tipo miserable por su deslealtad y su encanallamiento, tal como se ve, sobre todo, en las últimas escenas.

Los demás fantoches del esperpento forman diversos grupos. Especialmente mordaz es la caricatura de los burgueses (el librero Zaratustra, el tabernero Pica Lagartos, algunos “defensores del orden”) o la de los policías (el capitán Pitito, Serafín el Bonito, los “guindillas”) junto a los que ha de ponerse la caricatura del Ministro. No menos ridiculizados quedan los pedantes como Don Gay, el periodista Don Filiberto,  y, muy especialmente los “epígonos del modernismo” como Dorio de Gádex. Esperpentizados quedan también los personajes populares: la Pisa-Bien (con matices de simpatía), el “Rey de Portugal” o los sepultureros, parodia de los de Hamlet.

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Caso especial serían las figuras de Rubén Darío y Bradomín, contrapunto de vida y literatura refinadas dentro del esperpento.

(Fuente: Vicente Tusón y Fernando Lázaro)

(1) Madame  Collet,  mujer de Sawa,  llamada Santa Juana por su paciencia.

Latino, el desdoblamiento del propio Sawa. Embustero, oportunista, plagiario. La cara más canalla del poeta, que vivía del sablazo y el engaño.

Zaratustra, el librero Gregorio Pueyo, editor de los modernistas y que tuvo su librería entre las calles de Mesoneros Romanos y Jacometrezo. Su caricatura se parece extraordinariamente al real.

Don Gay es el escritor Ciro Bayo.

Dorio de Gades, el escritor modernista Antonio Rey Moliné.

Gálvez es  Pedro Luis de Gálvez,  sonetista  famoso  y  bohemio, sablista consumado, del cual escribió Pío Baroja en su La caverna del humorismo que iba por los cafés con su hijo muerto en una caja pidiendo dinero para enterrarlo, y que vendió a su mujer o se la jugó en una partida de cartas.

El Ministro, es Julio Burell, que fue ministro en 1917.

Basilio Soulinake representa a un emigrado ruso, Ernesto Bark.

Bradomín es el alter ego de Valle Inclán, protagonista de algunas de sus obras.

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