La “dama negra” de Shakespeare

 

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Apenas has gozado lo desprecias;
Primero, a la razón se lo prefiere
Y más que la razón es luego odiado,
Señuelo que arrastra a la locura.
Es locura el asedio y la conquista,
Los trabajos del antes y el durante,
Es júbilo deseado y triunfo amargo,
Alegría primero, después sueño.

Y sabiéndolo todos nadie sabe
Sortear el cielo que nos da ese infierno.

 

El historiador británico Aubrey Burl asegura haber resuelto uno de los grandes enigmas en torno a la figura de William Shakespeare: la identidad de la Dama Negra, que inspiró algunos de sus más célebres sonetos. Según Burl, miembro de la Sociedad de Anticuarios, la misteriosa dama sería Aline Florio, la esposa de un traductor italiano de la época, ha publicado el diario británico The Times.

Asegura el historiador, que durante años ha investigado la obra de Shakespeare, así como biografías y otros documentos, que creó una lista previa de mujeres que podían ser la dama negra: un ama, una cortesana, alguna bella espectadora de sus obras o la mujer de un fabricante de pelucas. Pero después centró su investigación basándose en pistas sugeridas en los propios textos de Shakespeare que le llevaron a pensar que esa dama estaba «casada, le gustaba la música, tenía hijos, era infiel, le gustaba el sexo y era egocéntrica y egoísta».

Esta «joya», dice Burl, tenía nombre: «la esposa de Florio, de soltera Aline Daniel, que probablemente conoció a Shakespeare en Titchfield, la casa del conde de Southampton. Volvieron a encontrarse en Londres en la casa de Florio en Shoe Lane, cerca de River Fleet». Añade el historiador que traicionaba al tiempo a su marido, a Shakespeare y al propio conde de Southampon. «Era una mujer pagada de sí misma, que amaba para su propia satisfacción y hería y perjudicaba al igual a poetas y condes».

Shakespeare dedicó sus sonetos 127 a 154 a la que se conoce como la dama negra (o dama oscura), y en ellos el dramaturgo habla de una amante bella y misteriosa con el cabello oscuro y ojos negros como cuervos.

ABC CULTURA Día 09/01/2013

La muerte en las “Coplas” de Jorge Manrique

paul-delvaux-apoyo-esqueletos                                                          Paul Delvaux

Cuando Jorge Manrique escribe las Coplas existe ya todo un complejo cultural sobre el tema de la muerte que se ha venido elaborando a través de los tiempos. 

♦La eterna consideración con que comienza el Eclesiastés: “Vanidad de vanidades…, vanidad de vanidades,  todo es vanidad”.

♦El viejo tema, también de origen bíblico, que se resume en la fórmula “Ubi sunt qui ante nos in hoc mundo fuere?” ¿Dónde están los que vivieron antes que nosotros?

♦El sólido arraigo en la literatura medieval del “planto”, o llanto por la desaparición de los seres queridos o admirados, así como también el elogio personal al sujeto ilustre arrebatado por la muerte.

La presencia de la muerte misma como personaje, tema que ofrece numerosos aspectos: la igualación de grandes y chicos ante el supremo trance; el terror producida por la igualadora, pintada con rasgos horripilantes; la danza macabra; la podredumbre de los cuerpos muertos; la intervención de la Fortuna, etc.

La Fama o memoria ejemplar que legan los que pasan a los que quedan, tema también de raigambre clásica que adquiere nuevos y trascendentales vuelos en el prerrenacimiento.

En De contemptu mundi, tratado escrito por el que luego habría de ser Inocencio III, se declara al mundo enemigo del alma, y a la muerte como liberadora para el acceso a la verdadera vida. La consideración nostálgica de que todo pasa y de la muerte como salvación hacia la eternidad predomina durante todo el siglo XIII y crea una actitud de suave resignación y hasta de beatífico gozo. El menosprecio por el mundo se encona en asco ante el ruin espectáculo de la materia putrefacta. El mundo es inmundo, y se presentan en absoluto contraste los dos polos opuestos: la podredumbre de la materia y el halo luminoso de la vita beata.

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La consolidación de la burguesía y el establecimiento de un mundo más cómodo, fuente de placeres que satisfacen los instintos del hombre afincado en la tierra, promoverán en el siglo XIV la protesta contra la muerte que se convertirá en un personaje funesto y truculento, tanto más por ser ineludible. La que antes era salvadora, será ahora verduga, y los poetas, los escultores, los miniaturistas, se cebarán en la pintura de su retrato y la llenarán de escarnio y odio.

Esta muerte, ahora cruel e importuna y que además no distingue de clases sociales, se convierte, como dice Italo Siciliano, “en el personaje más importante de un drama lúgubre que se desarrollaba en escenas innumerables”. 

Jorge Manrique tiene a mano un recrecido caudal poético con el más variado tratamiento del tema. Cierto que las coplas se escriben con ocasión de un hecho conocido: la muerte del maestre don Rodrigo, su padre, por añadidura. Es posible que sin este acontecimiento no se hubiera producido el poema. La presencia del cadáver de su padre, todavía caliente, producirá la conmoción en la que, superando la herida natural del hijo, quedará al desnudo la verdad universal de lo que se va y de lo que queda para ir yéndose, el estremecimiento ante un sentir dolorido de la existencia que está, momento a momento transformándose en esencia. De este modo conseguirá darnos, no una visión histórica y añorante de lo que fue, sino el tremendo escalofrío del fluir permanente, del tiempo que camina y no se detiene. (Fuente adaptada: Jesús-Manuel Alda Tesán)

“Il pleut” – Apollinaire

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Il pleut des voix de femmes comme si elles étaient mortes même dans le souvenir

c’est vous aussi qu’il pleut merveilleuses rencontres de ma vie ô gouttelettes

et ces nuages cabrés se prennent à hennir tout un univers de villes auriculaires

écoute s’il pleut tandis que le regret et le dédain pleurent une ancienne musique

écoute tomber les liens qui te retiennent en haut et en bas

 

Donde aprenden a volar las gaviotas, Ana Alcolea (guía de lectura)

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Un verano,  un viaje, el inglés, la ausencia de padres,  una  edad  de confín:  estamos ante un libro  que cuenta  los avatares  de un rito  de paso.  Los padres  se proponen que  mejore  el inglés  de  su  hijo  Arturo,  adolescente «martirizado» por  su evocador   nombre   y   por   el  de  su  hermana Morgana. Humildes   expectativas para  un  chico de quince  años que  realiza  un viaje tan prometedor a un país de paisaje exótico  como  Noruega.  Arturo,   Erik  y Karin, espoleados  por  el descubrimiento accidental  de una caja metálica enterrada en el jardín, comienzan una investigación de resultados impredecibles.

 

Sumergidos  en la luz inextinguible del verano  boreal,  viajan a través de un paisaje motivo de continuas y emocionantes sorpresas: la grandiosidad de los fiordos; los viejos modos  de vida en las cabañas  de la montaña y en las de los viejos puertos pesqueros, dedicados  al bacalao; las carreteras interrumpidas y los transbordadores  de un paisaje donde  una naturaleza casi virgen  mantiene una presencia rotunda y hermosa.  (Anaya)

Microcuento: “Azul”

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Miguel se dirigía a ella en un vaivén relajado que acabó por desviar la atención de la conversación, así que Sonia, sin quererlo, se fijó en sus ojos y casi de inmediato se sumergió en un mar extenso y luminoso como la parte inferior de una llama. Notó que su iris se agitaba despacio como el oleaje y creyó que aquel color era tan intenso porque Miguel examinaba el universo durante horas a través de un telescopio: le dio la sensación de que el cielo había encontrado la manera de filtrarse por los cristales hasta llegar a lo más profundo de sus ojos. Al observarlos con más atención descubrió nubes bajas alrededor de las pupilas, e incluso un relámpago atravesando de vez en cuando aquella mancha opaca en el firmamento que abría el paso a la oscuridad del mundo para adentrarse en la Tierra durante la noche. Una red de estrellas palpitantes salvaba el vacío. Cada una de ellas compartía su brillo con las demás en un sistema circulatorio que desde lejos, como las venas a través de la piel, aparecía también de un tono azulado. Era el color del principio y del fin de los tiempos, el color del vacío y del infinito: atemporal, eterno.

– Así que ¿qué te parece?

Sonia seguía escuchando el latido del mundo, hundida para siempre en sus ojos, así que no prestó atención a lo que él le preguntaba. Sin embargo, contestó:

– Bien; está perfectamente bien.

 

 Autora: Clara Sarrià