El romanticismo en España. Límites temporales y generacionales

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1. Límites temporales

Entre 1800 y 1814, una serie de traducciones han dado a los españoles la oportunidad de conocer cosas tan románticas como “el mal del siglo”, la belleza del cristianismo y el brumoso medievalismo inglés. Rousseaur era conocido antes de 1800. El “ossianismo” se discute y divulga , se traduce a Chatteaubriand y Werther se podía leer en castellano desde 1803.

No obstante, habrá que esperar a 1814, fecha del inicio de la polémica entre Nicolás Bölh de Faber y Joaquín de Mora, para percibir la aparición de una nueva actitud, de una conciencia de que el mundo clásico se resquebrajaba.

Menos difícil resulta indicar los años gloriosos del movimiento. Van de 1834 a 1844, una década apenas. Lo suficiente para transformar el panorama cultural, también por supuesto el social y político de España. Se inicia con una obra de teatro, La conjuración de Venecia,  de Martínez de la Rosa, y se acaba con otra, Don Juan Tenorio, de Zorrilla. Entre las dos fechas escribe Larra muchos de sus artículos, Espronceda sus poesías, Hartzenbusch y Zorrilla sus mejores dramas, florece el costumbrismo y la novela histórica alcanza un apogeo inusitado; se popularizan los grandes autores extranjeros, Hugo, Dumas, Scott, Byron.

La dificultad surge al querer poner el punto final. ¿ Cuándo acaba el romanticismo? Se dice que La gaviota de Fernán Caballero, marca en 1849 el comienzo del realismo; pero se continúa llamndo románticos a Becquer y Rosalía de Castro que no escriben antes de la década de 1860.

El romanticismo, como ya se ha explicado previamente, es toda una actitud ante los problemas del hombre, de la sociedad, de la cultura. En tal sentido, el romanticismo está vigente desde 1800 hasta hoy. Ya Rubén Darío lo dijo: “¿Quién que es no es romántico?” Y Azorín veía como una unidad la cultura occidental desde 1800 a sus días, como formaron una unidad los tres siglos precedentes. Bajo esta perspectiva es preciso enfocar de modo diferente el realismo que muchos han dado en definir como reacción antirromántica. Nada más lejos de la verdad. El realismo está contenido en el romanticismo inevitablemente. Realismo y romanticismo van unidos: después de todo, el complemento del sueño es la vida real y el del amor ideal, la ironía desencantada.

Únicamente a efectos prácticos, y sin desconocer la imposibilidad de poner lindes rigurosos a la historia literaria, se propone reservar el uso de romanticismo  a un periodo muy definido del siglo XIX, el que va de 1830 a 1850.

Este criterio permitiría distinguir en la historia literaria española del siglo XIX cuatro épocas bien delimitadas:

   El fin del neoclasicismo hasta 1830

   El romanticismo entre 1830 y 1850

   El postromanticismo entre 1850 y 1875

   El realismo entre 1875 y 1898.

2. La generación romántica

Entre los escritores que escribieron sus principales obras entre 1830 y 1850 cabe destacar:

El llamado “grupo de los viejos” que abarca a los  escritores nacidos antes de 1800. A ellos les corresponde  la introducción del movimiento en España. Larra solía referirse a ellos como “los hombres de las Cortes de Cádiz”, responsables en parte de la Constitución de 1812.

Cecilia Bölh de Faber y conservadores como Martínez de la Rosa o progresistas como Ángel de Saavedra, duque de Rivas, entre otros,  pertenecen a este grupo.

Un segundo grupo viene constituído por los que nacen en la década siguiente, entre 1800 y 1810. Reciben todavía una educación clásica (Alberto Lista forma a muchos de ellos en el “buen gusto” y la “moderación”) . Viven de forma decisiva en su juventud la trágica alternancia de liberalismo y represión, siendo el Trienio Liberal y la Ominosa Década su gran experiencia histórica. Algunos emigraron, pero muchos prefirieron quedarse en el país. Sinceramente liberales en su mayoría, llevaron al romanticismo el entusiasmo juvenil y el ardor doctrinario. Destacan de entre ellos Juan Eugenio Hartzenbusch, José de Espronceda y Mariano José de Larra.

Finalmente, existe un tercer grupo que comprende a los nacidos entre 1810 y 1820. Se educan ya en pleno fervor romántico. Figuras como Larra y Espronceda les merecen respeto,  basta recordar con que entusiasmo habla Zorrilla de ambos. Su experiencia historica decisiva es la guerra carlista y las luchas de moderados y progresistas por el poder. Coincidiendo con la tendencia de la sociedad española a un orden estable, buscan un romanticismo menos agresivo, más histórico y tradicional, más conservador en suma.

Los treinta años que separan, por ejemplo,  a Martínez de la Rosa de Zorrilla no fue obstáculo para que , en un tiempo muy concreto entre 1830 y 1850, todos coincidieran en hacer una literatura con ideales y objetivos análogos, pero también diferenciada en los matices.

Fuente  (adaptación) : Ricardo Navas Ruiz, El romanticismo español, Ed. Cátedra.

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