Fray Luis de León, Oda XI- Al licenciado Juan de Grial. Notas para el comentario de textos

 Se trata de la segunda oda dedicada a Juan de Grial, conocido estudioso, editor de las obras de san Isidoro, comentarista de Lucrecio y Virgilio. Impelido por un sentimiento de amistad, Fray Luis se dirige a Grial, compañero y poeta, para describir el cambio de estaciones entre el otoño y el invierno, propicio a los “estudios nobles” (versos 1 a 15), y para exhortarle a desentenderse de las preocupaciones materiales y emprender la subida al monte de las Musas (Monte Parnaso), dejándose llevar por lo que Febo (apodo de Apolo, dios, entre otros aspectos, del sol y de la poesía) “le dicta favorable (versos 16 a 35); en cuyo ascenso, sin embargo, no le acompañará, ya que un “torbellino traidor” ha roto su lira (versos 36 a 40). Margherita Morreale

Recoge ya en el seno
el campo su hermosura, el cielo aoja
con luz triste el ameno
verdor, y hoja a hoja
las cimas de los árboles despoja.

Ya Febo inclina el paso
al resplandor egeo; ya del día
las horas corta escaso;
ya Éolo al mediodía,
soplando espesas nubes nos envía;

ya el ave vengadora
del Íbico (1) navega los nublados
y con voz ronca llora,
y, el yugo al cuello atados,
los bueyes van rompiendo los sembrados.

El tiempo nos convida
a los estudios nobles, y la fama,
Grial, a la subida
del sacro monte llama,
do no podrá subir la postrer llama;

alarga el bien guiado
paso y la cuesta vence y solo gana
la cumbre del collado (2)
y, do más pura mana
la fuente, satisfaz tu ardiente gana;

no cures si el perdido
error admira el oro y va sediento
en pos de un bien fingido,
que no ansí vuela el viento,
cuanto es fugaz y vano aquel contento;

escribe lo que Febo
te dicta favorable, que lo antiguo
iguala y pasa el nuevo
estilo; y, caro (3) amigo,
no esperes que podré atener contigo,

que yo, de un torbellino
traidor acometido y derrocado
del medio del camino
al hondo, el plectro amado
y del vuelo las alas he quebrado.

[1. Poeta lírico griego (S.VI a.c.) Mortalmente herido por unos ladrones, pidió venganza a un grupo de grullas que vio pasar sobre su cabeza. Estas siguieron a los ladrones hasta el teatro. Al verlas, uno de los asesinos del poeta gritó “¡Observad a los vengadores de Íbico!”; y así ellos mismos dieron la pista para su detención por el crimen cometido. La frase “las grullas de Íbico” se convirtió así en un proverbio entre los griegos por el descubrimiento del crimen a través de la intervención divina. 2. collado – cerro, colina. 3. caro – querido, estimado.]

“que yo, de un torbellino
traidor acometido y derrocado
del medio del camino
al hondo, el plectro amado
y del vuelo las alas he quebrado.”

En el momento de escribir el poema Fray Luis se hallaba en prisión. Ciertos profesores que le tenían enemistad lo denunciaron por traducir pasajes de la Biblia al castellano, práctica prohibida por el Concilio de Trento, y por preferir el original hebráico del Antiguo Testamento a la versión oficial latina, cargos por los que el poeta pasó cinco años en las cárceles de la Inquisición. (De Poesía española, Vicens Vives)

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