Gladiadores: Ave Caesar, los que van a morir te saludan

Recibía el nombre de gladiador quien batallaba con otro, o con una bestia, en los juegos públicos de la Antigua Roma. La teoría más aceptada sobre el origen de este vocablo es que deriva de la palabra Gladius, la espada que utilizaban.

Dependiendo de su manera combatir existían varias clases de gladiadores: mirmillón, tracio, etc. El nombre con el que eran conocidos dependía de las forma cómo iban vestidos (de si llevaban cascos, o de la forma del mismo, escudo, espada o red…) , o incluso la habilidad que poseían para la lucha.

El combate se dividía en varias partes, e iba desde el momento en que atravesaban la ciudad mientras se dirigían al anfiteatro, hasta que se declaraba victorioso uno de los gladiadores y era premiado con palmas, coronas adornadas de cintas y en los tiempos del Imperio una cantidad de dinero.

Pero lo cierto es que gladiador podía ser todo el mundo sin distinción, aunque habría que diferenciar entre aquellos que lo hacían libremente y las personas obligadas a serlo como prisioneros, esclavos, delincuentes y condenados. También podían serlo hombres libres, ex-soldados y hasta el mismísimo Emperador, como lo fueron Calígula y Cómodo (se afirma que este último se atribuyó más de 700 victorias que le proporcionaron una fortuna). Tampoco era raro encontrar mujeres libres como lo demuestra un relieve del Museo Británico, donde aparecen dos gladiadoras famosas llamadas Achilia y Amazona.

ESPARTACO: EL  GLADIADOR ESCLAVO

A estos esclavos se los sometía a un riguroso, constante y brutal entrenamiento físico en el arte de matar. Pero igual de importante era la preparación mental. Se mentalizaban para combatir de una forma determinada y obedecer el código de ética de un gladiador, según el cual se debía luchar con dignidad y, de ser necesario, aceptar la muerte.

Pero estar en una escuela de gladiadores no implicaba necesariamente una sentencia de muerte. Al entrenarlos, el Estado romano les ofrecía la posibilidad de obtener la libertad.

Sin embargo, uno de esos gladiadores eligió otro rumbo para obtener la libertad y se convirtió en una de las mayores amenazas internas en la historia de Roma.

Espartaco y setenta de sus compañeros decidieron fugarse de la escuela de Capua y se refugiaron en los alrededores del monte Vesubio. Pronto se unieron a ellos otros esclavos prófugos y descontentos, y, de súbito, Espartaco se encontró al frente de un vasto ejército rebelde.

Al principio, el Senado romano no le dio importancia a la rebelión y calificó a Espartaco de simple bandolero. Pero cuando infligió sendas derrotas a los dos ejércitos enviados para capturarlo, el Senado entró en pánico.

Mientras tanto Espartaco y su ejército de esclavos se abrían paso hacia el norte rumbo a la frontera con Galia. Su plan era atravesar los Alpes y llegar a un territorio no gobernado por los romanos, para después, quizá, dispersar a su ejército. Sin embargo, sus seguidores le hicieron cambiar de plan, tal vez motivados por la venganza o la codicia. Su deseo era atacar y saquear la rica campiña italiana, por lo que retornaron de los Alpes.

Esta sería una desafortunada decisión. El Senado eligió para enfrentar a Espartaco a Marco Licinio Craso, un taimado político y despiadado hombre de negocios, quien era también uno de los hombres más ricos de Roma.

En el año 71 a. C., Craso parte de Roma al mando de ocho legiones. Aunque Espartaco tenía el doble de soldados, las tropas del comandante romano se encuentran altamente motivadas. Los dos ejercitos por fin se vieron las caras a campo abierto. Si bien combatían con ferocidad, las desordenadas tropas de gladiadores y esclavos no pudieron hacer frente a las disciplinadas legiones de Craso. “Eran tantos los muertos – relata el historiador griego Apiano – que fue imposible contarlos”. Las fuentes antiguas también registran la muerte de Espartaco durante la batalla.

Para asegurarse de que no volviese a ocurrir una revuelta semejante, Craso le lanzó una brutal advertencia a los esclavos de Roma; apresó a seis mil sobrevivientes de la revuelta liderada por Espartaco y los crucificó en la Vía Apia entre Roma y Capua, donde se encontraba la escuela de gladiadores de Espartaco.

 AVE CESAR, LOS QUE VAN A MORIR TE SALUDAN

En el año 52 d. C. un grupo de prisioneros saludó  al emperador Claudio con unas palabras que pasarían a la historia: “Ave César, los que van a morir te saludan”. Claudio menospreció el honorable intento al responderles: “O quizás no”. Los prisioneros tomaron este brusco comentario como una burla y se negaron a combatir.

Con Nerón, el sucesor de Claudio, Roma descubrió una nueva forma de entretenimiento en las ejecuciones en masa de un culto religioso conocido como Cristianismo. Sometió a estos cristianos a una serie de castigos conocidos como “summa supplicia”, pena destinada a los criminales más despiadados.

Los cristianos, a quién Nerón culpaba del incendio que destruyó dos tercios de Roma en el año 64 d. C., soportaron torturas, crucifixiones y hogueras. Pero la forma de ejecución más popular entre las multitudes romanas era el empleo de bestias salvajes. Querían que estas víctimas fuesen ultrajadas y luego vapuleadas hasta hacerlas sangrar. Alguien se encargaba al final de cortarles la garganta.

COLISEO, EL ANFITEATRO DE FLAVIO

En el año 72 d. C., Vespasiano inició la construcción del mayor monumento a la muerte en el vasto Imperio romano, el anfiteatro de Flavio, conocido hoy como el Coliseo.

 Su construcción tomaría ocho años, y se convertiría en el principal anfiteatro para los combates de gladiadores durante los siguientes cuatro siglos. Vespasiano deseaba hacer grandes obras para iniciarse con buen pie en el trono y borrar la imagen que Nerón había dejado tras de sí.

Capaz de albergar unos cincuenta mil espectadores y cubierto por un enorme dosel, el anfiteatro reflejaba en la distribución de sus asientos la estratificación de la sociedad romana. Pero era bajo la arena del anfiteatro donde se creaba la magia. Las subestructuras debajo de la arena eran usadas para efectos especiales, para mostrar escenografías en medio del espectáculo, y para dejar salir animales inusuales en pleno combate. Se buscaba llevar este espectáculo a niveles que no se habían visto hasta el momento. Su elaborada decoración y complejos dispositivos hacían del anfiteatro un goce visual para el público romano, pero este estadio era en realidad una gigantesca maquina para la ejecución pública de animales y personas.

Un día típico de espectáculos en el anfiteatro de Flavio se iniciaba con las “menationes”, la cacería de bestias salvajes. Los “bestiarios”, gladiadores especialmente entrenados, luchaban contra osos, leones y toros. La cacería de bestias salvajes cobró tanta popularidad que se creo una industria que importaba animales nuevos y exóticos para exhibirlos en la arena. De todos los rincones del Imperio se traían tigres y jirafas, antílopes y avestruces, mientras más exóticos los animales mejor y las cantidades eran sorprendentes. Durante las ceremonias de inauguración del anfiteatro de Flavio, en el año 80 d. C., patrocinadas por el emperador Tito, se sacrificaron nueve mil animales durante cien días de celebración. Pero la carne de estos animales no se desperdiciaba, la mayoría se regalaba en sorteos organizados durante las pausas en los días de espectáculo.

Al mediodía se realizaban las ejecuciones de criminales y cristianos. En la tarde, llegaba el momento estelar, las luchas entre gladiadores de élite, el evento principal. Ellos entraban a la arena en medio de una gran procesión donde exhibían sus armas y atuendos ante la bulliciosa multitud.

Los combates individuales eran dirigidos por los “lanistas” , los entrenadores de gladiadores, cuya misión era detener el combate antes de que uno de los gladiadores muriera.

Cuando un gladiador resultaba herido y no podía continuar luchando, le mostraba dos dedos al emperador como una petición de clemencia. Si el gladiador había combatido con gallardía, entonces se le permitía volver a luchar. Los gladiadores pocas veces combatían hasta morir. Un gladiador era un recurso extremadamente valioso, como un caballo de carreras. No se desperdiciarían estos recursos asesinándolos en masa.

Si un gladiador se destacaba por su arrojo, el emperador podía incluso concederle la libertad. Cuando un gladiador obtenía su libertad, se le otorgaba un premio especial: un “rudis”, que era una espada de madera y un recordatorio de sus días de entrenamiento. El “rudis” también era una señal de que nunca más debía empuñar una espada para luchar por su vida.

Si no aceptaba la petición de un gladiador, el emperador indicaba su negativa con un gesto que el mundo moderno ha mal interpretado. El mayor mito sobre los gladiadores es el del pulgar abajo. Ese gesto lo inventó el pintor francés Jerome al traducir la palabra “pollice verso” del latín, que en realidad significa el pulgar arriba. Ese gesto simbolizaba la muerte en el Imperio romano.

Para aquellos condenados a muerte por el emperador, la defunción era inmediata. Para los ganadores la vida podía ser muy dulce. Como recompensa recibían premios en oro y gloria. Algunos gladiadores ganaron cerca de cincuenta combates y se hicieron muy famosos.

Era tanta la pasión de los romanos hacia su sangriento deporte que para el siglo I d. C. la mayoría de los que entraban a la arena como gladiadores no eran esclavos de nacimiento, muchos de ellos eran hombres libres en bancarrota, ex-soldados, mujeres e incluso senadores. Pero sin duda el gladiador más inverosímil en pisar el anfiteatro de Flavio fue el emperador Cómodo.

CÓMODO:  EL EMPERADOR GLADIATOR

 

 Era el hijo del gran emperador Marco Aurelio, un filósofo estoico que despreciaba la violencia en la arena. Pero tal era el entusiasmo de Cómodo por los combates que corría un rumor, según el cual, él era fruto de un romance extramatrimonial entre su madre y un gladiador.

En el año 180 d. C., Cómodo heredó el trono cuando su padre murió víctima de la peste. Pero, a diferencia de su padre, quién controlaba todos los detalles de su Imperio, Cómodo se contentaba con permitir que otros gobernaran mientras él se entretenía planeando venganzas y excesos sexuales.

Parecía que los juegos se hacían poco a poco más impredecibles y polémicos. Al principio se toleraba su crueldad, pero toda Roma quedó estupefacta cuando su emperador saltó a la arena como gladiador. Durante sus doce años de reinado Cómodo participó en setecientos treinta y cinco combates en el anfiteatro de Flavio. Aunque se trataba de combates arreglados en los que nadie trataba de derrotar al emperador.

Cómodo se divertía matando personalmente esclavos, criminales e incapacitados. En uno de los festivales ordenó traer al anfiteatro a todos los hombres que habían perdido sus piernas en guerras o por enfermedad. Ataviado como el mítico héroe Hercules, el emperador asesinó a más de cien hombres con un pesado garrote. Estos hombres sin piernas representaban a gigantes que surgían de la tierra para retar el orden celestial. Cómodo destruía estas amenazas para preservar el status quo y el orden cósmico en el Imperio.

La situación alcanzó el clímax en el año 192, para demostrar su desprecio por el Senado, Cómodo mató a una avestruz en la arena y levantó en alto la cabeza del animal para mostrársela a los senadores en las gradas, sugiriéndoles que podía hacer lo mismo con ellos. Sin embargo, una conspiración dentro del propio palacio dio al traste con los planes del emperador.

La muerte de Cómodo es un momento muy dramático. En el año 193, corría el rumor de que tenía una lista de personas a las que quería ejecutar ante el Senado. Esta lista cayó en manos de su chambelán y de su concubina Marcia, quienes decidieron entonces asesinarlo. Envenenaron su comida y cayó terriblemente enfermo. Pero cuando parecía que se recuperaba, enviaron a un luchador profesional del palacio para que lo estrangulara.

En términos de tamaño y esplendor, los torneos de gladiadores alcanzaron su zenit durante el reinado de Cómodo. No obstante, durante los siguientes doscientos cincuenta años, los emperadores cristianos de Roma demostrarían que también sentían la misma sed de sangre.

 Fuente: EDUCAMADRID

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