La novela realista: génesis y evolución

Hacia 1830 puede empezar a hablarse ya, en la Francia de Luís Felipe, de un modelo cultural realista, si bien en pugna con el que es todavía el modelo cultural dominante: el romántico. El realismo, como modelo cultural, surge a partir de una serie de condicionamientos tanto ideológicos como literarios.

 • Así, cabría hablar, de un lado, del cambio revolucionario experimentado por una sociedad en la que una clase social, la burguesía, ha arrancado el poder de manos de otra y se ha instalado en él, convirtiendo en dominante el modelo de producción capitalista.

 • Desde otro punto de vista, el modelo cultural realista se impone en íntima conexión con con la fatiga a la que ha conducido el largo proceso revolucionario y con el desencanto por sus resultados. Este poso de desengaño es ya patente en los autores románticos que lucharon a lo largo de este proceso, pero se acentúa mucho más en los autores realistas. El desengaño se convierte en una fuente de realismo y “las ilusiones perdidas” en leit-motiv de la literatura de la época.

• Desde un punto de vista estrictamente literario puede decirse que que la evolución interna del romanticismo conduce, en su última fase, al realismo. Novelas como Los miserables de Víctor Hugo o buena parte de las novelas históricas de Walter Scott coinciden, en último término, con muchos aspectos de “la novela social” o el cuadro de costumbres que se desarrollará posteriormente. El romanticismo pasa de la evasión del presente en el tiempo (Edad Media) o el espacio (culturas exóticas) a la autoexigencia de análisis de la propia historia y el propio presente.

Una vez impuesto como modelo cultural el realismo, en ningún otro género se manifiesta como en la novela. Románticos y realistas tienen en común esta sensación de que el mundo escapa a la voluntad del hombre y lo domina pero se diferenciaron por su modo de encararse a este problema. Los románticos se sustrajeron refugiándose en su interioridad y el recuerdo histórico mientras que los realistas comprendieron el enfrentamiento individuo-realidad pero lo encararon para conocer las causas. Así aparece ese anhelo de observación del cambio social y de los procesos psicológicos individuales y el profundo análisis de sus relaciones que los realistas llevan a cabo. De este anhelo de analizar, de llegar al por qué, surgirá el carácter cientifista del realismo. Para la novela realista todo obedece a un encadenamiento de causas y efectos ya sean circunstancias físicas y fisiológicas, procesos psíquicos o sociales.

 La comedia humana de Balzac es un ensayo de aplicación del modo de ser zoológico a la sociedad humana; la palabra favorita de Flaubert es “disecar” (en una caricatura de la época aparece en una mesa de disección teniendo en la mano izquierda, sujeto a un cuchillo de disección, el corazón sangrante de Emma Bovary y una lupa en la mano derecha) y Zola pretende hacer sociología. Si el enfrentamiento individuo-realidad estructura la novela del amplio periodo realista, la respuesta al conflicto variará con las distintas fases del movimiento.

• Para la generación de 1830, esto es, la primera generación realista, la respuesta es la necesaria integración del individuo en la sociedad, aún a costa de la renuncia a la satisfacción de sus más puros e íntimos objetivos. Esto es lo que hace posible, pese a su actitud crítica, la integración en el marco de la ideología burguesa de escritores como Balzac. En la suerte del protagonista de Piel de zapa encontramos la misma conclusión: aquel que se aleja de los modelos sociales de vivir, quien se independiza a sí mismo en pacto con extrañas fuerzas sobrenaturales -la piel de zapa no es sino el símbolo del satanismo romántico del yo- se condena a sí mismo al más atroz de los sufrimientos: la estéril soledad. De acuerdo con este planteamiento hay que situar la gran novela rusa del XIX, en especial a Tolstoi y Dostoyevski que encarnan en los protagonistas de novelas como Crimen y castigo, Los hermanos Karamazov, Guerra y paz o Anna Karenina la lucha del individuo problemático contra la realidad, y su final integración en ella, o bien su autodestrucción. Según este planteamiento la lucha no debe conducir a romper los vínculos sociales; más allá de éstos no existe sino la anarquía, la locura, el suicidio o el crimen. Tampoco, sin embargo la vida debe transcurrir como plena aceptación de una realidad esencialmente deteriorada y corrompida: entre el conformismo de Ivan Ilich y la rebeldía apasionada y ciega de Anna Karenina, Tolstoi busca el penoso equilibrio de Pierre Bersukhov en Guerra y Paz.

 

• A partir de 1848 los planteamientos en Francia varían produciéndose una progresiva desvinculación entre el realismo como método de expresión literaria y la burguesía, clase social de la que era expresión. La burguesía ya no puede permitirse el lujo de una autocrítica a fondo que ponga en la picota los valores fundamentales sobre los que se edifica la sociedad del capitalismo liberal. La denuncia de sus injusticias, sus egoísmos y sus contradicciones internas recae ahora en la conciencia de un enemigo cada vez más peligroso y organizado: el proletariado. En el giro que supone el paso del realismo al naturalismo confluyen una serie de circunstancias que tienen como nota común la ruptura de la identificación entre novela “realista” en sentido amplio y novela burguesa. Entre ellas cabe destacar la pérdida de función social del escritor moderno que, si bien en el periodo “ilustrado” y prerromántico había llegado a alcanzar una dignidad de sacerdote, una vez sujeto al modo de producción capitalista se ve cada vez más relegado por las clases dominantes a un papel de mero reproductor ideológico. El distanciamiento del realismo de la ideología burguesa es más visible en pintura que en literatura. Courbet, etiquetado como ”revolucionario peligroso” a partir de 1848, identifica verdad social y artística, arte y política, realismo y socialismo. Su Entierro en Ornans, provocó un gran escándalo en el Salón de 1850, por el feísmo y vulgaridad de sus personajes. Se aplica un formato grande, académico, a una representación de un tema cotidiano: un entierro de pueblo, en el que conviven burgueses y campesinos; el tratamiento es sobrio y sencillo. Su fuerte realismo, vinculado con las ideas socialistas, hacen de ella una pintura revolucionaria.

entierro

Fuente: Juan de Oleza

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