Honoré de Balzac vivió acosado por las deudas

En 1836 Balzac ya no sabe cómo librarse de sus acreedores. Cierra la puerta de rue Cassini y hace transportar de noche sus muebles y los libros de más valor a una habitación de la rue des Batailles que había alquilado. No hay oficial de justicia en París que no tenga una orden de embargo contra Honoré de Balzac. Pero ninguno consigue encontrarse cara a cara con él.

En su nuevo escondite de la rue des Batailles existe una escalera secreta por la cual podrá escapar en el caso de que un oficial de justicia consiga llegar hasta la puerta de su morada. Pero llegar hasta la puerta de la morada de Balzac no es fácil. En su deseo de convertir en románticas y legendarias todas las cosas de su vida, inventa un sistema de señales que constantemente se modifican. Sólo quien pueda decir el “ábrete sésamo”  del momento podrá confiar en traspasar las puertas cerradas a cal y canto.

Quien quiera llegar a la misteriosa “viuda Durand”  habrá de decir: “Ha llegado la temporada de las ciruelas”. Únicamente después de haber pronunciado este santo y seña, el cancerbero permitirá al visitante que se introduzca en el portal. Pero esto no es más que la primera prueba. En lo alto de la escalera está el criado de confianza de Balzac, a quien hay que espetar el segundo santo y seña: “La señora Bertrand goza de inmejorable salud”. Es entonces cuando la “viuda Durand”, o sea, Honoré de Balzac, aparece sonriente.

Fuente: Stefan Zweig (Balzac)

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