LAS PROPIEDADES DEL TEXTO

adecuacuón

flor34La adecuación

Un texto debe ser adecuado, es decir, debe tener las características de estilo y vocabulario que lo hagan más efectivo desde el punto de vista comunicativo.

Veamos unos ejemplos: Durante una cena familiar el texto adecuado puede ser:

¿Me pasas la sal?, por favor.

Sin embargo el texto:

Desearía que Vd. trasladara el recipiente de cloruro sódico hacia este lugar.

es claramente inadecuado, pues utiliza un lenguaje excesivamente formal y un vocabulario científico. Los textos deben adaptarse a cada situación concreta de comunicación mediante el uso correcto de un vocabulario y una sintaxis adecuados.

Para que el texto sea adecuado debemos tener en cuenta:

►qué destinatario lo va a leer o escuchar

►qué registro usar: formal o informal;

►qué tipo de discurso emplear: argumentación, exposición, narración, descripción.

 

flor34La coherencia

Un texto debe ser coherente, es decir, debe estar estructurado de tal modo que las ideas transmitidas por sus unidades no sean contradictorias e incoherentes.

Es contradictorio aquello que lleva al receptor del texto a la confusión, creando un conflicto lógico que dificulta o hace inviable la comprensión del texto. Por ejemplo imagina un librillo de instrucciones que dijera:

1°- Antes de abrir la tapa, cierre la tapa e inserte las baterías antes de operar el aparato.

2°- Si no opera el aparato antes de insertar las baterías no será posible abrir la tapa.

Como puedes observar este texto es incoherente, pues las instrucciones están en conflicto. Los párrafos y frases deben seguir un orden lógico, presentando la información nueva en un orden lógico y estructurado. Por ejemplo, unas instrucciones lógicas podrían ser:

1° – Abra el compartimento de las baterías.

2°- Inserte las baterías comprobando la polaridad.

3°- Encienda el aparato.

La coherencia depende también del conocimiento de la realidad que comparten el receptor y el emisor del texto. Por ejemplo la frase: El avión masticaba furioso los rojos dolores, es incoherente, pues nuestro conocimiento de la realidad nos hace saber que el dolor no tiene color ni los aviones dientes. Sin embargo el siguiente texto, sí es coherente, pues se trata de un cuento infantil donde la fantasía permite párrafos como éste:

Es un barco mágico. Por las noches le nacen alas, abandona el fondo del mar y se pasea por el cielo estrellado. Esa noche el pulpo y la botella viajan en el barco hasta una estrella. Luego regresan al mar y la botella sigue su camino.

(La botella que visitó una estrella. Ángel Esteban, ed. Bruño 1996)

En este caso su coherencia radica en que se avanza en la información: un barco mágico al que nacen alas para pasear por el cielo y en el que viajan el pulpo y la botella hasta una estrella; está ordenada en párrafos que mantienen relación entre sí y se estructura en párrafos de acuerdo con lo que se espera en un texto narrativo—presentación, nudo y desenlace—. Por otra parte no se presentan contradicciones que confundan al destinatario, aunque la fantasía sea un aspecto primordial. Y lo más interesante, el conocimiento de la realidad nos hace saber que en un cuento infantil encontramos este tipo de juegos fantásticos.

flor34La cohesión

Un texto está cohesionado cuando las unidades que lo componen mantienen relaciones. Para mantener relaciones se utilizan palabras que colocadas estratégicamente nos permiten comprender la información que se proporciona en el texto. En definitiva, si las oraciones no están correctamente relacionadas no cumpliremos con la función comunicativa que el texto tiene.

En el texto Jorge está enfermo. Juega muy mal al tenis, nos encontramos con un texto en el que sabemos de quién estamos hablando, pero no encontramos relación entre ambas informaciones. Para establecer relaciones necesitaremos conectarlos, por ejemplo: Jorge está enfermo. Por eso juega mal al tenis. Ahora los elementos mantienen una relación. Hemos establecido una relación mediante las palabras “por eso”. La causa del mal juego es la enfermedad de Jorge.

La cohesión del texto se mantiene por la presencia de palabras que ayudan a la relación entre los elementos del texto. Esas relaciones se obtienen con procedimientos léxicos y semánticos, además de procedimientos gramaticales.

Procedimientos de cohesión de textos

  1. Procedimientos léxicos y semánticos

Repeticiones o recurrencias: repetir palabras permite mantener la cohesión, o lo que es lo mismo, le damos al destinatario indicaciones para que sepa en todo momento la información a la que hacemos mención. Las repeticiones tienen que aportar información añadida. Por ejemplo, no cohesiona el texto repetir información:

Jorge está enfermo y está enfermo.

Pero sí se presenta nueva información haciendo uso de la sinonimia:

Jorge está enfermo. Por esta enfermedad juega mal al tenis.

En este caso, repetimos la información usando el vocablo “enfermedad”. Repitiendo la información obtenemos un texto cohesionado.

  1. Procedimientos gramaticales

Otro modo de mantener la cohesión del texto es utilizar vocablos que sustituyan los utilizados anteriormente. Al respecto podemos hacer uso de elementos deícticos y anafóricos como:

►los pronombres demostrativos—eso, éste..

Ejemplo en el que el pronombre “eso” hace mención a la oración empleada previamente.

► pronombres personales—yo, tú—etc.

►adverbios y locuciones adverbiales de lugar o de tiempo—así, antes, ahora, aquí, ahí—:

Ejemplo: Candeleda es un hermoso pueblo que descansa en la falda de Gredos.  Allí se cultiva el pimiento que da picantes frutos que animan el gusto y alegran los alimentos.

El adverbio “allí” mantiene unidas ambas oraciones haciendo referencia a un término aparecido en la frase anterior: “Candeleda”.

►También son anafóricos

los pronombres posesivos—mío, tuyo—,

los indefinidos—alguno, ninguno—,

los personales de tercera persona—le, lo, se—,

los relativos—quien, lo cual—;

los determinantes demostrativos, los artículos—el, la, lo—,

los posesivos—mi, tu, su—,

que permiten hacer referencia a términos previos y además evitar la repetición.

En ocasiones se fuerza al destinatario a sobrentender términos mediante elipsis: Mi hermana lo intentará la primera. Considera que puede ganar sin apoyo. En donde se evita o elide el pronombre “ella” que se refiere a “mi hermana”.

  1. Los conectores

Pero uno de los elementos más productivos para la coherencia es el empleo de conectores textuales.

Se emplean ciertas piezas lingüísticas para que el destinatario conozca las relaciones entre los elementos que componen el texto. Por otra parte, los conectores no son obligatorios, simplemente ayudan a seguir la información distribuida en el texto y dependen del tipo de texto usado por lo que deben usarse con sobriedad. De ellos podemos mencionar:

Conectores de comienzo: pues, bueno, para empezar, en relación con, para comenzar, etc.

Conectores de cierre: y punto, en definitiva, para concluir, por último, en definitiva, etc.

Conectores de orden: en primer lugar, en segundo lugar, para finalizar, primero, segundo, en fin, etc.

Conectores de causa: así que, así pues, por lo cual, por eso, por ello, etc.

Conectores temporales: antes, después, entonces, más tarde, etc.

Conectores espaciales: abajo, arriba, aquí, allí, etc.

Conectores de resumen: en resumen, en conclusión, resumiendo, en total, hasta aquí, etc.

Conectores de adición: además, incluso, también, por otra parte, etc.

Conectores de ejemplificación: por ejemplo, así, pongamos por caso, etc.

Conectores de conclusión: en conclusión, en consecuencia, total, etc.

Conectores de condición: si, a condición de que, con tal que, etc.

(Material extraído de Enseñanza Digital a Distancia ed@d 3º ESO  http://recursostic.educacion.es/secundaria/edad/index_lengua.htm)

Webs de consulta y actividades: 

 

http://didactalia.net/comunidad/materialeducativo/recurso/el-texto-y-sus-propiedades/0f1d052c-ab3e-42d0-b97d-9842fae7801c

http://pre-texto.wikispaces.com/Adecuaci%C3%B3n,+coherencia+y+cohesi%C3%B3n

http://tranquilacion.wordpress.com/2013/07/07/propiedades-textuales-2-la-adecuacion/

“El viaje definitivo”, Juan Ramón Jiménez. Comentario de texto

 

… Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
cantando;
y se quedará mi huerto, con su verde árbol,
y con su pozo blanco.

Todas las tardes, el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado,
mi espíritu errará nostáljico…

Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido…
Y se quedarán los pájaros cantando.

 

COMENTARIO DE TEXTO

Grandes ilustradores de cuentos (Lacombe, Caesar, Ceccoli, Ryden)

Benjamín Lacombe

Benjamín Lacombe es un ilustrador y autor francés.

 

 

 Ray Caesar

“Nací en Londres, Inglaterra, el 26 de octubre de 1958, siendo el más joven de cuatro hermanos y para gran sorpresa de mi padre, nací perro. Este acontecimiento desafortunado pronto fue aceptado por mi familia, y nunca ha sido mencionado otra vez en presencia de educadas compañías. Tuve una juventud estrepitosa, como era natural en mi raza, pero demostré un gran interés por las Artes y dibujé cuadros incesantemente en cualquier cosa, incluyendo paredes y suelos de cualquier sitio de nuestra pequeña casa. Después de ciertos apuros con vecinos intolerantes, convencieron a mi familia para trasladarse a Canadá, y no pasó mucho tiempo para que la ciudad de Toronto se convirtiese en nuestro nuevo hogar. Ahora vivo en una casa de ladrillo con mi maravillosa esposa Jane, y un coyote llamado Bonnie. Me gusta comer aguacates y ya no me importa realmente ser un perro.” (Ray Caesar)

 

 Nicoletta Cecolli

Nicoletta Cecolli es una ilustradora italiana de libros infantiles. En 2001 fue galardonada con el premio Andersen a la mejor ilustradora del año. 
También es cuatro veces ganadora del Premio a la Excelencia de la comunicación Arts.En 2006 recibió la medalla de plata de la Sociedad Illustrator de Nueva York.

 

 Mark Ryden

Mark Ryden (20 de enero de 1963 , Oregón, EEUU). Pintor estadounidense casado con la artista  Marion Peck.              

 

 

WEB de Benjamin Lacombe

WEB de Ray Caesar

WEB de Nicoletta Ceccoli

 WEB de Mark Ryden

La otra sentimentalidad, Luis García Montero

agata

El viejo oficio de la literatura se ha basado siempre en la fascinación. Muchos son sus recursos. La poesía quizá, su mejor truco; ese que nunca falla. Algo así como la última copa en una de esas noches en las que uno no acaba de irse. Poeta y lector se reconfortan llorando la resaca de sus propias lágrimas, sin atreverse a poner en duda los poemas, evidentes y fieles, como hermosos actos de complicidad. Y eso siempre da resultado (o al menos así nos lo enseñaron), porque cuando alguien hace referencia a la poesía, alguien se pone a hablar de sí mismo.

¿Y tú me lo preguntas? Poesía soy yo. Es la verdadera respuesta que ha permanecido latente en la historia de nuestra literatura; lo demás nos lo han repetido con demasiada frecuencia: la poesía es confesión directa de los agobiados sentimientos, expresión literal de las esencias más ocultas del sujeto. Por ello todas sus afirmaciones se hacen rápidamente generales y se citan con la seguridad del que se sabe en un género donde no es posible la mentira. Es ésta una verdad familiar, aprendida en las mesas camilla, que se nos presenta franca y aleccionadora como el sentido común. Será por eso por lo que debemos empezar a sospechar: todos los estafadores traen consigo la dulce sonrisa de la caridad.

Dentro de la literatura española fue Garcilaso el primero que hizo de su intimidad una aventura definitiva. Frente a la servidumbre feudal de la Edad Media, la burguesía incipiente ofreció una subjetividad desacralizada, capaz de autodefinirse, dependiente sólo de sus propios sentimientos. Más allá de la interpretación teológica, más allá del vasallaje aparecía una moral distinta, con sus propias necesidades. Y la poesía jugó un papel decisivo en la delimitación de esa nueva humanidad laica: de ahí su primer carácter revolucionario y la definición que posteriormente ha mantenido en cuanto género.

Pero las cosas cambian, ya se sabe, al ritmo de la historia. En una sociedad fuertemente industrializada no existe un lugar cómodo para los asuntos gratuitos, es decir, para las prácticas que no tienen una utilidad inmediata. Dentro de las ciudades modernas los poetas se han visto abocados al ruidoso carnaval de la marginación, construyendo con su propia miseria su grandeza. Gentes extrañas, ciudadanos al margen del utilitarismo social del lenguaje, los poetas apostaron por sus peculiaridades, haciendo de la literatura un ideal de vida, y en consecuencia, del vitalismo, una de las características fundamentales de la poesía moderna.

Así, respetando la mitología tradicional del género (lo poético como el lenguaje de la sinceridad), surgieron dos caminos aparentemente muy diferenciados, pero que son en realidad las dos cabezas de un mismo dragón: la intimidad y la experiencia, la estilización de la vida o la cotidianización de la poesía. Unas veces el sagrado pozo del poeta sale a la luz en sílabas contadas; otras, es la vida diaria —esta inquilina embarazosa— la que se hace poema. Y siempre como telón de fondo la vieja sensibilidad, que se ofrece a la literatura o que recibe su visita, abandonada a la azarosa fortuna de la inspiración.

Pero si olvidamos los encantos de la ingenuidad como base de la actitud crítica, si escogemos una postura inquisidora que levante la cabeza por encima de los mitos, del sentido común y de sus falsas evidencias, comprenderemos que el poema es también una puesta en escena, un pequeño teatro para un solo espectador que necesita de sus propias reglas, de sus propios trucos en las representaciones. La fundación mítica del yo sensible, cimiento de la moral burguesa, utiliza la poesía para reproducirse precisamente por su irrealidad.

En un poema siempre hay muchas más cosas que la originalidad de un poeta, aunque éste no sea consciente de ello. Nunca una mentira se ha repetido tanto y con tanta sinceridad.

Sin embargo, cuando se acepta el distanciamiento como método de trabajo el poema deja de ser la respuesta sensible a una motivación empírica (o al menos deja de ser sólo eso). Para darse totalmente a un discurso, para imprimirle un sentido nuevo hay que verlo primero desde lejos. Y esto es importante, casi definitivo, puesto que sólo cuando uno descubre que la poesía es mentira —en el sentido más teatral del término—, puede empezar a escribirla de verdad. Mientras tanto es excesiva la servidumbre que nos impone.

Veamos pues: en principio es preciso aceptar que la literatura es una actividad deformante, y el arte de hacer versos, un hermoso simulacro. Lo dijo Diderot: «Detrás de cada poesía hay un embuste». Más recientemente lo poetizó Gil de Biedma en un texto imprescindible, El juego de hacer versos. No nos preexiste ninguna verdad pura (o impura) que expresar. Es necesario inventarla, volverla a conformar en la memoria.

Y de ahí su importancia histórica, su nueva importancia. Cuando la poesía olvida el fantasma de los sentimientos propios se convierte en un instrumento objetivo para analizarlos (quiero decir, para empezar a conocerlos). Entonces es posible romper con los afectos, volver sobre los lugares sagrados como si fueran simples escenarios, utilizar sus símbolos hasta convertirlos en metáforas de nuestra historia.

Pero no simplemente eso. Romper la identificación con la sensibilidad que hemos heredado significa también participar en el intento de construir una sentimentalidad distinta, libre de prejuicios, exterior a la disciplina burguesa de la vida. Como decía Machado, es imposible que exista una poesía nueva sin que exprese definitivamente una nueva moral, ya sin provisionalidad ninguna. Y no importa que los poemas sean de tema político, personal o erótico, si la política, la subjetividad o el erotismo se piensan de forma diferente. Porque el futuro no está en los trajes espaciales ni en los milagros mágicos de la ficción científica, sino en la fórmula que acabe con nuestras propias miserias. Este cansado mundo finisecular necesita otra sentimentalidad distinta con la que abordar la vida. Y en este sentido la ternura puede ser también una forma de rebeldía.

Javier Egea, Álvaro Salvador y Luis García Montero, La otra sentimentalidad, Granada, Don Quijote, 1983, pp. 9-15.

“Por tu amor me duele el aire”, Federico García Lorca

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¡Ay qué trabajo me cuesta

quererte como te quiero!

Por tu amor me duele el aire,

el corazón y el sombrero.

 ¿Quién me compraría a mí

este cintillo que tengo

y esta tristeza de hilo

blanco, para hacer pañuelos?

 

La mar no tiene naranjas,

ni Sevilla tiene amor.

Morena, qué luz de fuego.

Préstame tu quitasol.

 Me pondrá la cara verde,

—zumo de lima y limón—,

tus palabras, —pececillos—

nadarán alrededor.