Gustave Flaubert: Biografía y obra

Gustave Flaubert nace en diciembre de 1821 en Ruán, en el mismo sombrío edificio del hospital de la ciudad en el que su padre es cirujano jefe.

A los veintitantos años, cuando empieza a pensar seriamente en qué hará de su vida, una serie de acontecimientos de todo orden le marcan en plena juventud el camino de la soledad y de la dedicación a la literatura. No va a mezclarse con el mundo ni a luchar con él o por él; se apartará de todo – el amor, la política, las ambiciones de fama o de riqueza – para convertirse al ascetismo de la literatura.

Los años cuarenta son para Flaubert los del descubrimiento de su epilepsia – mal de consecuencias decisivas en cuanto a las determinaciones que toma – y los de una doble muerte familiar que le afecta en lo más hondo (en pocos meses mueren inesperadamente su padre y su hermana Carolina, el ser más querido de su niñez y adolescencia).

Son también los años de la revolución del 48, a cuyo estallido asiste en París y que provova en él una profunda decepción. El romanticismo es ya agua pasada y la República del 48 ha acabado nada menos que en un Imperio; es el final triste y cansado de una gran tensión eufórica. Sólo queda encerrarse en sí mismo y buscar a fuerza de constancia la Belleza y la Verdad. Esta va a ser su vocación.

Su infancia y adolescencia no tienen una gran historia. Se gradúa en bachiller y en 1841 se instala en París para estudiar Derecho. En 1844, en el curso de un viaje a Pont-l’Evêque, sufre un síncope que él mismo describió así: “He tenido una congestión cerebral, como si dijéramos un ataque de apoplegía en miniatura, acompañado de trastornos nerviosos“. Mucho se ha especulado sobre esta enfermedad que hoy sabemos con toda certeza que fue epilepsia.

Pronto abandona sus estudios de Derecho, deja París para recluirse en la finca de Croisset, que había comprado su padre, y renuncia a todos sus proyectos para para no pensar más que en la literatura.

Todavía en los años siguientes habrá un curioso intermedio sentimental, con Louise Colet, una poetisa de escaso talento y once años mayor que él,  pero de una gran belleza. En los años que duraron sus relaciones (1846-1848) los dos amantes solo se vieron contadas veces, y sabemos por la correspondencia que el idilio fue a menudo tormentoso.

(Carta de amor de Gustave Flaubert a Louise Colet)

 

Llega la ruptura con la que él llamaba “la Musa” y se produce una nueva crisis de su mal. Como un médico le recomienda un viaje por países cálidos, emprenderá un largo recorrido (1849-1851) en compañía de un amigo por Egipto, Turquía, Palestina, Grecia e Italia. Un episodio de este viaje va a dejar huellas duraderas: sus relaciones con una cortesana egipcia le ocasionarán una sífilis que se supone fue la causa de su muerte.

 En París otra vez es testigo de un gran cambio político , el golpe de Estado de Luis Napoleón; pero se ha lanzado a escribir otra novela, Madame Bovary, a la que consagra todo su interés, con breves paréntesis amorosos que dedica a Louise Colet, con quien vuelve a verse hasta que, cuando ella trata de introducirse en el santuario artístico de Croisset, se produce la ruptura definitiva. En Croisset, donde vive con su madre y su sobrina, trabaja como un forzado en Madame Bovary, que termina en 1856.

En octubre de aquel mismo año empieza a publicarse la obra en “La Revue de Paris”, y como algunas de sus escenas causaron cierto escándalo, el escritor fue procesado por ofensas a la moral; no obstante, en febrero de 1857, tras un resonante proceso, fue absuelto de estas acusaciones, y la publicación de la novela en forma de libro constituyó un enorme éxito. A los treinta y cinco años Flaubert se hacía famoso; es el momento en que empieza a gustar de las mieles de la vida mundana en París y pierde la cabeza por una actriz de veinte años, Jeanne de Tourbey, modelo de Rosanette en La educación sentimental.

Vidas contadas – Jeanne de Tourbey

Madame Bovary es un admirable estudio de la grisura burguesa en el que el antiguo romántico parece corregir sus sueños insensatos de años atrás; más aún castigarse por ellos, eliminando sin piedad todo lo que personal y estéticamente le parece supérfluo y engañoso. Desciende de las alturas de lo sublime hasta la vulgaridad, se recrea en ella, la trabaja como un orfebre y nos cuenta esa historia desolada y ácida de la adultera soñadora ante un horizonte que no admite salvación. Todo es gris y patético, salvo el minucioso y perfecto trabajo de las palabras que lo describen, las palabras redentoras que evitan la asfixia moral del tema.

Flaubert, agobiado y obsesionado por la mezquindad y la sordidez del ambiente que acaba de describir, piensa en dedicar su próxima novela a un asunto completamente distinto. “Siento la necesidad de salirme del mundo moderno“, dirá, y se embarca en la empresa de un aparatoso relato arqueológico sobre la antigua Cartago. Su título, Salambó, nombre de la hija de Amílcar, enamorada en secreto del  jefe de los mercenarios bárbaros. Durante cinco largos años el escritor peleará incansablemente con este tema histórico, documentándose con el rigor de costumbre y emprendiendo incluso un viaje a Túnez de dos meses, en 1858, para visitar el escenario de su obra.

Su salud deja mucho que desear. Aproximadamente cada cuatro meses se repiten las crisis y, a menudo, se siente deprimido. «Pocos adivinarán hasta qué punto he tenido que estar triste para decidirme a resucitar Cartago». Louise Colet publica en 1859 una novela en clave, Él, que contiene un retrato poco halagador de Flaubert, pero el novelista sólo piensa en Salambó, se encierra cada vez más en Croisset para terminar «ese maldito libro», que por fin aparece en 1862.

En París trata habitualmente a muchos escritores y  traba una fuerte amistad con George Sand; asiste a bailes y representaciones teatrales. Es ya un señor corpulento, bastante calvo, de ojos saltones, con un impresionante bigote, muy gruñón y famoso por su cruda manera de hablar. En octubre de 1 864 escribe: “Trabajo desde hace un mes en una novela de costumbres modernas cuya acción transcurre en París”.


Ésta será la más importante de sus obras, La educación sentimental, que en realidad es una refundición de un texto anterior que seguía inédito. El libro le va a llevar otros cinco años, a pesar de que requería muy poca documentación ya que ahora se basaba en experiencias personales. El argumento elegido no es otro que la historia de la pasión que inspiró al joven Flaubert Madame Schlesinger; sin embargo, tras la trama hay la pintura del desencanto de un joven cuyas ilusiones van desapareciendo una a una. La obra, en cierto modo, narra el fracaso de una generación que vive la agonía del romanticismo.

En 1869 La educación sentimental se publica y es recibida de un modo hostil por la prensa, aunque hay en su favor varios artículos muy significativos, entre otros uno de Zola y otro de su amiga George Sand. Van a empezar los años más sombríos de su vida; se siente enfermo, mueren varios de sus amigos más íntimos, se siente desalentado en su trabajo, ahora que reescribe por enésima vez La tentación de san Antonio.

Los primeros años setenta están marcados por su mala salud, el fracaso de un intento teatral, la comedia El candidato (Le Candidat) que tiene que retirarse del cartel después de la cuarta representación y una vez más los agobios de dinero (para ayudar a su sobrina, cuyo marido se había declarado en quiebra, vendió su única propiedad, la granja de Deauville, ya que Croisset había sido legado por su madre a Caroline). Todo conspira contra él, y hasta teme ahora carecer de los medios económicos indispensables que le garantizaban la libertad para escribir.

Los últimos años no tienen historia, o, mejor dicho, son la historia repetida de tantas otras veces: achaques de salud, problemas de dinero, lucha encarnizada con la pluma y el papel. Después de haberse fracturado el peroné en París, en septiembre de 1879 volvió a Croisset, de donde ya no iba a salir vivo.  El ocho de mayo moría repentinamente de una hemorragia cerebral, dejando inconcluso Bouvard y Pécuchet.

Fuente: Carlos Pujol, Doctor en Filosofía y letras por la Universidad de Barcelona

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